lunes, 17 de septiembre de 2012

El Nombre del Viento



Siendo sincero, El Nombre del Viento es una de las mejores novelas de fantasía que he leído. La última novela del género que he leído es Danza con Dragones, que también es de una calidad excepcional, pero creo que ambas gravitan en diferentes universos. Mientras que Danza con Dragones constituye el vibrante nudo de un drama épico que se extiende ya por cinco volúmenes y llegará hasta los siete, El Nombre del Viento es el primero de una trilogía que aunque también se inserte dentro de la fantasía heroica, tiene un matiz menos dramático y más "de cuento de hadas".

El argumento es el encuentro de Kvothe, un héroe retirado, con Cronista, un erudito viajero dedicado a recopilar y transcribir historias. La historia que Kvothe relata es la de su propia vida. No obstante, este encuentro dista de ser casual, y en la propia historia que nos cuenta Kvothe se hunden las raíces del árbol de acontecimientos que conducen de forma inevitable al mismo.

Kvothe acuerda dedicar tres días al relato de su vida, y El Nombre del Viento comprende el primer día de dicha narración, en el cual Kvothe relata su infancia y adolescencia, su admisión y estudios de simpatía (forma con la que se denomina a una forma menor de magia) en La Universidad, sus primeras aventuras como incipiente héroe y sobre todo, su dramático romance con Denna.

La historia está redactada de forma que la lectura es extremadamente ágil. Los capitulos son cortos, lo cual es de agradecer para aquellos como yo, que aprovechamos nuestros desplazamientos diarios en transporte público para la lectura. Imagino que esto también es adecuado para los lectores más jóvenes, que quizá podrían sentirse apesadumbrados con una narración dividida en largos capítulos. El libro está lleno de pequeños detalles de las culturas que pueblan el mundo de Kvothe que enriquecen al mismo: monedas, idiomas, dialectos, expresiones, etc. Todo ello contribuye a una rica ambientación que nos sitúa quizá en una incipiente Ilustración alimentada por las creaciones "tecnológicas" de la Universidad. Lámparas de simpatía, gafas de cristal, devoracalores, y toda una plétora de avances crean cierta atmósfera steampunk, que aleja la ambientación de la clásica fantasía medieval. Como fan del steampunk que me confieso, esto ha resultado especialmente fascinante. 

Nota: 8. Lo único mínimamente reprochable al libro es que el grueso del arco argumental del libro resulta un poco trillado. Cierto que el paso por la Universidad resulta un tránsito obligado en la forja del héroe llamado Kvothe, pero la idea de la crónica de un estudiante en un "colegio de magia" ya no es nueva.