viernes, 17 de febrero de 2012

Así fallará la reforma laboral (IV)


Está visto que esta serie de artículos sobre la reforma laboral va a tener más entregas que Saw y un final igual de dramático. Al fin y al cabo, ambos van de recortar cosas, ¿no? Chistes fáciles aparte, esta semana he estado analizndo el texto legal, pero también las reacciones al mismo. Y antes de entrar en el ánalisis de la reforma en sí, hay algunas cosas que me gustaría aclarar y rebatir en esta entrada. Fundamentalmente, lo que daría en denominar "grandes mitos del mercado laboral español". Muchos de los argumentos que se están dando pro y contra a la reforma parten de errores conceptuales importantes, alimentados no sé si por ignorancia, interés político/económico, o una mezcla de ambos.

Ahí van algunas pedradas:
1.- El abaratamiento del despido es positivo porque contribuye al movimiento del mercado laboral. El abaratamiento del despido puede ser positivo, (aunque mayormente, tiene un efecto neutro). La principal razón es una cuestión de dumping social. El coste de despido incrementa los costes de la actividad productiva, y por tanto, la hace menos eficiente. De acuerdo. Por lo tanto, el argumento en favor de reducir el coste de despido tiene sentido en un contexto en el cual existe igualdad de oportunidades entre trabajadores. Sin embargo, en un mercado dual de trabajadores como el nuestro, lo que provoca es una mayor temporalidad. Es decir, que la reducción del coste de despido incrementa la contratación pero también el despido (empresarios que antes no estaban dispuestos a despedir ahora lo están, ya sea para reconvertir trabajadores regulados por la normativa antigua a otros regulados por la nueva; o simplemente porque si se regulan por la nueva norma es rentable despedir). Además, esto se cristaliza con la dualidad de nuestro mercado laboral. El empresario no va a despedir a los "jarrones Ming" de su plantilla (trabajadores altamente ineficientes, pero con una antiguedad tal que supone un alto coste de despido), sino al empleado joven que ha contratado el mes pasado y cuya indemnización por desempleo es ridícula.

2.- La flexibilidad del mercado es positiva. Cierto, pero solo en parte. La flexibilidad es positiva en un mercado laboral donde la expectativa de encontrar un nuevo empleo es elevada. De tal manera que si la alternativa está entre dejar mi puesto de trabajo o desplazarme a la Cochinchina, manteniendo todas las cargas financieras actuales (hipoteca, familia, etc), más los costes adicionales de desplazarse al nuevo destino; elegir dejar el puesto de trabajo no suponga un riesgo traumático de incurrir en marginación. No es el caso del mercado laboral español, que se caracteriza por un porcentaje muy elevado de parados de larga duración. Por otra parte, la flexibilización del mercado y el aumento de potestades del empresario, facilitan que éste no cree puestos de trabajo nuevos, sino que adapte los existentes a sus posibilidades. Dado que el trabajador tiene la opción de rescindir su contrato, en aquellos casos en los que no haya acuerdo (y siempre va a haber un porcentaje de ellos), el trabajador se va a la calle sin subsidio. Sin garantías de poder volver a incorporarse al mercado, en las condiciones actuales. Es decir, que la flexibilidad puede incrementar la dualidad, y también el paro.

3.- Los jueces son quienes mejor determinan el coste del despido. A pesar de mi total respeto por la actividad judicial, creo que quienes más eficientemente determinan el coste del despido son trabajador y empresario. Es decir, deben favorecerse los mecanismos de mediación laboral, no eliminarlos (o limitarlos hasta dejarlos mutilados) como hace el decreto. La razón está en los costes indirectos que supone la judicialización del despido. Estos costes indirectos incluyen por una parte los salarios de tramitación y por otra parte el coste del propio juicio. Ni lo uno, ni lo otro, es un coste que debería dejar de ser tenido en cuenta. Además, también favorece a la eficiencia una mayor transparencia en la relación laboral, si ambas partews conocen a priori el coste de terminar la relación laboral. Dejándolo al arbitrio del juez, simplemente se consigue mayor oscuridad.

4.- Abaratar el despido contribuye a reactivar el mercado. Es un poco incidir sobre lo dicho, pero reduciendo costes unilateralmente vía salario, y ofreciendo precios más bajos, no se contribuye a una mayor competitividad. Se ajusta la oferta y la demanda en un equilibrio más bajo, en todo caso. Mientras que en la lado de la demanda, el único valor variable que afecta a la misma es el multiplicador del consumo, en el lado de la oferta los precios de los productos y los salarios son los principales valores que la configuran. Si se reducen los salarios, los empresarios se encuentran con que sus costes son menores, y por tanto pueden reducir costes y reducir el precio de los productos. Por su parte, los trabajadores se encuentran con un sueldo menor, aunque la rebaja de precios aumenta su renta. Eso es lo que debería aumentar el consumo y producir una espiral de crecimiento. Sin embargo, si los empresarios no reducen precios (y por tanto, su propio beneficio) en favor de la expansión del mercado, lo único que se produce es una reducción de la renta disponible de los trabajadores, que consumirán menos y por tanto aumentarán la espiral depresiva. ¿Qué puede influir en que los empresarios reduzcan o no los precios? En un mercado de información perfecta, el empresario sabe que reducir precios va a provocar un aumento de la demanda. Sin embargo, en el mundo real, eso no ocurre así. En primer lugar, uno de los pilares de la economía es que los agentes son racionales, y siempre procuran maximizar su beneficio. Por esa razón, ante la decisión de aumentar el beneficio y reducir precios con la incertidumbre de si eso provocará un aumento del consumo que compense los beneficios perdidos en la reducción de costes, el empresario decidirá quedarse con los beneficios.

5.- Hay que ayudar a las PYMEs, porque representan más del 90% de nuestro tejido empresarial. NO, NO, y NO. Y esto me cuesta decirlo, porque yo mismo me plantée (y no descarto del todo) montar mi propio negocio. Es cierto que crear una empresa en España es una pesadilla conceptual. Hay demasiadas trabas burocráticas y barreras financieras de entrada. Es cierto que se deben apoyar a las start-ups. Pero hay más motivos que supongan que es negativo ayudar más a las PYMEs. En primer lugar, porque nuestra economía padece una suerte de "síndrome de los tres chiflados". Tenemos demasiadas empresas pequeñas, y pocas tienen la dimensión como para exportar. Claro, las empresas que exportan son las grandes. ¿Qué nos va a servir para salir de la crisis? La exportación. Por eso que debemos favorecer el crecimiento de las empresas, su agrupación en clústeres, así como la fusión entre ellas. Sólo de esa forma se puede lograr la masa crítica suficiente como para que se produzcan economías de escala en la exportación. Y sólo la exportación nos va a sacar de la recesión. La matemáticas no mienten. La ecuacion de la oferta agregada es Y=C+G+I+X-M. Es decir, que la renta es igual al consumo (actualmente en descenso, por la reducción de la capacidad de ahorro y la reducción de la renta disponible, ambos factores que afectan al multiplicador del consumo) más el gasto público (de su reducción creo que no hay ni que hablar, es evidente) más la inversión (sin crédito por parte de las entidades financieras ni del Estado, este es prácticamente cero en la actualidad) más las exportaciones y menos las importaciones (España tiene en su balanza de pagos el segundo peor déficit del mundo). Es decir, en estos momentos, lo único que suma a la demanda son las exportaciones. Y las PYMEs no pueden afrontar un aumento de las exportaciones eficientemente. Además, hay otro factor a tener en cuenta. Es el desincentivo a crecer que tienen las PYMEs cuando dejan de serlo y pierden las subvenciones que se aparejan a su condición. Debido a que las PYMEs se miden por el número de trabajadores, y no otros parámetros, prefieren aumentar la carga de sus trabajadores, que contratar otros nuevos.


VIDA EXTRA: Sobre el polémico punto quinto (sabía que traería cola), quiero hacer una matización. No digo que las pymes sean el mal y que haya que exterminarlas. Hay que filtrar esas ayudas, distinguir el trigo de la paja, con el objeto de lograr una reconversión del modelo empresarial en uno fundamentado en la exportación. La exportación, ciertamente, no es tan difícil. Puede hacerse, incluso por una empresa pequeña. Pero tiene barreras de entrada logísticas: el transporte es caro. Eso supone que o bien incrementas el precio (y te haces menos competitivo), o bien reduces tu margen de beneficios, que se puede compensar si tienes un volumen de ventas adecuado. Pero hay una tercera vía: reducir los costes logísticos mediante economías de escala, y esto es algo que solo pueden llevar a cabo empresas grandes o empresas pequeñas a través de la agrupación en clústeres. Como nuestro modelo empresarial es el de las pymes, la opción más racional es ayudar sólo a las pymes con un compromiso de crecimiento o de clusterización y una estrategia definida de exportación.Enlace