sábado, 13 de febrero de 2010

Spanischmann in Deutschland #2: Un día alemán




Son las ocho de la mañana. Mientras mis compañeros de piso se apuran para marchar, yo me levanto. Tengo suerte de estar en el turno de tarde. Tras asearme y vestirme, mientras me preparo mi desayuno, pongo Rock Antenne Ausburg, una emisora local de música rock. Fuera, los cuervos se quejan del frío. El cielo es de color gris plomizo, como casi todos los días, aunque hoy amenaza con nevar. Todavía hay bastante nieve acumulada en las calles, y los ciclistas se deben andar con mucho cuidado. No es de extrañar que los alemanes estén entre los mejores ciclistas de cross (aunque también tenemos a algún español en el podio). A las nueve, mientras me zampo un Stück Kuchen y un Belgisch Waffel, escucho las noticias de Baviera. Cosas poco interesantes: se produce un inciendio en el aeropuerto de Munich. El FC Ausburg se prepara para recibir al FC Köln en el próximo partido de copa, que se anticipa como extramadamente reñido: el FC Augsburg está siendo el equipo revelación en copa, al llegar a octavos de final invicto. Los preparativos para el carnaval se empañan ante una bajada de temperaturas acompañada de nieve, que durará hasta el domingo. Se recomienda precaución en la conducción, y el uso de cadenas. Me tomo mi vaso de Orangensaft, y me preparo para un día alemán.

A continuación, friego los platos, hago algo de plancha, y arreglo mi cama (cosa que me lleva menos de 30 segundos, ya que la ropa de cama se compone de un cubrecolchón y una funda nórdica), y me abrigo bien: fuera la temperatura es de -5º C. En Alemania, es imprescindible un buen Klimaanlage para sobrevivir al duro invierno, y la diferencia de temperatura entre casa y la calle es de unos veinticinco grados ahora mismo. Cojo un par de bolsas de tela para hacer la compra, puesto que los supermercados no ofrecen o cobran las bolsas de plástico (y no son baratas). También cojo la bolsa de Verkaufspäckern para llevar al contenedor de reciclaje, pues hoy es día de recogida de plásticos, bricks y envases, que deben ir en su contenedor adecuado, el de color amarillo.

Tras depositar la basura, me dirijo a los supermercados del barrio. Hay tres: un Norma, un Schleker y un Rossman. En el Schleker compro productos de droguería: necesito un bote de gel y un after shave. Para lo de alimentación, voy al Norma, que es el más barato. Finalmente, me dirijo al Rossman para comprar un par de carpetas, que necesito para mis apuntes de alemán. Una vez en casa, deposito las cosas de la compra en su sitio, me tomo un yogur y hago mis deberes para el curso. Cuando me doy cuenta: ¡horror! ¡Son las doce y media! Me preparo unos sandwich, me cojo un waffel para media tarde, meto los apuntes, el Worterbuch, eine Flasche Mineralwasser y la comida en la mochila, y me abrigo de nuevo para salir. Tras recorrer cuatro manzanas, llego a la parada del Straβenbahn, o S-Bahn, como se lo conoce más popularmente. Normalmente voy andando a clase, pero entre que tengo poco tiempo, y que está empezando a nevar, me decido por coger el S-Bahn. No hay problema, tengo una Kundenkarte para este mes.

Llego a Königsplatz a eso de la una y diez. Rápidamente, recorro los cinco minutos minutos andando que me separan de Schlaezerstraβe, donde está mi academia. Ya en la academia, mientras me como mis sandwich, me tomo una taza de té caliente. Tras caminar en medio de la nevada, se agradece de veras. Las siguientes horas transcurren en las clases de alemán. Durante el descanso, me enzarzo en una de esas bizarras situaciones de un entorno multiculural, que parecen sacadas de un chiste: se juntan un español, un griego y un hindú, en un pasillo, hablando en alemán, y entonces…

Al salir de clase, me dirijo a la biblioteca con una amiga. Allí, gracias a haberme hecho socio, dispongo de dos horas al día para conectarme gratis a Internet. Leo y contesto el correo, y me pongo en contacto con la gente de España. Mi amiga tiene que hacer algo de compra, así que se despide de mí cuando salimos de la biblio: los supermercados cierran a las siete, con suerte, las grandes superficies, a las ocho. Yo, por mi parte, me junto con mis compañer@s de piso, que ya estaban en la biblioteca desde antes que yo, y nos vamos para casa. Con la que está cayendo, por supuesto que cogemos el S-Bahn.

Ya en casa, descanso un poco, y me preparo la cena. Hoy toca Wienerbratwurst mit Kartoffelnsalat. Después, un heiβes Schokolade, y nos preparamos para salir. Hoy es martes, día de fiesta de los estudiantes de Baviera. En el Weiβen Lamm hay una fiesta a la que nos han invitado unos amigos, así que allá vamos. De nuevo viaje en S-Bahn hasta Königsplatz, y luego anadamos hasta Theaterstraβe. Un poco más allá, está el local. Allí nos tomamos unas cervezas, hasta las doce y media, momento en el que el ambiente empieza a decaer (es muy tarde para Alemania, no para un fin de semana, pero sí para un martes), así que decidimos irnos. Aún estamos a tiempo de coger el último S-Bahn hacia Lechhausen, el barrio en el que vivo. Lleva ese nombre porque está a las orillas del río Lech, que atraviesa Augsburg. Por suerte, ahora no nieva, así que caminamos hasta Rathausplatz, donde cogemos de nuevo el S-Bahn para irnos a casa. A eso de la una y media, me echo en cama. Estoy agotado, pero al menos mañana no tengo que madrugar… lo cual significa poder levantarse a las ocho de la mañana. Scheiβe!