sábado, 19 de septiembre de 2009

El Agente: Archivo #007 - Contrarreloj


El tempo era fundamental para que la operación saliese bien. Tenían sólo dos minutos antes de que el sistema de seguridad reconociese como falsas sus identidades. Por eso que cuando entraron en la oficina, se dirigieron sin dudas hacia el ascensor, pulsaron el botón del quinto piso, se dirigieron como dos autómatas izquierda, izquierda, derecha, izquierda, al fondo del pasillo, derecha, puerta del fondo. En esa puerta de seguridad, Kevin aplicó un micropulso electromagnético para hacer que la corriente eléctrica se fuese durante exactamente 17 segundos, que es el tiempo que tuvieron para entrar en la sala, buscar la caja, volar la tapa de seguridad con explosivo plástico, sacarla del cajón, meterla en un maletín diseñado para confundir a los escáneres de rayos X que había en el control de entrada/salida, y salir de la sala.

Cuando estuvieron fuera, Kevin miró su reloj. 18 segundos. "Maldición, maldición, maldición". Tendrían que pasar al plan de huida. Se dirigieron a la escalera de incendios más cercana. Helen sacó un mechero, y un papel. Le prendió fuego, y lo tiró en la primera papelera que encontró., junto con el explosivo plástico sobrante. Kevin pulsó el primer interruptor de incendios a la vista. 30 segundos más tarde, se encontraban en el garaje del banco, mientras encima suya se desataba el infierno.

Helen se dirigió hacia un lujoso deportivo, y sacó una llave de coche, y la pulsó. El coche se abrió.
-¿Es tuyo ese coche? -peguntó Kevin.
-Ahora sí -contestó ella.
-¿Y como diablos...?
-¿Se ha abierto? Kevin, soy una profesional. Estas llaves mágicas son difíciles de conseguir, pero no sabes lo estúpido que puede llegar a ser el encargado de un concesionario con ganas de echar una cana al aire.

Helen puso la llave en el contacto, y el motor rugió. Pisando fuerte se dirigieron a la barrera de salida, que empezaba a cerrarse, mientras el guardia de seguridad les gritaba algo en español. Mientras rompía la barrera, Helen gritó con júbilo.
-Ahora empieza lo divertido -dijo, mientras aceleraba al salir del garaje, y se dirigía hacia las afueras de la ciudad.

Los coches de policía no tardaron en seguirlos, para inquietud de Kevin.
-¿Y ahora qué? -dijo Kevin, alzando la voz, por el crepitante rugido del deportivo.
-Tienes una subametralladora en la guantera.
-¿Estás de broma, verdad? ¿No podemos despistarlos de alguna forma?
-Buena idea.

Helen dio un volantazo, en la siguiente salida. Kevin reconoció cuál era. Era la misma que él había tomado para atravesar el desierto. "Otra vez no". Sorprendentemente para él, los coches de policía se alejaron, y quedaron atrás, abandonando la persecución.
-¿Porqué no nos siguen? -inquirió Kevin.
-Porque están llamando a la Policía Fronteriza de los EE.UU. Pero nosotros tenemos también nuestros recursos. Tu teléfono móvil tiene GPS, ¿verdad?
-Sí, ¿por qué?
-Es un buen momento para encenderlo. Llama a tu supervisor. Es hora de que nos saquen de aquí.

Mr. Gray no parecía muy satisfecho con la petición de ayuda de Kevin, pero les prometió que un helicóptero iría a recogerlos, en un punto que marcó en el sistema de GPS del móvil de Kevin. Se trataba de una vieja nave abandonada. Cuando llegaron allí, se tomaron un breve descanso.

-Ha sido divertido, ¿verdad? -dijo Helen sonriendo, mientras lo miraba a los ojos.
-Aún hay algo que quiero hacer antes de irnos. Quiero ver lo que hay en la caja.

Helen se encogió de hombros. "Te dejo a solas con tus recuerdos", dijo mientras se alejaba.

Kevin cogió la caja. Tenía un código de seguridad, pero él ya sabía cuál era. Introdujo los seis números, y la cerrudura hizo "clac", anunciando su apertura. Dentro había fotografías, planos, carretes de fotos en cajitas de plástico, cajas con diapositivas... Y un sobre, con su nombre. Lo abrió. Había una carta. Cuando leyó lo que decía, no pudo contener su sorpresa.