lunes, 6 de febrero de 2012

Pito, pito, colorito...

Enhorabuena, Sr. Rubalcaba. Ha lo grado lo que sabios, filósofos y matemáticos han tratado de resolver desde hace tres mil años: la cuadratura del círculo. Ha logrado que los socialistas elijan para la renovación de su partido al candidato que lleva en el partido desde el pleistoceno superior. Éste, por supuesto, se ha rodeado de los suyos como era de prever. Me pregunto cómo un dinosaurio que se rodea de otros personajes salidos del primer gobierno de Jose Luís Rodríguez Zapatero puede suponer una renovación.
Cualquiera que lea estas líneas, pensará que soy un fanboy chaconista, pero se equivocaría. Encuentro a Carmen Chacón con el mismo carisma de una sopa de caldo de pollo. Aunque pueda tener cierto talento para el liderazgo (o algo), sus discursos podrían ser vendidos como cura para el insomnio. Además, su programa está lleno de obviedades, tonterías propias de la izquierda que suelen resultar un desastre y escondidas entre ellas alguna buena idea como la revisión de la ley de propiedad intelectual para favorecer el desarrollo de la industria cultural a través de Internet. También me parece sensato la reestructuración y definición competencial de las diputaciones provinciales; que no su supresión, como propuso Rubalcaba.
No obstante, me hubiera parecido sensato que una mujer encabezara de una vez un partido político (UPyD no cuenta) y pudiera aspirar a liderar el país. No digo que Rubalcaba sea una mala elección, no obstante. Mientras que Carmen Chacón ha sido llevada de la mano por Zapatero en el mundo político desde pequeña (ingresa en el partido con 16 años), Rubalcaba se lo ha labrado solo, y resultó que se le da de muerte. Pero con más de sesenta años, su momento ha pasado.
Aunque Rubalcaba podría hackearnos a todos y no presentarse a las próximas elecciones, dejando en manos de la propia Chacón o de otra persona. Al fin y al cabo, lleva treinta años siendo la sombra detrás de todos los presidentes y candidatos socialistas.
No obstante, hay algunas cosas que me hubiera gustado que mejoraran en este proceso. En primer lugar, me ha sorprendido desagradablemente la ausencia de un debate entre candidatos. Desde el principio, el proceso ha sido un diálogo a través de una pared, en la que ha habido distorsiones, malentendidos y una ausencia casi total de diferencias entre objetivos y metodología por parte de ambos candidatos.
En segundo lugar, el propio método decimonónico de votación resulta aberrante. La idea es que se celebran unos mini-congresos regionales, en los que se eligen a unos delegados que votarán en el congreso. Maldita sea, ¿por qué no se ahorran este paso intermedio, y votan directamente al candidato como hacen en Francia? Así se ahorrarían toda esa telenovela de quién apoya a quién y cuántos delegados controla cada candidato. Es más, podían dar la oportunidad a los ciudadanos de votar, tal y como hacen ellos. Al fin y al cabo, al partido socialista (y al resto de partidos) los financiamos los ciudadanos y somos quien, en definitiva, va a elegirlo (o no) en las generales. Si un candidato tiene pocos votos por parte de los ciudadanos, igual es mala idea que luego se presente. Eso haría que las elecciones generales fueran un poco más competidas.
La tercera crítica (extensible a todos los partidos) está en la mera elección de los candidatos. Sólo pueden presentarse los militantes, no los afiliados. La diferencia es sutil, pero implica cierta discriminación sutil entre quienes simplemente se interesan por la política y quienes trabajan en ella. La diferencia entre afiliados y militantes es una barrera de entrada para cualquier persona que quiera dedicarse a la política y no tenga una solvencia económica que le permita dedicarse a ello profesionalmente. Además, provoca la necesidad de articular los partidos como entes de derecho público y a los políticos como una especie de trabajadores públicos no sometidos al control del Estado. Con todo lo que ello contribuye a obstaculizar la transparencia y favorecer la plutocracia.

VIDA EXTRA: Parece que sí va a haber una elección directa por parte de militantes y simpatizantes del candidato a las elecciones. Lo cual supone adoptar el modelo francés. Aunque sigue siendo un sistema semicerrado de elección primaria. Sigo pensando que, ya que pago al partido con mis impuestos, debería tener derecho a elegir al candidato de cada partido aún a riesgo de raiding.