miércoles, 7 de octubre de 2009

El Agente: Archivo #010 - Cambio de perspectiva



Gillian se despertó aquella mañana con pocas ganas de estudiar. Y mucho menos de trabajar. Se preparó un café, y, de mala gana, se dirigió hacia la Universidad. Una vez allí se dirigió al viejo edificio donde se encontraba la Facultad de Comunicación y Bellas Artes, en la cual estudiaba, y también trabajaba. En fin, aquél lugar se había convertido en su hogar, más que el apartamento que tenía alquilado en la ciudad. Su trabajo, bastante monótono, consistía en mantener el archivo de la Facultad, lo cual implicaba manejar toda clase de documentación y cachivaches extraños. Lo último le parecía interesante, e investigar aquellos artilugios hacía que mereciera la pena pasar horas encerrada en un sótano.
El mayor problema de trabajar en el sótano, es que su teléfono móvil no tenía cobertura, con lo que a menudo perdía las llamadas que le hacían. Por lo tanto, antes de salir de casa, siempre desviaba su teléfono móvil al teléfono de casa, que tenía conectado uno de aquellos antiguos contestadores de cassette. Hoy en día era un poco difícil encontrar los cassettes, pero tampoco quería deshacerse de aquella reliquia del pasado, como tantas otras que poblaban su casa, como un tocadiscos, en el que solía poner vinilos de Elvis que su madre le había regalado (entre otros, que ella había adquirido), o un viejo Mac de los años 90.
Cuando volvió ese día de la Facultad, se encontró un extraño mensaje en su contestador:
"Hola, Gillian. No sé si te acordarás de mí. Soy Kevin. Nos conocimos en un curso que hicimos juntos en Nueva York, hace un par de años. ¿Tú estudiabas historia del arte, verdad? Necesito tu consejo sobre una cinta de vídeo... muy extraña. Por favor, contesta a mi llamada, ¿de acuerdo? Es importante".
Gillian buscó en su agenda, curiosa, y encontró el número de ese tal Kevin. Marcó el número... esperó... un tono... dos tonos... y entonces, un joven se puso al teléfono.
-¿Hola? ¿Quién es?
-Hola, Kevin, soy Gillian. Te llamaba por el mensaje que me dejaste.
-¡Ah, sí! ¿Tú vives en Memphis, verdad? ¿Crees que podríamos vernos un día de estos?
-Sí, claro. Pasado mañana estaré libre a partir de las 12:00.
-Bien, un momento.
Kevin puso la mano sobre el micrófono, y se giró hacia Helen.
-¿Crees que podremos llegar desde aquí hasta Memphis en dos días?
-Sí, claro. En avión, eso sí.
-Bueno, no creo que eso suponga un problema.
Se puso de nuevo al teléfono.
-¿Hola? ¿Gillian? ¿Podrías pasar a recogerme al aeropuerto, a eso de las.. 12:30?
-Hmmm... supongo que no hay inconveniente. Nos vemos entonces.
-Hasta luego, y gracias.
-De nada, yo también tengo ganas de verte. Hasta dentro de dos días.
Gillian colgó el teléfono. Nunca creyó que volviese a ver a Kevin alguna vez. Pero, mira tú por donde, el destino a veces llama a tu puerta dos veces.