domingo, 16 de marzo de 2014

Un Mundo Feliz (I)



Algo que me quedó pendiente del año pasado, y que ya venía siendo tiempo de publicar, era hacer alguna referencia a los cincuenta años del fallecimiento de Aldous Huxley y la reedición de su obra más famosa, la cual he tenido la oportunidad de leer a finales del 2013. La foto que veis de cabecera es la portada de esta edición de aniversario. Con ocasión de hablar sobre el autor y su obra, planeo dividir esta reseña en tres partes. Esta primera estará dedicada a una pequeña reseña biográfica (me remito a la edición de Cátedra y el estupendo preludio de Jesús Isaías Gómez López para más detalle), algunos detalles sobre las diferentes ediciones de la obra, y finalmente, la propia reseña del libro. La segunda parte estará dedicada a la reseña del ensayo "Nueva visita a un mundo feliz", publicado por el propio Aldous Huxley con ocasión del vigésimo quinto aniversario de la publicación de la obra y la comparación de su obra con "1984", de George Orwell. Aprovecharemos esta ocasión para una digresión biográfica para tratar la relación de Huxley con Orwell. Finalmente, en una tercera parte trataré de hablar de la vigencia de la obra en la actualidad: tanto en cuanto al menor o mayor grado de acierto de Huxley con sus previsiones de futuro, como con respecto a su influencia en la ciencia-ficción en general.

Un breve paseo por la vida de Aldous Huxley


Aldous  Huxley nació el 26 de julio de 1894 en Laleham, una población del condado de Surrey, al sureste de Inglaterra. Su madre es sobrina del poeta Matthew Arnold, que nació en la misma población, y que sería profesor del University College de Dublín con James Joyce como alumno. Su madre fue, además, una de las primeras alumnas del Sommerville College de la Universidad de Oxford, graduándose con solamente veinte años. Su padre, Thomas Henry Huxley fue el famoso "bulldog de Darwin", un científico y zoólogo destacado en la época. Además de sus méritos académicos, algo que influiría en la vida de Aldous sería su concepción de la religión, ya que su padre fue quien acuñó el término de agnosticismo para hacer referencia a sus convicciones religiosas. Aldous creció en un ambiente ilustrado y enriquecedor gracias a sus padres. Estos no escatimaron en darle la mejor educación. Estudió primero en el internado Hillside de Godalming, en donde publicó en la revista literaria Doddite su poema "Sea Horses". 
En 1908, a los catorce años, ingresó en el prestigioso Eton College, en donde pasa cuatro años hasta su ingreso en la Universidad. En 1911, mientras que su futuro en la literatura se hacía cada vez más revelador, surge un terrible evento que lo dejó incapacitado durante dos años: contrae una enfermedad ocular conocida como queratitis punctata y que lo deja casi ciego durante dos años. Eso le obligó a pasar por diversas operaciones quirúrgicas y convalecencias, que terminaron por obligarle a proseguir sus estudios en casa con un tutor privado. En este tiempo hizo diversos viajes al extranjero y tuvo varias estancias en casas de amigos y familiares. Sin ayuda de nadie, aprendió el método Braille, y con una máquina de escribir adaptada, continuó su trabajo literario.
Un hecho que conmocionó su vida cuando empieza a recuperar su vida es el suicidio en el verano de 1914 de su hermano Trevenen, el cual se ahorcó como resultado de una depresión a causa de un rechazo amoroso. Este hecho conmocionó a Aldous, y se verá reflejado en su obra, incluyendo "Un mundo feliz". Cuatro años más tarde publicó su poemario "La derrota de la juventud", en el que intentó restañar la herida causada por este hecho.
Sin embargo, su primera obra sería "La rueda ardiente", en 1916, su primer poemario. En Garsington conoció a Juliette Bailott, que se convertiría en su cuñada (tras casarse con su hermano Julian). Juliette es institutriz de los hijos de la familia Morrell. Lady Ottoline Morrell fue una aristrócrata conocida por ser mecenas de escritores y artistas. Aldous entabló amistad con ella y se relacionó con su círculo, aunque la relación se va viciando con el tiempo y su novela "Contrapunto" reflejó las miserias de dicho grupo. Esto provocó la ira de la anfitriona y su expulsión del círculo literario. Esta novela fue un gran éxito literario y será lo que le valdrá a Huxley saltar a la fama mundial en su tiempo, hasta la publicación de "Un mundo feliz".
Tras estos hechos se trasladó a Italia, dando inicia a lo que los críticos han dado en llamar "la gran década" de Huxley. En los años veinte se produce su momento más prolífico, publicando un buen número de novelas y poemarios. Sin embargo, en lo que a "Un mundo feliz" respecta, algo que impacta sobremanera en Huxley fue la llegada al poder del fascismo en ese país. El temor a que el Estado tome el control de los medios de comunicación y los use con fines de control social a través de la propaganda dio origen en 1932 a "Un mundo feliz".
Tras pasar unos años en Francia (de 1928 a 1937), y una temporada en Londres los Huxley se embarcaron hacia EEUU, donde pasaron ya el resto de sus vidas, primero en Nueva York y finalmente en Los Ángeles. Allí fue donde comenzó la época en la que Huxley se desempeñó como guionista. Entre sus guiones está la adaptación de su propia obra, "Un mundo feliz", cuya puesta en escena no fue llevada a cabo hasta 1998, de la mano de Leslie Libman y Larry Williams. Hablaremos de ella en el tercer capítulo de esta serie.
La llegada de la era atómica marcó un giro en la obra de Huxley y tomó un cariz diferente. En lo personal, Huxley comenzó a experimentar con el misticismo asiático, así como con las drogas. Sin embargo, Huxley se tomaba muy en serio las consecuencias de éstas, y todas las veces que las consume lo hace en presencia de un médico que lo atienda durante el "viaje". En lo literario, aunque todavía publicó algunas novelas, comenzó una prolífica época dedicada al ensayo, en el que trata tanto el misticismo y la parapsicología, como la política, la sociología, y el papel de las drogas en la sociedad. Sobre todos estos temas trata en "Retorno a un mundo feliz", del cual hablaremos en la siguiente entrega de esta serie, y que Huxley publicó en 1958. En sus últimos años de vida se ve afectado por un cáncer de lengua que le obliga a extraerse un tumor en la laringe y que finalmente, el 22 de noviembre de 1962, cinco horas después del asesinato del presidente J.F.Kennedy, fallece mientras está bajo los efectos de una última dosis de 100 miligramos de LSD y mientras su esposa le lee "El libro tibetano de los muertos", tal y como dicta la tradición budista.

"Un mundo feliz", sobre el título y las ediciones en español

El título original de la obra es Brave New World, en referencia a la obra "La Tempestad", de William Shakespeare. Esta referencia aparece en el capítulo VIII de la obra, en boca -como no podría ser de otra forma- de John, el Salvaje. Esta referencia se perdió con el título dado por Luys Santa Marina a la primera traducción de la obra en 1935. El problema de esta traducción viene de la mano de la ideología del traductor. Santa Marina es activista del falangismo, y por tanto, su ideología conservadora le hace suprimir o minimizar cualquier referencia de la obra original al sexo. No sabemos por qué eligió este título para la traducción de la obra, pero ha permanecido a través del tiempo pese a su inexactitud.
La segunda traducción vino a cargo de Ramón Hernández para Plaza&Janés en 1969. Esta es la edición más extendida en España y Latinoamérica. Esta edición peca de lo mismo que la anterior, probablemente para evitar la censura franquista. Sin embargo, en esta ocasión la tijera de la autocensura es todavía mayor, ya que Ramón Hernández suprime además casi todas las referencias a avances científicos propuestos por Huxley en la obra, conviertiéndola de una obra de ciencia ficción en un drama social, seguramente por motivos comerciales. Ramón Hernández temía que la obra fuera relegada de las estaterías de las novelas de no-ficción a las entonces marginales secciones de ficción especulativa. Marginales o no, ese es el lugar donde debería estar, ya que Huxley se refirió por primera vez al borrador de su obra en una carta como "una comedia de ficción especulativa".
No será hasta esta tercera traducción de Jesús Isaías Gómez López que se levantan los tabúes religiosos y liteararios para que, más de tres cuartos de siglo después, podamos disfrutar de la opera prima de la ciencia ficción distópica en castellano en su plenitud. Tan sólo "Nosotros", de Evgueni Zamiátin se le antecede en el tiempo y cuenta con los rasgos propios del género. No obstante, es la obra de Huxley la que ha asentado firmemente los pilares del subgénero, junto con "1984" de George Orwell. De ambas y su relación con "Un mundo feliz" hablaré más en detalle en las siguientes partes de esta serie de entradas.

"Un mundo feliz", la reseña.

Después de esta introducción, que espero no resultara demasiado pesada, vamos a ir por fin al meollo con la reseña de la novela en sí.

El argumento de la novela podría resumirse de la siguiente forma: en una sociedad futura dividida en castas y en la que el ser humano es fabricado, en lugar de nacer, Bernard Marx se encuentra entre las mentes científicas más brillantes. No obstante, se ve relegado a un trabajo repetitivo y además, debido a su escaso atractivo sexual, sus opciones de encontrar compañeras son muy limitadas. Ante la humillación pública hecha por el Director de la institución en la que trabaja, Bernard busca la forma de vengarse. Casualmente, durante una expedición científica a una reserva de "salvajes", una pequeña nación de nativos americanos que constituye la última comunidad libre donde los humanos todavía nacen y forman familias, se encuentra con que dicho Director tuvo un "desliz" durante una expedición a dicha reserva y dejó allí abandonada a una mujer, Linda, con la cual tuvo un hijo que nació de forma natural. Bernard invita a ambos a Londres, y los lleva ante el Director, el cual queda humillado por su conducta y se ve obligado a huir. Bernard asume la posición de Director de Incubación y además gana una gran popularidad por su "hallazgo científico". Sin embargo, éste se volverá contra él cuando Linda muera a causa de una sobredosis de drogas, lo cual afecta terriblemente a su hijo John, que junto con la desilusión que esta sociedad le causa y los desencuentros amorosos con Lenina, le llevarán a rebelarse y provocar el caos.

La novela se estructura en tres partes: la primera de ellas nos muestra la sociedad de "Un mundo feliz". Ordenada y gestionada de forma brutalmente eficaz por la ciencia, los humanos viven y mueren para servir al Estado Mundial, un Estado totalitario que condiciona a los individuos desde la infancia a consumir, disfrutar de la promiscuidad sexual y de una droga legal, el soma, que hace a los individuos encajar mejor socialmente y levantar sus inhibiciones sociales (y sexuales). Gracias a esto, el Estado Mundial ha conseguido eliminar la guerra, el hambre, la vejez y cualquier clase de sufrimiento.
La segunda parte se centra en el ascenso y caída de Bernard Marx en su deseo de venganza, reconocimiento y deseabilidad sexual. Entre tanto, en esta parte asistimos a la historia de desamor entre Lenina y John el Salvaje. Aquí vemos también una fuerte parodia de la sociedad británica de principios de siglo, entretejida dentro de la trama, que en esta parte se acerca más a los personajes que habitan este "mundo feliz".
La tercera parte es la conclusión a la obra, en la que las acciones de Bernard, su amigo Helhomtz y de John los conducirán a rebelarse contra el sistema y las dramáticas consecuencias que esto tendrá en la vida de los personajes, y sobre la sociedad del Estado Mundial.

Algo característico de esta obra es la ausencia de un verdadero héroe. Ninguno de los personajes principales puede calificarse de bueno o malo en términos absolutos: ni siquiera Mustapha Mond, el controlador mundial, como máxima expresión de la represión del Estado Mundial es, en sí mismo, un ser malvado, sino que con sus acciones procura el mayor bienestar de la sociedad, pero también de aquellos individuos disconformes que terminan por enfrentarse a él y al Estado Mundial. Bernard Marx, motivado por sentimientos tan negativos como el odio o la venganza encaja más dentro del carácter del anti-héroe. John el Salvaje, en su bondad e inocencia podría ser calificado de héroe, pero esto se ve deshechado cuando recurre a la violencia para lograr sus propósitos. Lenina podría llegar a ser una heroína, pero su intolerancia a otras formas de pensamiento se encuentra demasiado honda en su condicionamiento para poder hacerle cambiar de parecer cuando se enfrenta a las injusticias. Helmholtz Watson es el que se encuentra más cerca de convertirse en héroe al tener en su mano cambiar la sociedad, pero en esa dicotomía termina por aceptar la solución más sencilla y huye del enfrentamiento con el sistema cuando puede derrotarlo.

Quizá sea, de toda la obra, lo que más opresivo resulta: la omnipotencia de este sistema represivo es tal, que ni siquiera sus individuos más sobresalientes quieren o pueden evolucionar. Se trata de una sociedad totalitaria tan efectiva que la rebelión ni siquiera es concebible para sus habitantes. Se han sometido tan de lleno al Estado, que la libertad les resulta abrumadora y alienante.

En cuanto a los temas tratados, hay una diversidad importante, pero el fundamental de ellos es el sometimiento del individuo al Estado y el control que éste ejerce sobre las personas, y cómo una dictadura puede llegar a ser ejercida por motivos totalmente benevolentes. ¿Qué otra alternativa hay, pues, si esta dictadura ha eliminado todos los grandes males de la sociedad que le precedieron: el hambre, la guerra, la escasez, la insatisfacción? ¿Merece acaso la libertad renunciar a la estabilidad y prosperidad que otorga el Estado Mundial? Por otra parte, también se tratan otros temas como los papeles que tiene el sexo, la ciencia o la religión en la sociedad y en la política.

Nota: 10. Desde mi punto de vista, esta obra se trata de uno de los grandes clásicos de la literatura del siglo XX (y no sólo de la ciencia ficción) por haber sido construida de forma detallada hasta lo infinitesimal. Todo en la obra, desde el principio hasta el final, cada página, casi cada frase ha sido concebida con una intencionalidad que extiende la obra mucho más allá de sus páginas y de su tiempo. Se merece un 10 en toda regla, aunque ponerle una cifra en una escala limitada resulta casi denigrante, puesto que la importancia de esta obra en el futuro será fundamental.