miércoles, 5 de mayo de 2010

Füssen, el hogar de un monarca delirante


Érase una vez un monarca que no amaba su época Aquel hombre, que se creía elegido por Dios para gobernar, soñaba con historias de caballeros y grandes hazañas. Y puesto que era rey, mandó construir un castillo en el que tales hazañas tuvieran lugar... o al menos, en el que fueran recordadas. Ese lugar es Neuschwanstein, el mayor de los tres castillos construidos por Ludwig II de Baviera, último rey de ese país. Difícilmente podría aceptar a alguien que gastaba el dinero de su pueblo en semejantes excentricidades como la construcción de castillos medievales en una época en que los automóviles comenzaban a hacerse populares, y los primeros teléfonos también estaban en funcionamiento. De hecho, sorprende cómo el castillo está dotado de grandes avances de la técnica para el momento: ventanas de aluminio, calefacción e iluminación eléctrica, teléfono en los aposentos del rey... Para luego llegar a la sala del trono, ricamente decorada en oro, con frescos que recuerdan las hazañas de Parsifal, el caballero de la Corte del Rey Arturo. Si se puede describir Neuschwanstein con una palabra, es "ucrónico". Tal y como se podría describir al propio Ludwig II, un hombre que nació fuera de su tiempo.

Ludwig II quería todo a un tiempo. Quería ser un monarca católico medieval, y ser homosexual. Amaba la tecnología y las comodidades de la era moderna, pero se construyo un castillo en una colina, en un lugar casi inaccesible. Su médico y psiquiatra le diagnosticó esquizofrenia paranoide. Sin embargo, como decía el lema de la película de Tony Scott "Enemigo Público", "¿Es paranoia cuando de verdad te persiguen?" Paranoia o no, el monarca y su psiquiatra aparecieron ahogados al día siguiente en el lago Stamberg. ¿Asesinato, homicidio-suicidio de dos amantes, o accidente? Es algo que nunca sabremos, probablemente. Sin embargo, Ludwig era un excelente nadador, y existe registro de que dos hombres acompañaron a ambos "amablemente" hasta el lago. No existe registro de sus identidades.

Un final trágico para un hombre que sufrió durante toda su vida, la cual estuvo llena de contradicciones. Como rey. se esperaba de él que engendrase un heredero, y de hecho, llegó a comprometerse con su prima, aunque acabaría por anular el enlace que postergó varias veces. Ella moriría en un incendio, tras casarse con un duque francés. Ludwig era un ferviente católico, y por ello, su orientación sexual le causó terribles problemas. Aunque luchó contra ella, nunca llegó a casarse, ni a engendrar herederos. Ello lo llevó a aislarse del mundo, y con ello llegaron las sospechas de su locura. Una forma bastante eufemística de retirarlo del tablero de juego de la política alemana, cuando Bismarck soñaba con la unificación de Alemania. Efectivamente, la muerte de Ludwig ayudaría a ello, pero ¿a qué precio?

Con todo, Ludwig fue cuidadoso en rentabilizar todo lo posible la construcción de sus castillos. Aunque su fortuna personal quedó en números rojos, se aseguró de importar lo menos posible, y con ello favorecer la economía de Baviera, comprando materiales y utilizando mano de obra local. Ello demuestra que no era tan inepto para gobernar como se le quería achacar. Sus objetivos en política eran la unión de los alemanes de forma pacífica y progresiva (no a cualquier precio, como Bismarck pretendía). Su sucesor, Otón I, hermano de Ludwig, sí estaba gravemente trastornado, y por ello, si Ludwig II fue un rey nostálgico y atormentado, su hermano fue un rey encerrado en un castillo durante cincuenta años. Hasta que murió, y la corona pasó a su primo, Luis III, quien sí se casó y consumó su matrimonio... ¡13 veces! Sin embargo, ni siquiera eso salvó la corona bávara. La Revolución Espartaquista puso fin a la monarquía e instauró la república, tras casi cien años de monarcas con graves problemas personales.

Sé que no he hablado mucho del viaje en sí mismo, pero realmente, no hay mucho que contar. Pasé un tiempo estupendo con unos amigos, y estaba todo nevado, a pesar de ser abril. El puente de Marienbrucke estaba peligrosamente resbaladizo con hielo, pero las fotos (entre ellas la que publico con esta entrada) merecieron la pena. Comimos en un restaurante del complejo turístico que hay en el valle, y por la tarde visitamos el exterior de Hohenschwanngau, castillo construido por Maximiliano II, el padre de Ludwig II. Allí pasó éste su infancia, y lo cierto es que uno comprende hasta cierto punto la forma de ver el mundo del joven Ludwig. El resto de la tarde pasó visitando el pueblo de Füssen, que sin ser de los más bellos de Baviera, merece la pena visitar.