miércoles, 7 de marzo de 2012

Así fallara la reforma laboral (V)




La reforma laboral ya casi tiene fuerza de ley. Sigue el trámite parlamentario, pero es poco probable que veamos novedades. Varios grupos han presentado enmiendas ¿Servirán para algo? Lo dudo mucho, hay muchas razones por las cuales el fracaso de la reforma esté más que previsto. Incluso podría ser perjudicial a corto plazo. Y el largo plazo tal vez no sea una opción. De acuerdo con el columnista del Financial Times, Tim Wolf, la reforma tardará "unos cuantos años" en tener efecto. Así que va para largo.

He esperado hasta este momento para pronunciar mi opinión, aparte de porque quería informarme mejor, también porque me pareció precipitado dar una opinión sobre un decreto ley, que podría no ser convalidado (no sé como, tal vez con una epidemia de salmonela en el grupo popular a causa de marisco en mal estado, o algo así). Si bien es cierto que tal cosa estuvo siempre fuera de discusión por parte del PP (que fueran a admitir algún tipo de enmienda, no lo de celebrar mariscadas; estoy seguro que gracias al Presidente se hará más de una estos días).

Además, hay que tener en cuenta que la reforma no se quedará en este punto. Las propias autonomías podrían imponer un régimen todavía más restrictivo respecto de aquellos ámbitos que son de su competencia. Ejemplos de ello son las polémicas reformas del empleo público en Galicia y Castilla-León.

Con todo, estamos ante una reforma que a corto plazo supondrá un incremento del paro, en tanto que aumenta la dualidad y la confusión normativa al añadir nuevos tipos de contrato, sin eliminar los que ya existen. Pero analicemos los argumentos en detalle:

1.- Se mantiene la dualidad. Este es mayor problema de nuestro mercado laboral. No estoy seguro de si he insistido lo suficiente en este tema, así que por si acaso, insistiré un poco más. La dualidad es mala, muy mala. Como dicen los chicos de Politikon en el enlace que adjunto, hay dos posibilidades: o tienes un mercado flexible y desregulado en el que haya una gran rotación y temporalidad, pero el acceso al empleo sea sencillo (ejemplo de ello sería Alemania). O bien tienes un mercado laboral basado en contratos fijos bien protegidos, lo cual tiene la ventaja de crear estabilidad, y la estabilidad proporciona crecimiento porque los trabajadores consumen y ahorran una parte, lo cual genera riqueza a través de fondos de inversión y planes de pensiones. Pero nuestro mercado no tiene nada de eso. Tiene un mercado dual: trabajadores muy protegidos en sus empleos indefinidos y colectivos (especialmente vulnerables) como jóvenes, mujeres, mayores de 45 años e inmigrantes, en situación de cuasi-marginación por la altísima rotación de sus contratos, que no se ve respaldada con acceso fácil a nuevos puestos de trabajo. Eso causa que nuestro mercado laboral tenga todas las desventajas de un mercado desregulado, y ninguna de sus ventajas. Lo ideal sería un mercado laboral con un contrato único. Pero el gobierno ignoró totalmente esa propuesta.

2.- Nos tendremos que rascar el bolsillo. Por una doble vía, además. En primer lugar, a través de las subvenciones que se ofrecen al empleador, que desequilibran todavía más el déficit de la Seguridad Social. En un momento especialmente delicado para ésta, el gobierno está jugando con fuego. No serán ellos los que se quemen, no obstante. La otra vía es a través del incremento de la rotación del mercado laboral. Al incrementarse dicha rotación (vía despido objetivo por pérdidas, la trampa del periodo de prueba de un año que permite despidos libres a jóvenes, y otras), se producirá un incremento de personas que soliciten la prestación por desempleo, aunque estén parados por menos tiempo (o eso cree el gobierno). Aunque aumente el número de afiliados, también lo hará el número de demandantes de prestaciones, lo cual a efectos prácticos no soluciona nada o empeora las cosas.

3.- Los jóvenes siguen siendo de usar y tirar. Si hemos llegado casi al 50% de paro juvenil, no es porque los jóvenes sean unos perroflautas zopencos y vagos. A pesar de que algunos así lo piensen. Lo cierto es que la llamada generación Y es la mejor preparada de la historia. No obstante, son (somos) objeto de la mayor precariedad laboral desde el siglo XIX. Hasta el punto de que un porcentaje alarmante se está decantando por la emigración. No son los emigrantes de los años 50. Son (somos) gente con estudios, con conocimientos de idiomas, de las nuevas tecnologías, muy adaptables al medio, y sin vínculos económicos en España. La consecuencia de ello es el peligro de que consigan un trabajo estable en el extranjero... y se queden. Esta reforma laboral introduce un nuevo contrato para fomentar la contratación de jóvenes, es cierto, pero se queda en papel mojado cuando se apareja a un periodo de prueba de un año. Es cierto que la empresa puede obtener bonificaciones en la Seguridad Social, si mantiene ese contrato durante tres años. Pero también puede optar por despedir sin coste y contratar a otra persona joven que le sustituya. No se introducen, en cambio, formas de compatibilizar trabajos y estudios, como ocurre en el resto de Europa, que puedan facilitar la independencia y el desarrollo económico y social.

4.- La formación, de nuevo olvidada. Se introduce la cuenta de formación, como una forma de acreditar la educación y capacidad de un trabajador. Sin embargo, tiene muchos problemas. En primer lugar, no tiene efectos retroactivos, lo cual perjudica a los trabajadores en activo. En segundo lugar, no se establecen mecanismos que certifiquen que esa formación en la empresa se presta de forma efectiva. Ante lo cual, se abre la puerta a numerosos abusos. Tampoco se introducen mecanismos que permitan incentivar la innovación en el marco de la formación en el trabajo. Sigue teniendo un carácter meramente instrumental, la llamada "titulitis" que afecta a nuestro mercado laboral. Y así seguirá, creando parados para la exportación.

5.-Las agencias de colocación adquieren el mismo valor que la agencia pública de empleo. Ya he comentado antes que esta clase de empresas camina al filo de la legalidad. Dotar a estas sociedades de la capacidad de colocar a los parados es bueno, dentro de unos límites (la legalidad, por ejemplo). Dotarles de la autoridad para penalizar a los que no escojan esa opción, puede ser peligroso. Las ETTs son empresas privadas. Se lucran con la cesión de trabajadores. No les importa en absoluto que el trabajador tenga que operar en condiciones infrahumanas, o que, para el caso, se le retribuya de alguna forma.

6.- Despidos, despidos por todas partes. Esto tiene menos complejidad de lo que parece. Si pretendes crear empleo, no puedes basar una reforma laboral en el despido. "Así se contratará más". Pues ya veremos. Por de pronto, es fácil llegar a la conclusión de que si bajas el precio de un producto, habrá más gente dispuesto a comprarlo. Esto funciona igual: si bajas el precio del despido, habrá más empresas dispuestas a despedir. La propia previsión del gobierno es que se destruyan de aquí a final de año, más de medio millón de puestos de trabajo. ¿Y sin reforma, llegaríamos a los diecisiete millones por fin? Por otra parte, liberalizar los EREs de forma que se puedan hacer sin autorizacion administrativa, es una pesadilla conceptual. Mañana habrá cola en la Seguridad Social para comunicarlos.

En conclusión, esta reforma laboral es un desastre tan premeditado que me cuesta pensar que no vaya a necesitar una vuelta de hoja radical antes de final de año. Huelga laboral habrá seguro. Que sirva o no de algo, es otra cosa. El gobierno parece ahora mismo valiente al respecto, pero luego llegarán los tirones de orejas del extranjero por parte de los "mercados", y el gobierno volverá a echar la culpa al PSOE, y seguirá sin hacer nada (el gobierno, y me temo, también el PSOE). Ya lo veréis.

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