martes, 29 de septiembre de 2009

El Agente: Archivo #009 - Lost in her eyes


Kevin guardó la carta en el sobre, y el sobre en la caja. Una vez que la cerró, vio a Helen, observándolo, apoyada en una pared, aprovechando la sombra que arrojaba un alero de la nave abandonada. Sonreía ligeramente, como con una picarona curiosidad, casi como si pudiera leerle la mente, y le pareciera tremendamente divertido. Kevin dejó la caja sobre el coche, y se acercó a ella.
-Aún tengo que darte las gracias. Si no fuese por tí, no habría podido conseguirlo.
Helen sonrió un poco más, y siguió observándolo, divertida.
>>De hecho, creo que te mereces un agradecimiento en toda regla.
Kevin la tomó entre sus brazos, y ambos se besaron apasionadamente. Al mismo ritmo que perdió la cuenta de los besos y caricias que siguieron, perdió la cuenta del tiempo que pasaba. Así que, cuanto todo terminó, se encontró a sí mismo abrazado a ella, sentados a la sombra del edificio, que se había alargado ya varios metros, y comenzaba a fundirse con los claroscuros de los últimos momentos del día.
Durante un rato, ninguno de los dos dijo nada. Kevin pensaba en qué clase de fuerza hacía que se sintiera atraído, y a la vez manejado como una marioneta por aquella mujer. Helen, por su parte, pensaba en que pronto tendrían que separarse, y que probablemente nunca volvería a verlo. Y odiaba eso. Sin embargo, algo más fuerte que ella la impulsó a hablar.
-Entonces, no me vas a decir lo que hay en la caja, ¿verdad?
Sólo en ese momento, Kevin pensó en lo solo que estaba ante la tarea que se le presentaba ante él. Una pesada carga, que podía compartir. Que quería compartir. Sin embargo, no sabía si Helen sería la persona más adecuada. Al fin y al cabo, no pertenecía a la Corporación. Pero una voz interior contradijo su propio argumento: eso la hacía la candidata perfecta. Sin lazos que la ataran, podía desligarse de él, y desaparecer, si las cosas se ponían complicadas. Y mientras tanto, su apoyo podía ser muy valioso.
-Helen, puedo decirte lo que hay en la caja, pero tendrás que prometerme algo. Necesito saber si puedo confiar en tí. No sólo porque el contenido tenga cierto carácter personal, sino porque no quiero ponerte en peligro.
Ella asintió con severidad. Lo miró directamente, y dijo:
-Puedes confiar en mí.
Kevin sostuvo su mirada. Y se perdió en ella. Cuando volvió, le enseñó la carta.