lunes, 8 de febrero de 2010

El Agente: Archivo #024 - Kevin busca a Kevin




Tras los primeros días, Hiresh había enseñado a Kevin lo básico para sobrevivir en Nueva York. Había encontrado bastante util la experiencia de Kevin con la navegación, y pronto un pequeño barco con una vela se convirtió en su medio de transporte. Silencioso, bogaba a contra el viento. Lo pintaron totalmente de negro, con una pintura plástica que lo hacía invisible al radar, para que los helicópteros de vigilancia no pudieran detectarlos por radar.

Evadir las patrullas de tierra no era tampoco fácil. Sin embargo, Nueva York era un enorme esqueleto podrido de elefante en el que Kevin y Hiresh no era mayores que dos termitas. Se colaban por atajos, túneles subterráneos de metro abandonados, y alcantarillas en desuso. El olor a húmedo y a podrido, y el ataque ocasional de alguna alimaña compensaba sobradamente la posibilidad de afrontar a las brutales brigadas de la Policía Americana, que el gobierno provisional de Ohio había organizado.

Hiresh le explicó que, tras el ataque a Canadá a principios de los cuarenta, EE.UU. había resultado muy dañada por las armas paratecnológicas del Imperio Británico. A consecuencia de ello, el presidente Lindbergh había impuesto un severo régimen nacionalsocialista a imitación del alemán. El Pacto de Hierro había ganado la guerra contra los aliados, pero el coste había sido terrible. Millones de americanos murieron, y los que sibrevivieron debían vivir confinados en ciudades subterráneas. Los soviéticos, convenientemente, se habían ofrecido a actuar como "fuerza de interposición neutral" entre Aliados y Eje, pero se habían cobrado conquistando buena parte del territorio tanto americano como canadiense. Para cuando el siguiente presidente, Harry Truman, quiso hacer algo, era demasiado tarde. Ahora los soviéticos dominaban el mundo, y ni siquiera la otras dos potencias mundiales, Gran Bretaña y Alemania, podían hacerles frente unidas. Ahora los soviéticos se negaban a reconocer el pequeño estado de Nuevo Manhattan porque estaba controlado "por una organización terrorista", y el nuevo gobierno títere de los EE.UU., había mandado sus fuerzas de tierra para establecer el estado de sitio sobre la isla. Desde su bases operativas en Quebec y en Cuba, los soviéticos controlaban tanto la bahía de Hudson como el Atlántico occidental. Con lo cual, los habitantes de Sentinel estaban solos.

Finalmente, llegó el día en el cual Kevin puso en marcha lo que había planeado desde el principio. Un día que sabía que Hiresh estaría ocupado, salió si decirle nada a nadie. Ni siquiera a Gillian, que seguía con su agotador entrenamiento. Se abrigó bastante, porque el invierno comenzaba a acercare, y de hecho, en el exterior estaba nevando. Tomó su velero, y se dirigió a la costa, mientras aún no amanecía. Atracó en una zona bastante tranquila, y se dirigió hacia el Spanish Harlem. A aquellas horas, apenas había vigilancia, más allá de la costa. Se aprovechó de ello, para colarse por una alcantarilla de las que daban a la bahía. El túnel estaba oscuro y olía a viejo y a húmedo. El agua ya no corría por allí, salvo la que caía de la lluvia, o la nieve que se derretía. Mezclada con la suciedad de la alcantarilla, formaba un barro maloliente. Sin embargo, en aquellas semanas se había acostumbrado a aquel olor, y además, no tendría muchas ocasiones como aquella.

Le costó un poco encontrar el lugar que buscaba. Orientarse por debajo de las calles es mucho más difícil de lo que parece. Al fin y al cabo, no hay señales que indiquen por donde vas. Por eso, un mapa del alcantarillado era una de las posesiones más preciadas de un recolector como él. Cuando por fin llegó al lugar señalado, subió a la calle. No había nadie por la zona, así que comenzó a recorrer las calles con precaución, mirando al cielo de cuando en cuando, pues los helicópteros silenciosos de vigilancia podrían pasar en cualquier momento. Siempre que pudo, entraba en los edificios y caminaba por entre los escombros de la Manzana Podrida, como llamaban otros recolectores a lo que antaño fue la capital del mundo.

Y, tras casi dos horas de camino, llegó al lugar que estaba buscando. Sacó sus llaves del bolsillo, las cuales encajaron con cierto esfuerzo, pues la cerradura parecía que había sido forzada. El ascensor hacía años que había dejado de funcionar, así que subió las escaleras, con una mezcla de excitación y miedo a lo que se iba a econtrar. Un gato salió corriendo, saltó por delante de él, y se encaramó a una cornisa. Desde allí, se quedó mirando como Kevin seguía subiendo las escaleras, en un interminable camino, que lo llevaba hacia el cielo. Finalmente, llegó a su planta, y se dirigió a la puerta de la izquierda. Sacó de nuevo sus llaves, y, de nuevo, funcionaron, para su sorpresa. Cuando entró, no pudo quedar más asombrado. Todo estaba tal y como lo había dejado, pero parecía como envejecido. "No he pasado por aquí en varios meses, después de todo... O bueno, por el lugar que se corresponde con este en mi mundo." Se echó en el sofá, pues estaba exhausto, y pensó en lo irónico que resultaba estar a la vez tan cerca y tan lejos de su propio hogar.