martes, 30 de marzo de 2010

Panopticon II





Al día siguiente del artículo que venía con este nombre, justo leí en el blog de Stephen Baker una entrada muy interesante, relacionada (tangencialmente) con este tema. Aunque él plantea que es posible que Google esté minando nuestra capacidad de pensamiento crítico al dar publicidad a la cantidad de personas que han hecho la misma consulta, yo expando un poco más sus ideas.

En el siglo XXI, la información es poder. Sin embargo, tal es el volumen de información que quien nos permite acceder a ella en menos tiempo, es quien tiene el poder. Google puede. La conclusión es lógica: Google tiene el poder. Una muestra de ello es cómo Google se ha convertido en un arma política de EE.UU. contra China, por ejemplo. Un interesante artículo de José Cervera lo ilustra. Personalmente, me atrevería a bautizar el enfrentamiento entre Google y China como la primera guerra virtual, pero estaría mintiendo. El gobierno de Alemania ya se adelantó en 2007, por ejemplo.

Todo esto tiene que ver con el control sobre la información. Google aspira a dominar el flujo de la información que transcurre por Internet. De esa forma, puede convertirse en el Gran Hermano. "Don't be evil" ("No seas malvado") es el lema de Google. Suena bastante similar al lema del Ingsoc, en 1984 de George Orwell. También en esa novela, el Ingsoc comenzó con un objetivo noble, pero terminó en someterse a su propia voluntad de poder. Y para ello no dudó en convertirse en un régimen totalitario. Me pregunto yo si Google será capaz de mantener su curso alejado de dicha voluntad de poder. Por de pronto, cuando en 2006 se sometió a la censura del gobierno chino, parecía que no. Sin embargo, al alzarse contra éste en pie de guerra, me pregunto si de verdad se han librado de esa tendencia, o han sucumbido a ella. ¿Pretende Google una revolución en China? Al menos, sus tácticas parecen bastante revolucionarias y destinadas a la provocación.

Por supuesto, nos resulta muy difícil poder hacer otra cosa que especular, y la razón es que Google es el troll bajo el puente, que determina quien pasa, y quien no. Por supuesto, podemos recurrir a otros medios para saber más acerca de las intenciones de Google... pero dichos medios necesitan tanto de Google como Google de ellos.

Pero esto no es lo grave del asunto. Lo grave del asunto, y aquí retomo el tema con el que comencé esta entrada, es que nosotros nos conformamos. Aceptamos la verdad dada por Google como absoluta, no la cuestionamos. Si tiene un rating alto, es verdad, es auténtico. Cuando más bajo sea su rating, y menos coincidencias tenga en la búsqueda, menos fiable se hace la información. Google determina qué es verdad, y qué es mentira. Nosotros, al aceptarlo, nos convertimos en potenciales cobayas de ingeniería social para Google. No estoy asegurando que Google haga esto, porque, de nuevo, no lo sabemos. Google no lo va a decir. Las alternativas a Google no son fiables, pues buscan cuota de mercado, desprestigiando a su rival. La verdad se escapa de nuestras manos, y en tal situación sólo podemos confiar en nuestro razonamiento crítico para poder determinar qué es verdad y qué es mentira ante toda la información que circula por Internet. Sólo nosotros podemos salir de la caverna y ver el mundo de las ideas con nuestros propios ojos, y entonces, saber la verdad.