viernes, 6 de noviembre de 2009

El Agente: Archivo #014 - Reencuentro


-Así que habéis venido desde México, ¿no es así?
-Sí, nos conocimos en una ciudad que se llama Caborca, no muy lejos de la frontera. Allí es donde conseguimos la caja.
Gillian miró hacia el exterior, observando el campus. No había mucha gente, era temprano, y fin de semana. Supuso que las cosas nunca son como parecen, y que quizá no estuviese destinada a estar con Kevin, al fin y al cabo.
-Aún no puedo creer que todo esto esté pasando. La caja, una corporación que planea dominar el mundo, persecuciones, disparos, es... irreal -dijo, negando con la cabeza.
Helen miró a Gillian con frialdad, y adoptó un tono bastante grave.
-Pero tú lo viste. Viste al hombre de negro. Viste como sacó aquella extraña pistola. Intentó matar a Kevin. No podemos permitirlo. No quiero que le pase nada, y ahora estamos juntos en esto. Y tú también, siento que te haya implicado. No fue una buena idea.
Gillian negó de nuevo con la cabeza, y miró a Helen fijamente, a los ojos.
-Haría cualquier cosa por Kevin. Si está en peligro, prefiero estar cerca de él en estos momentos. No me importa si eso me pone en peligro a mí también. Me pregunto si estará bien...
Helen, se acercó, y tomó sus manos.
-Estará bien. Es más duro de lo que parece. Sobrevivió al desierto. Sobrevivirá a esto.
Ambas se miraron intensamente. Tras un momento de silencio, Gillian se abalanzó sobre Helen, y ambas se abrazaron, mientras ella rompía en un sordo llanto sobre el hombro de Helen. Pasaron unos instantes, hasta que Gillian se hubo recuperado, y se deshizo del abrazo. Helen puso su mano sobre el rostro de ella, acariciando sus cabellos pelirrojos, que le caían sobre el rostro y le secó las lágrimas con un pañuelo. Gillian la miró con ternura, y sonrió levemente, mientras susurró una palabra de cortesía. Helen sonrió, y pensó que era chica muy agradable. Un poco blanda, pero quizá en aquello residía su belleza. De nuevo, sus manos volvieron a juntarse, ahora, inadvertidamente, como si se buscaran, sin querer reconocerlo. Volvieron a mirarse, con dulzura...Y, justo en ese momento, sonó el teléfono.
Gillian se levantó, y contestó. Mantuvo una conversación monosilábica, sonrió ligeramente, mientras periódicamente volvía su mirada hacia Helen, que permancía sentada en el marco de la ventana, observando a Gillian, y luego colgó el teléfono. Ésta miró a Helen, y dijo:
-Es Kevin. Dice que está mejor, y que vayamos a verle. Quiere hablar con nosotras.