martes, 6 de marzo de 2012

¿Son los políticos comunistas chinos malas personas?


Hoy he leído en Politikon un artículo de Roger Senserrich en referencia a un curioso estudio acerca de la relación de moralidad y nivel de riqueza. El estudio en sí mismo extrae conclusiones un tanto obvias: las personas con un alto nivel de ingresos son más propensas a cometer infracciones de tráfico en sus coches de lujo, mentir a la hora de negociar un contrato de trabajo, , hacer trampas en juegos de azar, robar caramelos a los niños, etc. En fin, el pan de cada día para el Sr. Burns de Los Simpson. O lo que es lo mismo, la clásica definición del capitalista despiadado.

En los comentarios del artículo de Roger, con cierta razón argumentaban algunas personas que en gran parte la riqueza es heredada, y por tanto tiene más que ver con una educación en un sentido determinado, "orientada hacia el egoísmo", podríamos decir. También se habló de la "superioridad moral de la izquierda", como argumento por el cual las personas educadas en una ideología progresista son más tendentes a compartir y a respetar las leyes que las personas educadas en una ideología conservadora. Estos argumentos no se corresponden con la situacion de China. Allí, políticos educados en un entorno comunista, se están convirtiendo en despiadados capitalistas. ¿Supone eso que la posibilidad de enriquecerse está reblandeciendo esa supuesta superioridad moral de la izquierda, a pesar de no haber sido criados en un entorno liberal? Eso parece.

Todo esto viene muy a colación con nuestro entorno, en donde estamos viendo casi cada día como pesonas que se han enriquecido de forma sospechosamente fraudulenta, o directamente ilegal, están siendo absueltos por la justicia. Eso crea lo que yo llamo "espiral de invulnerabilidad". La tendencia de una persona a traicionar al sistema para obtener un beneficio individual puede examinarse dentro de la teoría de juegos. En ese marco, los jugadores tienen que escoger entre seguir las reglas y arriesgarse a perder, o hacer trampas y ganar. John Nash ha demostrado la relevancia de la información en el mercado a través de este modelo, porque cuanta mayor información tenga cada jugador sobre las intenciones de los demás, más se posicionará entre hacer trampas o no. Y si alguno de los jugadores pretende hacer trampas y todos los saben, pueden ocurrir dos cosas: que los demás jugadores lo impidan (lo habitual, si el juego es de suma cero, y las trampas de ese jugador obligan a los demás a perder), o que se suman al carro si el juego es de suma no cero y todos pueden ganar haciendo trampas. Si además, en los subsiguientes juegos no se contemplan penalizaciones por hacer trampas, la tendencia de los jugadores a seguir haciendo trampas no disminuirá, pero tampoco aumentará. Si se contemplan penalizaciones (como por ejemplo, ir a la cárcel y perder lo ganado, como se supone que ocurre en el mundo real), la intención de hacer trampas puede disminuir. Pero de nuevo, la información es relevante. Porque si las penalizaciones incluyen un componente aleatorio y/o una variable dependiente de quien realiza las trampas (digamos, la decisión de un jurado y la capacidad de influir sobre él, en el segundo caso), entonces las intenciones de los jugadores de hacer trampas en juegos sucesivos se puede ver reforzada. Esto es la "espiral de invulnerabilidad": a mayor sensación de invulnarabilidad del tramposo, mayor será la corrupción generalizada del sistema.

La conclusión a la que quiero llegar es que no creo que la falta de moralidad sea innata en las personas que "han nacido ricas". Ideología, extracción social de nacimiento o educación recibida son independientes de la tendencia a romper las reglas morales del sistema con el objeto de obtener un beneficio material. El hecho de que los ricos sean malas personas es producto de la lógica racional que se crea al sentirse éstos invulnerables.