lunes, 14 de septiembre de 2009

El Agente: Archivo #006 - La cárcel de los secretos




-Entonces, sólo tenemos que ir allí, reclamar la caja, y marcharnos, ¿no? Tampoco es para tanto.
Helen rió con ironía.
-¿Tú estás tonto, chaval? No contratarían a alguien como yo, para algo tan trivial. Ese lugar no es una simple sucursal bancaria. Eso es sólo una tapadera. En realidad, el lugar es una prisión.
Kevin la miró, confundido. Ella se aproximó, hasta que su aliento con olor a alcohol penetró por sus fosas nasales, y dijo, con apenas un susurro:
-Es una cárcel para los secretos. Un lugar, en el aquello que es guardado, jamás sale.
Tras eso, se llevó un dedo a los labios, mirando a Kevin intensamente, mientras esbozaba una leve sonrisa. Tras eso, cogió sus cosas, y le tomó la mano. Kevin, un tanto sorprendido, le siguió la corriente. Algunos paisanos, le sonrieron al verlos, y unos cuantos se quitaron cortésmente el sombrero al ver pasar a Helen entre ellos. No fueron tan corteses mientras se marchaba agitando sus caderas a paso vivo. Una vez que estuvieron fuera, el viento les azotó en la cara. El clima era un poco más fresco, pero seguía haciendo calor, a pesar de que la noche había invadido el cielo, como una cortina de estrellas que se hubiera desenrollado de pronto. Kevin miró a Helen, y le pregunto:
-¿Y cómo se supone que vamos a sacar la caja que dejó allí mi abuelo?
-Bueno, no será sencillo. Ven.
Se dirigieron a un motel. Una vez tomaron una habitación para ambos (Kevin se sintió un tanto incómodo, ante la mirada cómplice de la mujer que les atendió), Helen se sentó en la cama, y sacó un cuaderno de notas de una mochila, en el cual había diversos bocetos y anotaciones.
-Éste es mi plan...

Las siguientes horas pasaron de forma fugaz. Terminó por conocer cada detalle, cada milímetro del lugar al que se dirigían. No tendrían mucho tiempo, así que era muy importante actuar con celeridad. No podrían dudar, no podrían dar marcha atrás, y sobre todo, no debían dar la impresión de que estaban haciendo algo malo.

Finalmente, cuando tenían los detalles del plan concluídos, Helen fue a darse una ducha. Mientras tanto, Kevin se preparó para dormir en un sillón. Cuando volvió, y vio al joven sentado en el sillón, le dijo, mientras sonreía pícaramente, y se acercaba a él:
-Podríamos haber preparado el plan en cualquier parte. No te traje aquí para eso.
Le tomó la mano. Se sentó a su lado, y le dijo al oído:
>>Mañana podría ser nuestro último día. Disfrutemos de lo que puede ser nuestra última noche.