sábado, 7 de septiembre de 2013

La irrelevancia de Europa






En una entrada anterior hablé de las muchas similitudes que existen entre la situación actual de Siria con la de Irak en 2003. En esta entrada me gustaría hablar de algunas diferencias, pero especialmente de la que más me llama la atención: la división de Europa. Como ya anticipa el título, podéis imaginaros cuál es la consecuencia lógica de esa situación.

En 2003, la unanimidad de Europa fue total, salvo por Reino Unido y España, que se convirtieron en los mayores aliados de EEUU en una guerra de conquista que se vendió como la liberación de un pueblo oprimido por un dictador que usaba con él armas prohibidas y podría usarlas con otros países a través de organizaciones terroristas. De todo esto ya he hablado también, así que no incidiré sobre ello.

En este momento, sin embargo, las alianzas han cambiado. Reino Unido se ha visto obligado a romper la suya con EEUU, cuando sus propios parlamentarios votaron en contra de entrar en guerra. Todo el mundo es consciente en Londres que la guerra de Irak costó a Tony Blair su gobierno y el sentido común de algunos tories indica que Cameron está a punto de repetir el mismo error.

Al otro lado del canal, sin embargo, soplan otros vientos. Con una oposición un tanto desinflada, Hollande está dispuesto a asumir un papel más gaullista y se ha convertido en el más firme apoyo de Obama en la intención de conquistar Siria. Puede que la afinidad ideológica ayude, pero si no fue un factor en 2003, es poco probable que ahora lo sea. En cambio, Hollande parece querer que su gobierno se caracterice por un papel más agresivo con respecto a sus antiguas colonias y después de la intervención en Mali, ahora sería el turno de Siria.

Mientras se dibujan las filas de uno y otro bando, Alemania permanece en silencio. Merkel es consciente de que la Ley Fundamental alemana impide a su ejército intervenir fuera del país si no es partícipe de una misión multinacional bajo bandera de la ONU o bien de la OTAN. También es consciente de que está en plena campaña electoral y tomar una decisión firme ahora puede poner fin a su carrera por la reelección por parte de un electorado que masivamente está en contra de la guerra.

España e Italia ocupan una posición secundaria. Nuestro Gobierno apoya (no oficialmente, aunque EEUU sí lo da por hecho) la idea de una intervención militar sin el apoyo de la ONU, mientras que Letta no quiere arriesgar su delicado equilibrio al frente del gobierno por una cuestión que puede devolver Italia a la anarquía de hace unos meses. Los demás países de Europa no tienen una posición definida, o guardan silencio al respecto. 

La consecuencia lógica de esta desunión sólo puede ser la irrelevancia de Europa como actor político. Mientras que en 2003, una Europa unida formó un bloque político unido, en estos momentos Europa vuelve a dividirse entre leales a EEUU y leales a Rusia, justo como en la época de la Guerra Fría, aunque en este momento no es la ideología lo que separa a ambos bloques, sino simplemente los intereses comerciales.

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