jueves, 18 de octubre de 2012

Mitos del teatro económico (I): Austeridad expansiva



Este es el primero de una serie de artículos en los que quiero derribar algunas de las mentiras que se cuentan en los medios, y que se toman como verdades perfectamente aceptadas.

Ya en la reseña de ¡Acabad ya con esta crisis! toqué fugazmente el tema que voy a tratar en esta entrada, la llamada "austeridad expansiva", pero hoy lo ampliaré bastante más. En cualquier caso, ese libro ofrece una explicación bastante más extensa y científica que la mía. Mi intención con este artículo es intentar aclarar esta cuestión de forma resumida.

¿Qué es la "austeridad expansiva"? Se trata del dogma de fe que defienden la mayor parte de neoliberales como forma de salir de la depresión económica en la que se halla sumido el mundo. De acuerdo con ellos, "el déficit de los Estados es demasiado grande. Es necesario reducirlo para lograr la confianza de los mercados y así reactivar la economía".

Analicemos este "mandamiento divino" por partes.

El déficit es una medida contable: es la cantidad de dinero que una economía (una persona, una empresa, un país) gasta por encima de lo que ingresa. ¿Déficit con respecto a qué? A menudo se cita mediante un porcentaje: "el déficit es de un 6,5%", p.ej. Se trata del porcentaje que excede de los ingresos para un ejercicio determinado. El déficit se relaciona con la deuda, ya que cuanto mayor deuda, mayor es el déficit, lógicamente. La deuda se mide también con un porcentaje. Dicho porcentaje expresa la relación entre deuda y PIB. Por lo tanto tenemos una cifra de gasto por encima de mi ingreso, que depende de cuánto debo en relación con lo que produzco, menos lo que importo.

Esto está mal, en varios sentidos.

Midiendo más de la cuenta

En primer lugar, la deuda, como medida contable, se refiere a un solo ejercicio, lo mismo que el PIB. Sin embargo, la deuda tiene diferentes vencimientos: inferiores, iguales y superiores a un año. Estos últimos bonos constituyen la mayor parte de los mismos, por lo que tomar los vencimientos a un año (que es lo presupuestado como gasto, y por tanto, contabilizado como pérdida y que contribuye al déficit) es una medida poco relevante. Claro que, con las actuales herramientas que tenemos es imposible predecir el crecimiento de una economía a diez años, muy a pesar de que los Estados suelan endeudarse a cinco, diez, o veinte años. En la práctica, esto significa que realmente no existe ninguna garantía efectiva de que un Estado vaya a pagar lo que debe. Por eso es tan importante "la confianza de los mercados", pero ya hablaré más adelante de eso.

Esta medida tuvo sentido cuando las economías se basaban en la producción. Sin embargo, nuestras economías se basan en los servicios. Actualmente, la mayor parte de países de occidente, y sin duda, todos los países europeos dedican unos dos tercios de su fuerza de trabajo a los servicios. Contabilizar los servicios es una tarea delicada, ya que el precio es totalmente subjetivo. Las empresas dedicadas a servicios turísticos querrán mostrar resultados reducidos para poder optar a más subvenciones, además de ofertar precios artificialmente bajos a medida que aumente la competencia. Por supuesto, compensan el déficit en el que incurren con dichas subvenciones. En consecuencia, no debe extrañarnos casos como el de Spanair, ya que son resultado de esta suma de incentivos perversos. Lo que resulta de estas prácticas es una tarificación artificial de los ingresos del turismo y otros servicios subvencionados. Por ello no debe extrañar que cuanto mayor sea la especialización en servicios, mayor sea la deuda sobre el PIB. No hay causalidad entre ambas, pero sí correlación.

Otro factor de falsedad en la medición del déficit en su relación interdependiente con el PIB es el efecto perverso que ofrece sobre el resultado de las políticas de austeridad. Supongamos que el país A debe 50 y tiene un PIB de 100. Debe, por tanto, un 50% de su PIB. Ahora pongamos que ejecuta una política fiscal contractiva: recortes. Su PIB se reduce a 90 por culpa de dichos recortes. Bien, ahora su deuda ha aumentado al 55,56%. No solo tiene menos dinero en términos absolutos, sino que "debe más" en términos relativos. A esto los austeríacos dicen: no se ha recortado lo suficiente. Lo cual produce una espiral de recorte y aumento de deuda relativa no porque el país haya pedido más dinero prestado, sino porque produce menos.¿Es esto lo que le ha pasado a España? No, nuestro país se ha endeudado brutalmente también en términos absolutos. Pero el efecto de ese endeudamiento viene estando distorsionado desde 2010, por los recortes que se han venido haciendo. Y a medida que se acerquen los vencimientos de deuda a largo plazo (más de dos años) contraídos desde 2010, la deuda será cada vez mayor incluso aunque el PIB se mantuviera igual. Cosa poco probable, por cierto, si continúa la política fiscal contractiva.

Lecciones bíblicas de economía

Ahora que ya hemos visto cómo la austeridad llama a más austeridad, y el déficit llama a más déficit si se compagina con ella, podemos preguntarnos: ¿tenemos un déficit demasiado alto?

La cuestión que debe uno plantearse es ¿con respecto a qué? Ya hemos visto que el PIB no es una medida muy fiable al menos en las economías postindustriales, y en especial en las economías del sur de Europa. Usemos la parábola del sueño de José. José era consejero del Faraón de Egipto. Una noche, tiene un sueño con el que predice que habrá siete años de vacas gordas y siete de vacas flacas. El número, como todos los de la Biblia, no debe interpretarse literalmente, muy a pesar de que algunos se empeñen. Pero no quiero pararme en temas de exégesis. Tenemos, por tanto, que nuestro economista ha predicho un periodo expansivo seguido de otro contractivo. José aconseja al Faraón una política contractiva (construir graneros, y almacenar producción en vez de exportarla) durante el período de expansión, para poder llevar a cabo una política expansiva durante la recesión (vender los excedentes almacenados, y gastar ese dinero en lo que sea necesario para salir de esa recesión).

No sabemos a ciencia cierta quién escribió este fragmento del Antiguo Testamento, pero sin duda ha acertado plenamente en la lección básica de la macroeconomía: ahorrar en periodo de expansión, gastar en periodo de contracción.

Y aquí es el punto en el que retomo la cuestión: el punto de referencia que toma el economista bíblico es el ciclo económico. Así, si midiéramos el déficit con relación al ciclo económico, podríamos saber con certeza cuánto podemos gastar durante una recesión: tanto como hemos ahorrado durante el ciclo expansivo.

Todo es cuestión de confianza

Muchos economistas y políticos neoliberales están obsesionados con obtener "la confianza de los mercados". Lo primero que debemos preguntarnos es: ¿qué es la confianza? ¿cuántas copas se compran con confianza? Seguramente, lo que el camarero nos fíe, hasta que se canse de nosotros y nos exija pagar, o llame al encargado de seguridad para obligarnos a pagar o echarnos a palos del local y prohibirnos la entrada. Esto es en lo que nos hemos convertido: en gorrones de la economía mundial. Tenemos que conseguir que los demás nos fíen, porque ni tenemos dinero, ni perspectivas de conseguirlo. Para que nos fíen, tenemos que dar la impresión de que podemos pagar más adelante. Eso es la confianza: un engaño.

Lo segundo que debemos preguntarnos es ¿qué mercados? ¿Le importa al danés aficionado al tinto de Rioja si España es más o menos solvente? ¿y al turista japonés que viene a hacer fotos a la Giralda? ¿y al geek americano que quiere comprarse por Internet el último modelo de MP4 Bluesens? La respuesta a todas estas preguntas es no.

No estamos hablando, por tanto, del mercado de bienes y servicios. ¿Importa a los inversores la solvencia del Estado español si Endesa o Inditex, o La Seda de Barcelona obtienen ganancias en bolsa? Bueno, quizá un poco. Pero sus inversiones son a tan corto plazo (compran y venden a diario, a menudo muchas veces por hora), que los vencimientos de deuda de un Estado y los planes de recorte macroeconómico son como los movimientos tectónicos para una mariposa. ¿Influyen? Sí. ¿De forma suficiente como para prestarle atención? No. Otra cosa es que dichos recortes afecten a la economía real a corto plazo, y eso les preocupe. Pero un inversor, ante semejante panorama, se va con su dinero a aguas más tranquilas.

Tampoco es este el mercado al que hay que dotar de confianza. ¿Qué mercado es, entonces? Tal y como introduje este apartado, me refería al mercado de los "fiadores", es decir de aquellas personas, empresas, instituciones o Estados que prestan dinero. Estamos hablando del mercado de deuda.

Así que tenemos que dotar de confianza a los mercados de deuda para que nos presten dinero y podamos reactivar la economía. Dicho así, suena hasta posible. Sin embargo, cualquier persona que haya tenido que prestar dinero (a un amigo, a un familiar, etc) sabrá lo difícil que es fiarse de alguien que sabes que es muy posible que no te devuelva el dinero. Nos están pidiendo, por tanto, que mutilemos nuestra economía para fingir mejor que podremos pagar una deuda que somos conscientes que no podremos pagar.

Salvo que reactivemos la economía, claro. ¿Es eso posible?

Cómo se reactiva la economía

José nos enseñó a gastar en periodo contractivo, y a ahorrar en periodo expansivo. Reactivar la economía consiste, según la parábola bíblica, en gastar nuestros ahorros (el grano) para poder ganar dinero con el que financiarnos. Reactivar la economía implica, por tanto, gastar.

Sin embargo, si imponemos enmiendas constitucionales exprés para poner un techo de gasto eso supone que una vez detraídos los intereses y el valor principal de la deuda que hemos asumido, no podemos gastar más de lo que ingresamos. ¿Y si ingresamos menos de lo que cuesta tomar dinero prestado? Es entonces cuando tenemos un problema grave, ya que es imposible "reactivar la economía", porque no se puede reactivar sin que alguien gaste. Ese alguien tiene que ser el Estado, porque es el mayor agente económico de cualquier economía, y por tanto, el agente con mayor capacidad de gasto. Pero el Estado se ha incapacitado para gastar, vive para pagar sus deudas.

En tomar prestado para pagar deudas no hay reactivación ninguna de la economía, todo lo contrario: se producirá un desmoronamiento de toda la parte de la economía que depende del gasto del Gobierno y ahora se dedica a pagar deudas. Eso provocará que se despida gente, aumente el paro, y el Gobierno tenga que asumir un mayor gasto indirectamente. Pero esas personas habrán perdido buena parte de sus ingresos, y reducirán respectivamente sus gastos en aquello que consumían. Y a partir de ahí, un ciclo depresivo sin fin.

Conclusiones

La austeridad expansiva nos conduce a tratar de engañar a los demás agentes económicos para que nos presten dinero que no podremos devolver porque hemos destruido nuestra fuente de ingresos y hemos provocado un ciclo depresivo en nuestra economía, negándonos a gastar lo que han prestado.

Ese es el modelo económico que, según los Gobiernos europeos y la Unión Europea, va a sacarnos de la recesión. La realidad es que cada vez estaremos más endeudados y más hundidos en una depresión sin fin.