viernes, 8 de junio de 2012

Ojos de serpiente


Esta entrada estaba pensada para ser publicada tal vez la semana que viene. No, no tiene nada que ver con la película, la cual por cierto recomiendo. Tal vez algún día la reseñe. Ahora, al turrón.

Ante la filtración de que el rescate financiero a España podría producirse este fin de semana tras la rebaja en tres puntos a la deuda española por la agencia de descalificación Fitch, he decidido publicarla ya. Lamento si tal vez está menos documentada que otras. La semana que viene, cuando sepamos más información tal vez amplíe este artículo con uno nuevo. Como siempre, os invito a leerlo con un ojo crítico. 

Hace unos días hablaba de la estrategia económica de EEUU para llevar a cabo el expolio de países enemigos, y de cómo ésta puede extrapolarse a la situación de los países quebrados de la UE, y aunque no estemos en entre ellos oficialmente, también a España. Bien pues, una vez más ha llegado el momento de tomar decisiones. El gobierno ya ha reconocido abiertamente que necesita ayuda financiera de Europa, tras varios días negando que se esté negociando una intervención, rescate financiero, electroshock económico o como se le quiera llamar (por cierto, que a cada semana se desdicen de sus palabras más rápido). Todo ello a pesar del viaje de urgencia de la Vicepresidenta a Washington y del Ministro de Economía a Berlin. Espero francamente que no fueran de compras o a tomarse unos daiquiris. No nos engañemos, fueron a firmar compromisos que pronto serán revelados. O eso, o a mentirles a la cara de la señora Lagarde y del señor Schäuble para decirles que nuestro país no necesita ayuda. No sé qué es peor, francamente: la hipocresía o la esquizofrenia. 

Ahora la pregunta no es si nos es si nos "rescatan" o no, sino cómo. Hay varias opciones sobre la mesa.

La primera de ellas es la intervención financiera con el Fondo de Estabilidad prestando dinero a España para que solucione de una vez el problema de la banca. Las consecuencias serían las que ya hemos visto en Grecia, Irlanda y Portugal. Y en los demás países bajo la doctrina del shock. El gobierno tiene pánico a esta opción, y es normal. El PP quedaría herido de muerte por la pérdida de credibilidad de los ciudadanos. Si le queda alguna. Pero más debemos temer los ciudadanos de esta opción, porque lo de Grecia nos parecerá un chiste. La economía española es mucho más grande, y sus problemas mucho más acuciantes, así que el ajuste exigido podría ser mucho más severo. No obstante, los líderes de ambos partidos mayoritarios en Alemania están de acuerdo con que si necesitamos una intervención, el gobierno español debería pedirla ya. Lo cual es cierto, porque cuanto más tiempo pasa, más aumenta el riesgo de que el préstamo concedido sea insuficiente, o que España no pueda asumir su devolución. Los alemanes no están por la labor de tirar más dinero a fondo perdido, y Angela Merkel lo sabe.

La segunda opción sería la que defiende el gobierno desde esta semana, y algunos países europeos desde hace tiempo (con Francia a la cabeza, incluso durante el gobierno Sarkozy): recurrir a los eurobonos. El problema es que Alemania no quiere, salvo que se hagan grandes concesiones de soberanía en materia fiscal y presupuestaria. Lo primero es necesario desde hace tiempo, lo segundo puede significar condenar al ostracismo a los partidos políticos nacionales, ya que no poder decidir sobre cómo gestionar el presupuesto significa necesariamente la imposibilidad de poder aplicar un programa político, salvo en cuestiones sociales de mínima importancia y nula repercusión económica. Es poco probable que España acepte un control total sobre sus presupuestos, pero igual no le quedan más opciones. Depende de lo terco que se ponga Wolfgang Schäuble. Lo más probable es que lleguen a alguna solución de compromiso como una auditoría previa a los presupuestos por parte de la Comisión y tal vez, el sometimiento de los presupuestos nacionales a aprobación parlamentaria europea. Creo que esto sería hasta positivo, aunque sería mejor crear un Tesoro Europeo Común, que reparta fondos para cada país en función de sus necesidades. Esta posibilidad también se ha barajado en su momento, aunque no sé si se sacará de nuevo.

La tercera opción, que defiende Monsieur Hollande, es la intervención indirecta. Consistiría en que el Fondo de Estabilidad inyectase los fondos no en el Tesoro español, sino directamente en el FROB, y que este los repartiese entre los bancos según sus necesidades. El problema es que Angela Merkel no pasa por ese aro, aunque algo ha hecho mella el hecho de que el resto del G-7 sí apoyara esa opción. Rotundamente se ha negado a que "una entidad privada" reciba fondos del FEEF. Si fuera así, lo vería lógico porque al fin y al cabo, no se puede intervenir en entidades privadas así como así sin que te llamen peronista o algo peor. El problema es que el FROB no es una entidad privada. Quizá alguien debería comentarle a Frau Merkel la ligera diferencia entre un ente privado y un órgano administrativo autónomo. Las consecuencias que traería esta opción creo que serían nefastas. Puede que saneásemos el sistema financiero, pero España seguiría con una deuda que aumenta peligrosamente, y con "las puertas cerradas al crédito".

Como ya he señalado, todas estas opciones suponen consecuencias negativas para nuestro país. A pesar de que los medios hayan reflejado la tercera opción con cierta neutralidad, y hasta con optimismo, lo cierto es que yo la veo como la peor de las tres. Es un parche temporal, que no soluciona nada. Además, sospecho que las necesidades de capital de los bancos son mucho mayores de lo que intuimos. Por no mencionar de que no hay garantía de que ese dinero se vaya a devolver. Y si lo tiene que devolver el Estado en su lugar, es todavía peor opción que la primera. Con todo, parece que es la opción por la que se decanta el Ministro de Economía Luis de Guindos. La segunda, a favor de la cual se ha manifestado el Presidente del Gobierno, me parece la menos mala de todas ellas a pesar de que la idea de ceder soberanía no guste nada a los españoles. Sin embargo, yo lo veo desde el punto de vista de que hemos estado disfrutando una soberanía que desde la firma del Tratado de la UE no deberíamos tener. Fue una gran irresponsabilidad dejar el proceso de convergencia a los gobiernos nacionales sin contar con una supervisión directa. Además, los bancos centrales nacionales debieron contar desde el principio con una supervisión estrecha por parte del BCE, el cual debía contar con autoridad para tomar medidas de intervención de la política monetaria nacional y de los bancos que forman parte del sistema financiero nacional, sector que debía haber sido sometido a una integración imperativa. Todo ello muy ambicioso para la época, quizá, pero volviendo la vista atrás, me pregunto cómo era posible que todo el mundo pensase que jugábamos con las cartas sobre la mesa, cuando en realidad todos teníamos cartas marcadas. 

Sea como fuere el método que se elija para el "rescate", ya sabemos cuál es el resultado. "Ojos de serpiente": todos los jugadores pierden, la banca gana.