sábado, 29 de marzo de 2014

La Iniciativa Cyber Resilience, o macarthismo estilo s.XXI





Dentro del contexto de un mundo donde la información es poder y con los EEUU dando pasos decididos para adquirir el poder a través de obtener la información privada de todo el mundo a través de programas como PRISM, la Iniciativa Cyber Resilience presentada a través del WEF (World Economic Forum) es una forma encubierta de hacer algo que ya estuvo de moda en otra época, la de la caza de brujas de mcCarthy. Se trata de coaccionar a los ciudadanos a colaborar con el gobierno con fines geoestratégicos. El complejo industrial-militar de los EEUU ha dado el salto a la red y ahora pretende abarcar a la industria de la información. 

Vamos poco a poco, comenzando con una pequeña introducción histórica. El macarthismo se construyó en base a dos principios fundamentales: el primero de ellos es "existe una conspiración para destruir a los EEUU". El segundo pilar es "para atajar esta conspiración, todos los métodos al alcance de la política están bien empleados". Como es de comprender, cuando se mezcla fanatismo y poner el fin por encima de los medios, el resultado es el terror. Pasó con la Santa Inquisición, la Revolución Francesa, el Nazismo y la Revolución Bolchevique, y volvió a suceder con el Macarthismo. 

Curiosamente, usando los mismos métodos que sus enemigos, mcCarthy llevó a cabo procesos de interrogaciones masivas. Sin embargo, y aquí es a lo que voy, lo que se puso de moda fueron las declaraciones de adhesión y "revisiones de lealtad" a los EEUU y la recogida de firmas dentro de las empresas declarando sobre el rechazo al comunismo y al socialismo. Esto se convirtió en obligatorio dentro de las instituciones federales con el Decreto 9835 del Presidente Harry Truman, que autorizaba el despido de cualquier empleado bajo el cual "hubiera una duda razonable de comportamiento desleal a los EEUU".

En 1953 esto se intensificó, hasta el punto de que en 1958 uno de cada cinco empleados de EEUU estaban obligados a pasar algún tipo de revisión de lealtad, fuera una declaración formal o una investigación formal.

Pues bien, la Iniciativa Cyber Resilience busca algo muy similar a aquél Comité de Prevención de Actividades Antiamericanas. En esta lo que se defiende es la protección de las empresas frente a las amenazas a la seguridad informática que puedan dañarlas, pero también que puedan dañar indirectamente al Gobierno de los EEUU al depender este de la tupida red de subcontratistas que mantienen su seguridad. El objetivo es la implantación de un código de "buenas prácticas" en cuanto a la seguridad cibernética, pero el lado oscuro está en exigir una implicación individual de cada empleado en ella. Para ello se apoya en elevar el nivel de consciencia los ejecutivos de las empresas implicadas sobre las "amenazas de seguridad cibernética"  (extendiendo el primer pilar del macarthismo: hay una conspiración contra los EEUU), insistiendo en la idea de la existencia de un enemigo insidioso e invisible (amalgamado con la cómoda etiqueta de "la amenaza del terrorismo") e implantando estas "buenas prácticas" que no constituyen otra cosa que el segundo pilar de macarthismo (cualquier forma en que la política pueda luchar contra esta conspiración está justificada). Entre otras medidas se justifica la colaboración añadiendo la etiqueta de "confiable" a aquellas empresas que se unen (no muy diferente a las revisiones de lealtad del macarthismo). Entre otras medidas que se emplean está el escaneo del trasfondo de cualquier trabajador de la compañía y la compartición de los datos sobre su vida privada con el gobierno de los EEUU para su análisis. Ni qué decir el poder que adquiere EEUU cuando tiene en sus manos información privada de millones de personas que trabajan de forma indirecta para su Gobierno, o la influencia que puede ejercer cuando utilice esa información privada para exigir la colaboración de aquellos empleados de sus empresas subcontratadas con la amenaza de poner en peligro sus puestos de trabajo.

La cuestión que hay que poner sobre la mesa es: ¿hasta qué punto es esto democrático, y hasta qué punto es peligroso dividir a las empresas y empleados de la industria de la información entre "confiables" y "no confiables"? ¿No existe un peligro de incurrir en una discriminación de aquellos que se nieguen a colaborar con el gobierno cediendo sus datos privados o los datos privados de sus empleados por considerar vulnerada la privacidad a la que tienen derecho?

Desde este blog, nuestro punto de vista es que la cesión de datos privados debe ser siempre informada y bajo consentimiento de la persona afectada. Si la información es poder, y la información de los ciudadanos (de EEUU o no) está siendo entregada a los EEUU, entonces dichas personas están perdiendo el poder que su privacidad contiene y que constituye la base del sufragio secreto en el que se basa la democracia.