domingo, 8 de noviembre de 2009

Gato en la selva de cristal

El gato doméstico caminó entre las hojas secas, que caían de los árboles. Todo lo que veía a su alrededor era duro asfalto. Hacía frío, y se sentía solo. Hacía poco que había atenido que abandonar su hogar, y todavía estaba aprendiendo a vivir en las calles. En un callejón, encontró otros gatos, a los que podía considerar sus amigos. Le habían enseñado un poco la ciudad, donde conseguir comida, donde refugiarse durante la gélida noche en la ciudad... Con todo, había algo en lo que no había hallado consuelo: seguía sintiéndose solo.
-Tienes que olvidar a tu antigua dueña. Volver por allí sólo te va a hacer daño. En ese sitio sólo encontrarás pescado podrido. -Le dijo uno de sus amigos, el gato negro que llamaban Black.
- Tal vez, pero quizá vuelva algún día.
- Los humanos son así. A veces se van, a veces vuelven. A menudo, se olvidan de lo que quieren y a quienes quieren con una facilidad pasmosa. No importa lo mucho que los hayas arrullado, al final sólo piensan en sí mismos.
-¡Mi ama no es así! -protestó el gato doméstico.
Otro de sus amigos, un gato atigrado al que llamaban Tigre, tomó la palabra, tras levantarse y acercarse al gato doméstico.
-Mira, no estoy de acuerdo con Black. Lél dice eso porque no conoce otra cosa que las calles. Los humanos son amables en el fondo, pero tienes que recordarles todo el tiempo que estás ahí. Ahora lo que tienes que hacer es confiar un poco en tí mismo, salir ahí fuera, y buscar algún humano, poner cara de pena, arrullarle un poco y maullar lastimeramente. Enseguida tendrás un hogar nuevo, amigo.
El gato doméstico protestó, con un bufido.
-Claro, eso es muy fácil de hacer, ¿no? Por eso estás aquí, ¿verdad?
-Eso es totalmente circunstancial. En mi caso, es la vida que he elegido. Ahora es tarde para cambiar.
-¿Y porqué no me habría de pasar a mí lo mismo?
Tigre se recostó, y maulló con un tono intrigante:
-¿Y qué otras opciones te quedan?¿Vas a estar así toda la vida?
-No lo sé. Pero, ahora mismo, lo único que me apetece es dormir en una casa caliente, mientras veo la tele y juego con una madeja de lana.
Black soltó un bufido. Tigre lo miró con reprobación, .
-Puedes hacer lo que quieras, pero ahora sólo puedes hacer una cosa. Seguir adelante con la vida que tienes. Si tienes suerte, quizá encuentres un nuevo hogar. Pero no esperes que los humanos vengan a buscarte para llevarte al suyo.
-Tal vez tengas razón... -dijo el gato doméstico, maullando lastimeramente.
Estaba cansado de vagar toda la noche por las calles, así que simplemente se buscó un sitio cómodo y no demasiado húmedo, y se echó a dormir, entregándose a la inconsciencia del sueño...