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miércoles, 22 de mayo de 2013

El Jefe



Ayer, mientras dedicaba un rato a ver algo de televisión, me tropecé con un programa que me llamó poderosamente la atención. No fue precisamente por algo bueno, sino por lo contrario. Dentro de la mucha telebasura que se emite, este programa tiene el dudoso honor de ser una infame obra de maléfica propaganda neoliberal.

Este programa se llama El Jefe y se emite en el canal Xplora (del grupo A3TV). Se trata de un "reality show" en el cual un alto directivo de una compañía se infiltra como empleado de base y debe trabajar en la misma para detectar cuáles son los problemas a los que se enfrentan los trabajadores, sensibilizarse con los mismos y poder encontrarles una solución. Al final del programa, el directivo se muestra con su identidad real y tiene una serie de careos con sus "ex-compañeros" para comunicarles sus impresiones y mostrarles cómo va a arreglar los problemas personales y colectivos que tienen en su trabajo.

Tal y como lo explico, el programa parece una estupenda forma de defender los derechos de los trabajadores, ¿no? Para nada. Me explico.

Lo primero que me ha llamado la atención al ver el programa y que me parece muy sospechoso es que todos los trabajadores que aparecen han sido víctimas de vidas atormentadas y llenas de desgracia: desde el camarero homosexual y afroamericano que fue mendigo tras haber sido expulsado de casa por su condición sexual, a la tendera epiléptica que no puede costearse un tratamiento, pasando por el anciano que perdió su casa y todo lo que tenía a causa de un huracán y hubo de ponerse a trabajar viviendo como autoestopista entre tanto. Todos ellos podrían ser personajes de una novela de Camilo José Cela, si  todavía estuviera entre nosotros.

Otro aspecto que me ha sorprendido negativamente es que las desgracias de esta gente no tendrían por qué ser solucionadas por una empresa, sino que deberían ser responsabilidad del Estado si existiese alguna clase de Estado de bienestar. Si en EEUU existiese sanidad pública, una política de integración de los colectivos en peligro de caer en la pobreza y en definitiva, una red de seguridad que impida que al menor revés la población se caiga por el barranco (en sentido figurado), esta gente no necesitaría ayuda alguna. Quizá si puede concederse algún mérito al programa, sea mostrar esta realidad.

Finalmente, el aspecto más nefasto del programa es que todos los problemas de esta gente son solucionados con dinero. El directivo usa sus contactos y con un pase mágico de talonario encuentra arreglo a todo a base de soltar algunos miles de dólares. Especialmente sangrante me pareció el caso de la chica epiléptica, porque le dan veinte mil dólares para tratarse, pero ¿qué va hacer cuando se le acabe el dinero? ¿Por qué no incluyen su enfermedad en el seguro médico de la empresa? La respuesta es que seguramente ese seguro médico no existe y si es así, el cretino del director de la empresa que fue al programa no tiene la más mínima intención de mejorar las condiciones de sus trabajadores. Su única intención es la de quedar bien ante las cámaras con su generosa limosna.

Mi conclusión es que este programa es pura propaganda del neoliberalismo, que pretende ensalzar la imagen de empresas que explotan a sus trabajadores mediante u a bonita y tierna campaña de imagen que haga creer a los televidentes que todo problema tiene solución si uno lucha en conseguir la atención de los oligarcas para que altruistamente donen su dinero. Constituye una defensa a ultranza de uno de los pilares de la ideología neoliberal, el pensamiento positivo. En el futuro dedicaré una entrada para hablar en profundidad del mismo, con ocasión de la reseña del libro Sonríe o muere.

miércoles, 5 de mayo de 2010

Füssen, el hogar de un monarca delirante


Érase una vez un monarca que no amaba su época Aquel hombre, que se creía elegido por Dios para gobernar, soñaba con historias de caballeros y grandes hazañas. Y puesto que era rey, mandó construir un castillo en el que tales hazañas tuvieran lugar... o al menos, en el que fueran recordadas. Ese lugar es Neuschwanstein, el mayor de los tres castillos construidos por Ludwig II de Baviera, último rey de ese país. Difícilmente podría aceptar a alguien que gastaba el dinero de su pueblo en semejantes excentricidades como la construcción de castillos medievales en una época en que los automóviles comenzaban a hacerse populares, y los primeros teléfonos también estaban en funcionamiento. De hecho, sorprende cómo el castillo está dotado de grandes avances de la técnica para el momento: ventanas de aluminio, calefacción e iluminación eléctrica, teléfono en los aposentos del rey... Para luego llegar a la sala del trono, ricamente decorada en oro, con frescos que recuerdan las hazañas de Parsifal, el caballero de la Corte del Rey Arturo. Si se puede describir Neuschwanstein con una palabra, es "ucrónico". Tal y como se podría describir al propio Ludwig II, un hombre que nació fuera de su tiempo.

Ludwig II quería todo a un tiempo. Quería ser un monarca católico medieval, y ser homosexual. Amaba la tecnología y las comodidades de la era moderna, pero se construyo un castillo en una colina, en un lugar casi inaccesible. Su médico y psiquiatra le diagnosticó esquizofrenia paranoide. Sin embargo, como decía el lema de la película de Tony Scott "Enemigo Público", "¿Es paranoia cuando de verdad te persiguen?" Paranoia o no, el monarca y su psiquiatra aparecieron ahogados al día siguiente en el lago Stamberg. ¿Asesinato, homicidio-suicidio de dos amantes, o accidente? Es algo que nunca sabremos, probablemente. Sin embargo, Ludwig era un excelente nadador, y existe registro de que dos hombres acompañaron a ambos "amablemente" hasta el lago. No existe registro de sus identidades.

Un final trágico para un hombre que sufrió durante toda su vida, la cual estuvo llena de contradicciones. Como rey. se esperaba de él que engendrase un heredero, y de hecho, llegó a comprometerse con su prima, aunque acabaría por anular el enlace que postergó varias veces. Ella moriría en un incendio, tras casarse con un duque francés. Ludwig era un ferviente católico, y por ello, su orientación sexual le causó terribles problemas. Aunque luchó contra ella, nunca llegó a casarse, ni a engendrar herederos. Ello lo llevó a aislarse del mundo, y con ello llegaron las sospechas de su locura. Una forma bastante eufemística de retirarlo del tablero de juego de la política alemana, cuando Bismarck soñaba con la unificación de Alemania. Efectivamente, la muerte de Ludwig ayudaría a ello, pero ¿a qué precio?

Con todo, Ludwig fue cuidadoso en rentabilizar todo lo posible la construcción de sus castillos. Aunque su fortuna personal quedó en números rojos, se aseguró de importar lo menos posible, y con ello favorecer la economía de Baviera, comprando materiales y utilizando mano de obra local. Ello demuestra que no era tan inepto para gobernar como se le quería achacar. Sus objetivos en política eran la unión de los alemanes de forma pacífica y progresiva (no a cualquier precio, como Bismarck pretendía). Su sucesor, Otón I, hermano de Ludwig, sí estaba gravemente trastornado, y por ello, si Ludwig II fue un rey nostálgico y atormentado, su hermano fue un rey encerrado en un castillo durante cincuenta años. Hasta que murió, y la corona pasó a su primo, Luis III, quien sí se casó y consumó su matrimonio... ¡13 veces! Sin embargo, ni siquiera eso salvó la corona bávara. La Revolución Espartaquista puso fin a la monarquía e instauró la república, tras casi cien años de monarcas con graves problemas personales.

Sé que no he hablado mucho del viaje en sí mismo, pero realmente, no hay mucho que contar. Pasé un tiempo estupendo con unos amigos, y estaba todo nevado, a pesar de ser abril. El puente de Marienbrucke estaba peligrosamente resbaladizo con hielo, pero las fotos (entre ellas la que publico con esta entrada) merecieron la pena. Comimos en un restaurante del complejo turístico que hay en el valle, y por la tarde visitamos el exterior de Hohenschwanngau, castillo construido por Maximiliano II, el padre de Ludwig II. Allí pasó éste su infancia, y lo cierto es que uno comprende hasta cierto punto la forma de ver el mundo del joven Ludwig. El resto de la tarde pasó visitando el pueblo de Füssen, que sin ser de los más bellos de Baviera, merece la pena visitar.

viernes, 23 de abril de 2010

The show must go on

Pero creo que esta semana no va a poder ser. No obstante, no quiero dejar de poneros al tanto de las próximas novedades. En primer lugar, quiero continuar con "La Leyenda del Prisionero". Aún quedan muchos -muchísmos- enredos e impresionantes vueltas de tuerca en este thriller épico-fantástico-judicial. Está pendiente relatos de mis viajes a Füssen, a Viena, y tal vez el de mañana a Würzburg. Tal vez dedique una entrada entre medias a Ingolstadt y Munich, todavía no lo he decidido. Además, quiero seguir con artículos sobre el Panopticon (es que tiene mecha para rato) y sobre otros temas de actualidad. Y no puedo dejar de anunciar que muy pronto continuaré con la historia de "El Agente", y tal vez comience a publicar otra historia, que comencé a escribir hace tiempo. De hecho, publiqué el comienzo en su día, pero luego lo borré porque creí haber perdido el archivo. Pero no. Por suerte, guardaba una copia de seguridad por ahí. He intentado publicarla hace un rato, pero parece que Word y Blogger no se llevan bien, y no consigo importar el texto sin formato. Y cuando lo hago con formato, Blogger se enfada y no me deja publicarlo. Con lo cual, queda en el cajón de los planes de futuro. Finalmente, estoy pensando en subir algunas historias cortas sobre el mundo de "La Leyenda del Prisionero", a modo de non sequitur, para ir retratando un poco ese pequeño mundo que vive en el interior de mi cabeza.

Creo que lo difícil va a ser escoger qué publicar...

sábado, 17 de abril de 2010

Spanischmann in Deutschland #6: Salzburg y CatCon en Ulm


Tal y como prometí en su momento, aquí va el relato de otro de mis viajes, en este caso a Salzburg. Sin embargo, lo que ocupará el grueso de esta entrada es el siguiente viaje que hice, en este caso a Ulm para asistir a la XXX Edición de las CatCon.

El viaje a Salzburg fue bastante tranquilo. El único percance que tuvimos fue el habernos confundido de tren, y cogido un ICE (un tren de alta velocidad). El revisor nos dijo que debíamos bajarnos en la siguiente estación, y unos jubilados tuvieron el "amable detalle" de recordárnoslo. Así que nos quedamos tirados una hora en Rosenheim. Por lo demás, disfrutamos Salzburg de lo lindo. Salzburg es una ciudad encantadora, llena de pequeñas callejas, atravesadas por multitud de pasadizos subterráneos y galerías. Casi se podría describir como una gran ratonera, en la que uno puede llegar (casi) de una punta a otra de la ciudad sin ver la luz del sol, cubierta por lo altos edificios renacentistas. Me quedé con ganas de poder ver el Hohensalzburg (la fortaleza que domina la ciudad) y el Hellbrunn, un palacio barroco cuyos jardines con fuentes y saltos de agua son Patrimonio de la Humanidad. Lamentablemente, sólo abre a partir de abril. Con suerte, volveré a la ciudad, y esta vez podré ir a ambos sitios.

Austria es uno de los lugares más bellos que he visto hasta el momento. El contraste de sus verdes campos con altísimas montañas (los Alpes), sus bellas ciudades llenas de historia y adaptadas al mundo moderno, y sus gentes, con un carácter a veces agrio pero en el fondo dulce (igual que su exquisito café), por no hablar de la total devoción de este pueblo por la paz, que lo ha hecho convertirse, igual que Suiza, en un Estado neutral, hace que me haya enamorado de esta tierra. Es un país en el que la defensa y ensalzamiento de la diplomacia, la cultura y la ciencia constituyen los valores más altos de la patria. ¿Quién no querría vivir en un lugar así?

La semana siguiente me dirigí a Ulm con el fin de participar en las Jornadas "CatCon". Estas jornadas tenían lugar en la discoteca "Cat", que, como muchas otras de Alemania, se trata de un edificio de origen medieval, reconvertido en local de diversión. Por 3,5€ para ambos días, uno podía participar en el evento, pudiendo dormir incluso (cosa que yo no aproveché, porque tenía planes en Augsburg para la noche, aunque quizá la próxima vez). Además, se proporcionaba comida y bebida para todo el mundo. Únicamente había que pagar 2,5 € como fianza por los platos, tazas y vasos que uno tomara. Esta fianza, una vez que uno devuelve la loza utilizada, se devuelve. Esto es bastante común en Alemania, sobretodo en cafeterías y locales abiertos al público. Como símbolo del pago de la fianza, te entregan una ficha. Yo, por supuesto, me llevé una ficha como recuerdo. El tipo de la barra me miró con cara de "estos sureños están locos", pero accedió.

En las jornadas, las principales actividades fueron los juegos de estrategia y de rol. Respecto a juegos de estrategia, el que tuvo mayor representación fue Warmachine, del que presencié un par de partidas. Respecto a juegos de rol, había una gran diversidad, aunque triunfaron sobre todo Shadowrun y Das Schwaze Auge. Además, hubo partidas de Magic the Gathering, World of Warcraft Trading Cards, y algunos juegos de mesa como Pandemic o Illuminati. Yo pude participar en una partida de Das Schwarze Auge, juego del que sólo puedo decir cosas positivas: el sistema es fácil y dinámico, los personajes se desarrollan en profundidad, lo cual favorece mucho el roleo, y la ambientación está desarrollada en profundidad. En Alemania se han publicado decenas de libros expandiendo el libro básico, pero éste es suficiente como apra jugar. El único defecto es que sólo ha sido publicado en alemán e inglés, pero si veo que tiene acogida entre los roleros españoles estoy dispuesto a iniciar mi cruzada personal para conseguir una traducción y comercialización en español. No obstante, esto es un proyecto a largo plazo, que va a requerir sudor, sangre, dinero y mucha tinta. Muchísima tinta. Y la tinta es cara, sobre todo si usas una impresora HP, como yo. ¡Maldita mi suerte sea, siempre me toca bailar con la más fea!

En próximas entregas, tocará hablar de otros viajes que he hecho. Mención especial para Füssen y Viena, que merece cada una de ellas una entrada por sí misma.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Spanischmann in Deutschland #5: Historia de una ida y una vuelta



Lo prometido es deuda, y prometí hablar en este blog de mis viajes. Hasta el momento, he visitado dos ciudades (aparte de Augsburg, claro): Stuttgart y Salzburg. Empiezo con Suttgart.

Para ir a Stuttgart teníamos que ir primero hasta Ulm. Allí tuvimos unos veinte minutos para tomar algo de aire fresco. Personalmente me sentí satisfecho al ser la primera vez que salía de Baviera. Tras eso, emprendimos el viaje hasta Stuttgart, a la cual llegamos a mediodía. Pedimos un mapa en la estación, y emprendimos a andar.

Lo primero que visitamos fue el casco viejo de la ciudad. Desde allí nos dirigimos a Schlossplatz (que podéis ver en directo a través de una webcam aquí), recorriendo el Schlossgärten, que es parte de la "Grüne U".
Desde allí, pasamos por al lado del Alte Schloss, en dirección a la Rathaus, no sin perdernos una visita al mercado de Schillerplatz. Más o menos a medio camino entre Schillerplatz y la Rathaus paramos a comer... bueno, yo paré a comer mientras mis compañeros de fatigas hacían fotos a una estantería con zapatos de colores. En realidad, comimos en Rotbühlplatz.

Después, nos dirigimos al punto, para mí, más espectacular de Stuttgart: el Feuersee, a cuya ribera se encuentra la Johanneskirche. Y para prueba un botón. No soy especialmente religioso, pero el sol de media tarde, el sonido del organista ensayando, y el canto de los pájaros le daban al lugar una magia especial.

A continuación, emprendimos el camino de vuelta, por Friedrichstraße. Llegamos a tiempo a la estación, pero se produjo un extraño contratiempo: nuestro tren no estaba en el andén que esperábamos. De hecho, estaba en el andén de al lado. Y se fue ante nuestras narices. Con lo cual, nos vimos obligados a esperar dos horas al siguiente tren. Esto tuvo como ventaja poder tener una perspectiva nocturna de Stuttgart, pero la cosa se puso fea cuando el siguiente tren comenzó a retrasarse, porque dependíamos de la conexión con Ulm... Al final, con más morro que otra cosa, cogimos un tren ICE (un tren de alta velocidad) que nos llevó hasta Ulm, y llegamos por los pelos a nuestro regional con destino Augsburg. Y cuando digo por los pelos, significa que tuvimos que correr para cogerlo. Por suerte, el revisor fue magnánimo con nosotros, y no nos puso ninguna multa. Claro, que al ser un tren nocturno, iba casi vacío, con lo que tampoco es que importase mucho que nos hubiéramos colado. Así, casi a las doce de la noche, llegamos a Augsburg.

En el siguiente episodio, hablaré sobre mi viaje a Salzburg. Hasta entonces, viel Spaß!

lunes, 1 de marzo de 2010

Spanischmann in Deutschland #4: Ein Monate in Augsburg



So wie ein Zug
Ein Monate ist verpasst.
Zu viele Stunde,
würde ich nicht vergass.
Habe ich von mir gelaufen?
Möchte ich selten Zeit zu kaufen,
aber das ist etwas niemand kann.
Ich lebe jeder Sekunden,
wenn das letzte isn nicht zu kommen.
So das ist,
wahrend ich in Augsburg wohne.
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Como un tren
Un mes ha pasado
Demasiadas horas
Que no olvidaría
¿He huido de mí?
Me gustaría comprar algo de tiempo,
Pero es algo que nadie puede
Vivo cada segundo,
Como si el último no fuera a llegar.
Así es
Mientras viva en Augsburg.

sábado, 20 de febrero de 2010

Spanischmann in Deutschland #3: Fußball am Sonntag



El domingo, tras una mañana de fin de semana corriente, a las doce salimos de casa con dirección hacia el centro, con intención de ir al partido del FC Augsburg, que ese día jugaba contra el Fortuna Dusseldorf, buscando alcanzar el tercer puesto de la tabla en la segunda división alemana. Decidimos tomar un autobús, que nos lleva al centro neurálgico de la ciudad, Konigsplatz. Allí, por error tomamos un bus equivocado, que nos haría perdernos los primeros minutos del partido. Tras volver a Konigsplatz, esta vez tomamos el tranvía especial, que nos lleva a las inmediaciones del Impuls Arena, el estadio del FC Augsburg. Se trata de un estadio prácticamente nuevo, ya que fue inaugurado el año pasado.
Una vez llegamos, compramos las entradas. Ya no quedan entradas de asiento en la zona más barata, así que tenemos que conformarnos con una entrada para la zona de pie, la llamada de los “Heimfans”, lo cual se traduce como “fans patriotas”… La taquillera nos pregunta si queremos “un sitio tranquilo” “oder etwas mit power”. Obviamente, escogemos lo segundo. Pronto nos daríamos cuenta del follón en que nos habíamos metido, y de qué venía querer decir lo de “fans patriotas”.
Una vez entramos al estadio, nos damos cuenta de que está bastante lleno. Le preguntamos a un guardia donde podemos colocarnos, y nos señala una zona en la que hay algo de sitio. Como llegamos tarde, nos perdimos el primer gol del FC Augsburg, que marcó (…) en el minuto 2. Nos colocamos por donde nos indicó el guardia. Aunque el público es bastante diverso, pronto nos damos cuenta, principalmente por los saludos fascistas, los coros patrióticos y las banderas con emblemas nacionalistas, de que nos hemos metido de lleno entre los “ultras” más radicales del equipo. Con todo, parecen pasar bastante de nosotros, así que nos limitamos a ver el partido .
No obstante, uno de ellos, un tanto borracho, no deja de golpear inadvertidamente a mi compañera de piso. Ella, cansada, le dedica una mirada disconforme, aunque no le dice nada. El individuo le comenta algo a una señora que hay al lado. El incidente no va más allá, por lo que seguimos a nuestro aire.
El equipo local, el FC Augsburg, domina toda la primera parte, aunque la defensa de los renanos contiene bien los envites de los bávaros, poniendo un marcaje férreo a los delanteros del Augsburg, Nando Rafael y Michael Ratajczak. Con lo cual, llega el final de la primera parte.
En ese momento, se acerca la señora a nosotros. Con un tono bastante rudo, nos increpa que “no estamos animando”, y que “nos andemos con cuidado”. Algunos aficionados se quedan mirando para nosotros, con expresión entre curiosa y molesta. Por esa razón, aprovechamos que un buen número de personas se van a coger algo de comer, para buscar un sitio alejado de los ultras neonazis.
Comienza la segunda parte, y el Fortuna Dusseldorf presiona ahora duro al ataque, Durante un cuarto de hora, la tensión se masca en el ambiente, temiendo la posibilidad de que el Fortuna empate el partido. Sin embargo, en un contragolpe, en el minuto 60, Michael Thurk consigue despegarse del marcaje y deja un pase de la muerte a Nando Rafael, que marca a placer, por segunda vez en el partido. Tras este gol, el Fortuna se descompone y a partir de entonces, sólo hay un equipo en el campo: el FC Augsburg. Durante los siguientes quince minutos, se suceden varias ocasiones más para los bávaros, aunque una mezcla de mala suerte de los locales y buena actuación del portero del Fortuna, evita que el marcador se incremente. En el minuto 80, aproximadamente, el entrenador del FC Augsburg retira a Nando Rafael, que es ovacionado por la grada, por su excelente actuación. Al final del partido, los jugadores del FC Augsburg se acercaron a nuestra grada para agradecer el apoyo de la afición, lo cual me resultó bastante chocante.
Tras eso, nos dirigimos a comer a nuestro take-away favorito, el Sevil, que prepara comida turca. Tras unos lamakhun y kebabs, nos dirigimos hacia casa, no sin antes pasar por el Café Anadolu, un bar turco del barrio. Allí, aparte de jugar a las damas, vemos un interesante encuentro entre el Fenerbahce y el Manisaspor, que venció el equipo local por un gol a cero. Tras el partido, termina nuestra tarde turca, y nos retiramos a casa, para un nuevo día alemán.
En conclusión, todo un domingo de fútbol.

sábado, 13 de febrero de 2010

Spanischmann in Deutschland #2: Un día alemán




Son las ocho de la mañana. Mientras mis compañeros de piso se apuran para marchar, yo me levanto. Tengo suerte de estar en el turno de tarde. Tras asearme y vestirme, mientras me preparo mi desayuno, pongo Rock Antenne Ausburg, una emisora local de música rock. Fuera, los cuervos se quejan del frío. El cielo es de color gris plomizo, como casi todos los días, aunque hoy amenaza con nevar. Todavía hay bastante nieve acumulada en las calles, y los ciclistas se deben andar con mucho cuidado. No es de extrañar que los alemanes estén entre los mejores ciclistas de cross (aunque también tenemos a algún español en el podio). A las nueve, mientras me zampo un Stück Kuchen y un Belgisch Waffel, escucho las noticias de Baviera. Cosas poco interesantes: se produce un inciendio en el aeropuerto de Munich. El FC Ausburg se prepara para recibir al FC Köln en el próximo partido de copa, que se anticipa como extramadamente reñido: el FC Augsburg está siendo el equipo revelación en copa, al llegar a octavos de final invicto. Los preparativos para el carnaval se empañan ante una bajada de temperaturas acompañada de nieve, que durará hasta el domingo. Se recomienda precaución en la conducción, y el uso de cadenas. Me tomo mi vaso de Orangensaft, y me preparo para un día alemán.

A continuación, friego los platos, hago algo de plancha, y arreglo mi cama (cosa que me lleva menos de 30 segundos, ya que la ropa de cama se compone de un cubrecolchón y una funda nórdica), y me abrigo bien: fuera la temperatura es de -5º C. En Alemania, es imprescindible un buen Klimaanlage para sobrevivir al duro invierno, y la diferencia de temperatura entre casa y la calle es de unos veinticinco grados ahora mismo. Cojo un par de bolsas de tela para hacer la compra, puesto que los supermercados no ofrecen o cobran las bolsas de plástico (y no son baratas). También cojo la bolsa de Verkaufspäckern para llevar al contenedor de reciclaje, pues hoy es día de recogida de plásticos, bricks y envases, que deben ir en su contenedor adecuado, el de color amarillo.

Tras depositar la basura, me dirijo a los supermercados del barrio. Hay tres: un Norma, un Schleker y un Rossman. En el Schleker compro productos de droguería: necesito un bote de gel y un after shave. Para lo de alimentación, voy al Norma, que es el más barato. Finalmente, me dirijo al Rossman para comprar un par de carpetas, que necesito para mis apuntes de alemán. Una vez en casa, deposito las cosas de la compra en su sitio, me tomo un yogur y hago mis deberes para el curso. Cuando me doy cuenta: ¡horror! ¡Son las doce y media! Me preparo unos sandwich, me cojo un waffel para media tarde, meto los apuntes, el Worterbuch, eine Flasche Mineralwasser y la comida en la mochila, y me abrigo de nuevo para salir. Tras recorrer cuatro manzanas, llego a la parada del Straβenbahn, o S-Bahn, como se lo conoce más popularmente. Normalmente voy andando a clase, pero entre que tengo poco tiempo, y que está empezando a nevar, me decido por coger el S-Bahn. No hay problema, tengo una Kundenkarte para este mes.

Llego a Königsplatz a eso de la una y diez. Rápidamente, recorro los cinco minutos minutos andando que me separan de Schlaezerstraβe, donde está mi academia. Ya en la academia, mientras me como mis sandwich, me tomo una taza de té caliente. Tras caminar en medio de la nevada, se agradece de veras. Las siguientes horas transcurren en las clases de alemán. Durante el descanso, me enzarzo en una de esas bizarras situaciones de un entorno multiculural, que parecen sacadas de un chiste: se juntan un español, un griego y un hindú, en un pasillo, hablando en alemán, y entonces…

Al salir de clase, me dirijo a la biblioteca con una amiga. Allí, gracias a haberme hecho socio, dispongo de dos horas al día para conectarme gratis a Internet. Leo y contesto el correo, y me pongo en contacto con la gente de España. Mi amiga tiene que hacer algo de compra, así que se despide de mí cuando salimos de la biblio: los supermercados cierran a las siete, con suerte, las grandes superficies, a las ocho. Yo, por mi parte, me junto con mis compañer@s de piso, que ya estaban en la biblioteca desde antes que yo, y nos vamos para casa. Con la que está cayendo, por supuesto que cogemos el S-Bahn.

Ya en casa, descanso un poco, y me preparo la cena. Hoy toca Wienerbratwurst mit Kartoffelnsalat. Después, un heiβes Schokolade, y nos preparamos para salir. Hoy es martes, día de fiesta de los estudiantes de Baviera. En el Weiβen Lamm hay una fiesta a la que nos han invitado unos amigos, así que allá vamos. De nuevo viaje en S-Bahn hasta Königsplatz, y luego anadamos hasta Theaterstraβe. Un poco más allá, está el local. Allí nos tomamos unas cervezas, hasta las doce y media, momento en el que el ambiente empieza a decaer (es muy tarde para Alemania, no para un fin de semana, pero sí para un martes), así que decidimos irnos. Aún estamos a tiempo de coger el último S-Bahn hacia Lechhausen, el barrio en el que vivo. Lleva ese nombre porque está a las orillas del río Lech, que atraviesa Augsburg. Por suerte, ahora no nieva, así que caminamos hasta Rathausplatz, donde cogemos de nuevo el S-Bahn para irnos a casa. A eso de la una y media, me echo en cama. Estoy agotado, pero al menos mañana no tengo que madrugar… lo cual significa poder levantarse a las ocho de la mañana. Scheiβe!

jueves, 4 de febrero de 2010

Spanischmann in Deutschland #1



No suelo hablar mucho de mí mismo en este blog, pero como he prometido dar noticias sobre mis aventuras por Alemania a los que me conocéis, creo que esta plataforma bien sirve. Ya aviso que al menos hasta que tenga conexión a Internet en el apartamento, estoy exiliado de utilizar "la ene con muesca encima", que tendré que sustituir por nh.

Mi viaje comenzó el día 1 de febrero, a las siete de la manhana, hora a la que salió mi vuelo con rumbo a Madrid. Llegué a Madrid a eso de las ocho y cuarto, con la intención de salir a las nueve hacia Múnich. Sin embargo, una pasajera no se presentó y "por cuestiones de seguridad" tuvimos que esperar cosa de tres cuartos de hora a la espera de que los TEDAX (el cuerpo de artificieros de la Polcía Nacional) retirara su equipaje. En fin, primer follón, y sin llegar a Alemania.

El vuelo, aunque tarde transcurrió sin incidentes, llegando a Múnich a eso de las doce. En el aeropuerto cogí el metro, que me llevó a la Hauptbahnhof (estación central de ferrocarril) de la ciudad. Allí, a eso de la una y pico, tuve que esperar unos veinte minutos a que saliera mi tren rumbo a Augsburg, por lo que aproveché para tomarme un sandwich. Si hubiera sabido que no iba a poder comer nada más hasta las nueve de la noche, hubiera comprado más para el camino. A la una y media me llaman de Augsburg, para preguntarme por qué no he llegado. Les explico lo del vuelo, y tomo el tren, quince minutos más tarde. Se retrasó cinco minutos, lo cual hizo caer el mito de que en Alemania los trenes siempre salen a su hora. Eso sí, el conductor del tren se disculpó muy amablemente una vez que salimos.

Una vez llego a la Hauptbahnhof de Augsburg, allí tomo un taxi con rumbo a la agencia en la que me reciben, y me acompanharían al piso. Cosa curiosa, lo primero que comentó el taxista no fue de dónde vengo, o porqué llego a la ciudad. Fue "hoy hace un viento bastante frío, verdad?". Se ve que existe un estándar internacional de conversaciones de taxistas: siempre hablando del tiempo, y de política. Cosas que uno aprende viajando.

Una vez en la agencia, espero a que llegue un companhero, que llegaba poco tiempo después. Me ofrecen un té, que acepto. Más tarde, una vez llega, voy con él y con una de las chicas de la agencia a la oficina central de la companhía de tranvías, a hacer el abono mensual. Situación curiosa la que se da cuando voy por la calle en Augsburg con un burelés y una italiana. Ellos hablan en italiano, y yo, en general, asiento a todo, aunque me entero de la misa la mitad de lo que hablan. Entre medias, le digo a mi companhero que me haga la traducción simultánea italiano-gallego, y empezamos a entendernos.

Más tarde me llevan hasta el piso, que es bastante pequenho, y está en el límite de lo que es el centro de la ciudad. Una zona bastante alejada, porque además está al este de la orilla del río Lech, que pasa por el medio de la ciudad, razón por la que mi barrio, Lechhausen (literalmente, "Casas del Lech") está un poco a desmano, salvo que cojas un tranvía.

Por la noche (es decir, hacia las seis de la tarde), llegan dos de mis companheros de piso. Más tarde, a eso de las ocho, vamos a cenar. Sólo encontramos abierta una pizzería, gestionada por una familia con cierta pinta de mafiosos, los cuales nos miran fatal, porque interrumpimos la cena familiar en el local (no había nadie más, y dudo que esperaran ningún cliente a esas horas). Sin embargo, nos ponen una pizza de tamanho generoso, por un precio razonable.

Al día siguiente, comienzan nuestras clases. Sin embargo, nos orientamos fatal, cogemos el tranvía en dirección contraria, y aunque llegamos, lo hacemos una hora y media tarde. Tras hacer un test de conocimientos, nos mandan a cada uno al nivel que nos corresponde, y estamos una hora de clase.

A partir de ahí, los dos últimos días empiezan a ser cierta rutina que se mantendrá las próximas dos semanas. Nos levantamos temprano para ir a clase (a eso de las siete). Pasamos la manhana en la academia, luego vamos a comer por el centro. Por la tarde, hacemos gestiones para cosas del piso, o nos vamos a la biblio para conectarnos a Internet y hacer los deberes para el día siguiente.

Respecto de mi clase, diré que estoy bastante sorprendido (agradablemente) de encontrarme un entorno enormemente multicultural. En mi clase hay gente de todos los continentes, y el menor número es de Europa (dos chicas rusas, otra chica espanhola, un chico turco y yo). El resto son de zonas tan remotas como Senegal, India, Mongolia, o Australia. Como nueva experiencia, me quedo con la de hablar con un canadiense y un hindú en alemán. Parece sacado de un chiste, pero ocurrió esta misma manhana.

Por el momento, creo que eso es todo. Más adelante, iré contando más cosas sobre mi vida en Augsburg, y colgando alguna foto con ellas. La de hoy no es mía, que conste, pero puede serviros para haceros una idea de lo que veo todos los días: nevado, eso sí, aunque ayer ha empezado a derretirse.