domingo, 18 de mayo de 2014

El "derecho al olvido", una realidad ahora en la UE arroja sombras


Hace unos días, el Tribunal de Justicia de la UE reconoció en sentencia el llamado "derecho al olvido" al español Mario Costeja, el cual fue a juicio contra Google España para que retirara los enlaces que hacían referencia a ciertas deudas que tenía con la Seguridad Social española y que ya saldó hace años. Sin embargo, la información quedó en Internet, mermando su reputación. A pesar de ser una empresa norteamericana, el TJUE ha obligado a Google a acceder a la petición en tanto que dispone de sucursal en España y por tanto resulta sujeto a derechos y obligaciones en la Unión Europea.

La sentencia crea una situación sin precedentes en el mundo, y no pocos internautas defensores de la libertad de expresión se han quejado. El argumento es que lo que se retira es el enlace, no la información injuriosa, que sigue estando en Internet. Por su parte, otros defienden que esto convierte a Google en una "herramienta de censura", ya que va a causar la ocultación de datos relevantes sobre personas u organizaciones con el objetivo de modificar la opinión pública.

Sea esto cierto o no, sí es un hecho que Google ha recibido en estos días, desde que se produjo la resolución, una avalancha de peticiones reclamando el "derecho al olvido". Tal y como cita el artículo enlazado, se destacan peticiones como las de un político que busca su reelección y que quiere eliminar enlaces a información sobre hechos ocurridos durante su administración, un pederasta que quiere que se eliminen enlaces a su sentencia, o un médico que quiere que se retiren los enlaces a información sobre malas prácticas ejercidas. ¿Están suficientemente fundadas estas peticiones? Sin duda, en un mundo globalizado como el nuestro, no es posible como en siglos pasados emigrar y empezar de nuevo tan fácilmente como antes cuando es posible encontrar información sobre cualquier persona en Internet. 

Desde mi punto de vista, negar el derecho al olvido es emprender una senda peligrosa. Se trata de emprender la senda del Panopticon, en la cual no existe la privacidad. Es un camino en el que con el suficiente tiempo, es posible saber todo de todas las personas. Y teniendo en cuenta que esa información puede ser usada por determinados grupos de poder para ejercer influencia sobre las personas o las sociedades, nos encontramos ante un mundo en el que la toma de decisiones se vuelve diabólicamente complicada. Cualquier decisión tendría repercusiones ad infinitum ya que basta que una persona lo revele para que quede indisolublemente asociado al nombre de esa persona. Se trata de intentar convertir a las personas en máquinas, incapaces de cometer un error. Desde mi punto de vista, eso no está nada bien.

Es cierto que algunas personas abusarán de este derecho para ocultar sus fechorías. Sin embargo, creo que es un precio relativamente pequeño por conservar nuestra humanidad.