jueves, 4 de febrero de 2010

Spanischmann in Deutschland #1



No suelo hablar mucho de mí mismo en este blog, pero como he prometido dar noticias sobre mis aventuras por Alemania a los que me conocéis, creo que esta plataforma bien sirve. Ya aviso que al menos hasta que tenga conexión a Internet en el apartamento, estoy exiliado de utilizar "la ene con muesca encima", que tendré que sustituir por nh.

Mi viaje comenzó el día 1 de febrero, a las siete de la manhana, hora a la que salió mi vuelo con rumbo a Madrid. Llegué a Madrid a eso de las ocho y cuarto, con la intención de salir a las nueve hacia Múnich. Sin embargo, una pasajera no se presentó y "por cuestiones de seguridad" tuvimos que esperar cosa de tres cuartos de hora a la espera de que los TEDAX (el cuerpo de artificieros de la Polcía Nacional) retirara su equipaje. En fin, primer follón, y sin llegar a Alemania.

El vuelo, aunque tarde transcurrió sin incidentes, llegando a Múnich a eso de las doce. En el aeropuerto cogí el metro, que me llevó a la Hauptbahnhof (estación central de ferrocarril) de la ciudad. Allí, a eso de la una y pico, tuve que esperar unos veinte minutos a que saliera mi tren rumbo a Augsburg, por lo que aproveché para tomarme un sandwich. Si hubiera sabido que no iba a poder comer nada más hasta las nueve de la noche, hubiera comprado más para el camino. A la una y media me llaman de Augsburg, para preguntarme por qué no he llegado. Les explico lo del vuelo, y tomo el tren, quince minutos más tarde. Se retrasó cinco minutos, lo cual hizo caer el mito de que en Alemania los trenes siempre salen a su hora. Eso sí, el conductor del tren se disculpó muy amablemente una vez que salimos.

Una vez llego a la Hauptbahnhof de Augsburg, allí tomo un taxi con rumbo a la agencia en la que me reciben, y me acompanharían al piso. Cosa curiosa, lo primero que comentó el taxista no fue de dónde vengo, o porqué llego a la ciudad. Fue "hoy hace un viento bastante frío, verdad?". Se ve que existe un estándar internacional de conversaciones de taxistas: siempre hablando del tiempo, y de política. Cosas que uno aprende viajando.

Una vez en la agencia, espero a que llegue un companhero, que llegaba poco tiempo después. Me ofrecen un té, que acepto. Más tarde, una vez llega, voy con él y con una de las chicas de la agencia a la oficina central de la companhía de tranvías, a hacer el abono mensual. Situación curiosa la que se da cuando voy por la calle en Augsburg con un burelés y una italiana. Ellos hablan en italiano, y yo, en general, asiento a todo, aunque me entero de la misa la mitad de lo que hablan. Entre medias, le digo a mi companhero que me haga la traducción simultánea italiano-gallego, y empezamos a entendernos.

Más tarde me llevan hasta el piso, que es bastante pequenho, y está en el límite de lo que es el centro de la ciudad. Una zona bastante alejada, porque además está al este de la orilla del río Lech, que pasa por el medio de la ciudad, razón por la que mi barrio, Lechhausen (literalmente, "Casas del Lech") está un poco a desmano, salvo que cojas un tranvía.

Por la noche (es decir, hacia las seis de la tarde), llegan dos de mis companheros de piso. Más tarde, a eso de las ocho, vamos a cenar. Sólo encontramos abierta una pizzería, gestionada por una familia con cierta pinta de mafiosos, los cuales nos miran fatal, porque interrumpimos la cena familiar en el local (no había nadie más, y dudo que esperaran ningún cliente a esas horas). Sin embargo, nos ponen una pizza de tamanho generoso, por un precio razonable.

Al día siguiente, comienzan nuestras clases. Sin embargo, nos orientamos fatal, cogemos el tranvía en dirección contraria, y aunque llegamos, lo hacemos una hora y media tarde. Tras hacer un test de conocimientos, nos mandan a cada uno al nivel que nos corresponde, y estamos una hora de clase.

A partir de ahí, los dos últimos días empiezan a ser cierta rutina que se mantendrá las próximas dos semanas. Nos levantamos temprano para ir a clase (a eso de las siete). Pasamos la manhana en la academia, luego vamos a comer por el centro. Por la tarde, hacemos gestiones para cosas del piso, o nos vamos a la biblio para conectarnos a Internet y hacer los deberes para el día siguiente.

Respecto de mi clase, diré que estoy bastante sorprendido (agradablemente) de encontrarme un entorno enormemente multicultural. En mi clase hay gente de todos los continentes, y el menor número es de Europa (dos chicas rusas, otra chica espanhola, un chico turco y yo). El resto son de zonas tan remotas como Senegal, India, Mongolia, o Australia. Como nueva experiencia, me quedo con la de hablar con un canadiense y un hindú en alemán. Parece sacado de un chiste, pero ocurrió esta misma manhana.

Por el momento, creo que eso es todo. Más adelante, iré contando más cosas sobre mi vida en Augsburg, y colgando alguna foto con ellas. La de hoy no es mía, que conste, pero puede serviros para haceros una idea de lo que veo todos los días: nevado, eso sí, aunque ayer ha empezado a derretirse.