miércoles, 4 de noviembre de 2009

Secuaces, esos grandes olvidados.


Qué dura es la vida de un secuaz. Son trabajadores anónimos, que sacrifican sus vidas en favor de la causa de su jefe. A menudo, tienen que trabajar lejos de sus familias, en los laboratorios subterráneos del villano, o incluso en peligrosas misiones en el espacio exterior (como los siempre olvidados obreros de la Estrella de la Muerte, que E.P.D.). Sus jornadas son a menudo larguísimas, porque el villano siempre tiene poco tiempo para poner en marcha su plan, antes de que los buenos aparezcan para salvar el día. Además, son siempre los primeros en llevarse una buena tunda, y a menudo su jefe los deja tirados cuando llegan los buenos, mientras él se escapa, no pocas veces, activando antes el sistema de autodestrucción ¡qué desconsideración!
Pero hay varios tipos de secuaces, claro. No sólo están los simples matones y personal de servicio anónimo. A veces hay secuaces con nombre. Un nombre es algo así como un ascenso para un secuaz. Una vez que tienen nombre, adquieren un mayor estatus. Se convierten en una amenaza mayor para el mundo, y el bueno de la película a menudo lo pasa mal enfrentándose a ellos. Los secuaces con nombre son los hombres y mujeres de confianza del villano. No solemos verlo, pero seguro que al final de la jornada laboral, el secuaz con nombre es lo más parecido a un amigo que tiene el villano. A veces, incluso llegan a implicarse sentimentalmente con sus maestros. Entonces el secuaz se convierte en un enemigo atroz. Nada le impedirá sacrificarse por la causa del dueño de su corazón. El héroe se convierte, en ese momento, en villano, al aparecer en la vida de esa pareja perfecta, y desestabilizar la relación que tenían, para "convencer a la chica de que se una al bando de los buenos". Y si es un hombre, para que se de cuenta de que esa arpía lo ha manipulado, y dominado. Por supuesto, el varón no puede permitir tal cosa, y con arrojo se enfrentará a la malvada mujer. Decepcionante.
Algunas veces, el secuaz termina por convertirse en si mismo en villano. Es el axioma de las segundas partes. Si no huye el villano, es el secuaz el que vuelve buscando venganza, ahora con recursos propios para enfrentarse al héroe. Ésta es la apoteosis del secuaz. Una vez que el héroe lo derrote, nada quedará, salvo cenizas, para recordar su valor y tenacidad, en defensa de los valores y metas que él creyó correcto. ¿Quienes somos nosotros para juzgarlos?