sábado, 19 de diciembre de 2009

El Agente: Archivo #020 - Nuevo Manhattan



-No hace falta ser un "sintonizador" para darse cuenta de que no estamos en "nuestro mundo". Simplemente echad un vistazo por la ventana.-Dijo Gillian.

Lo que Kevin vio a continuación, le pareció desolador. Vio una ciudad fantasma, prácticamente en ruinas. La vegetación había crecido por doquier, apoderándose de la Gran Manzana. Coches antiguos abandonados y semidestrozados permanecían abandonados en medio de las calles. Hubiera parecido como si el tiempo se hubiera detenido, cincuenta años atrás, de no ser por la vida que ahora poblaba la ciudad. Cuando John detuvo el coche, se bajó, y pudo distinguir, en medio del silencio general, el canto o batir de alas de algún pájaro lejano, algún perro ladrando, y un zumbido lejano, el único sonido artificial. Se volvió hacia John, consternado.

-¿Qué ha pasado?¿Por qué Nueva York permanece en este estado?¿Dónde está la gente?
-Técnicamente, a eso lo llamamos "Alt York", "viejo York", en holandés. Para distinguirlo del "nuevo" Nueva York, que existe en el subsuelo. Tras el ataque británico durante la guerra anglosoviética de los años treinta, el Presidente Lindbergh decretó que no era seguro mantener a la población al aire libre, y se comenzaron a abandonar las ciudades al aire libre, y reemplazarlas por complejos subterráneos, a menudo usando las infraestructuras de Metro. -Dijo John mientras se dirigía hacia una boca de Metro.
-¿Guerra anglosoviética? Y no recuerdo ningún presidente llamado "Lindbergh"... ¿Es el mismo Lindbergh que cruzó el Atlántico en el "Espíritu de St. Louis"?
-El mismo. Bueno, el Lindbergh de este mundo, claro. El Lindbergh de tu mundo fue acusado de ser un radical pronazi, y se retiró de las primarias del Partido Republicano. En este mundo, el ataque británico a la Alemania Nazi supuso un cambio radical de la historia, al menos con respecto a la del vuestro. Aunque en realidad, los acontecimientos que supusieron ese ataque, se remontan muchos siglos atrás.
-Al nacimiento de la paratecnología, ¿verdad? -intervino Gillian.
-Eso creemos. No lo sabemos con certeza, pues los soviéticos no permiten a nuestros investigadores el acceso a sus bancos de información históricos. Y ellos contienen la mayor parte de la información cultural de Europa, previa a la Revolución de Octubre.

Caminaron hacia dentro del Metro. El zumbido se hizo más fuerte, pero ahora iba acompañado de más sonidos. Máquinas, que daban un concierto desacompasado de sonidos mecánicos. Tras un rato, bajaron por unas escaleras mecánicas que no funcionaban. Se encontraron con una máquina que dispensaba billetes de metro. John sacó unas monedas, y pagó billetes para los tres. Continuaron, y llegaron a una vía de metro. Por primera vez, empezaron a ver gente. Algunas personas parecían esperar el metro. Llegó un tren bastante antiguo. Tras un rato atravesando túneles en la semioscuridad, ya que una sola lámpara iluminaba el vagón (y titilaba levemente), se bajaron en una estación que, sorprendentemente, parecía mucho más nueva. Aquí, sí había mucha gente, y todo aprecía limpio, ordenado, y automático.

Avanzaron, y se encontraron con una gran ciudad subterránea, que parecía una mezcla entre una pesadilla de M.C. Escher y el sueño urbanita de Issac Asimov. La ciudad parecía una especie de cono invertido, con diversos niveles circulares. Una especie de "torre de Babel", pero a la inversa. Y la cantidad de gentes de diferentes culturas con las que se cruzaban parecía reafirmar esa sensación. Los distintos niveles se interconectaban con ascensores y escaleras mecánicas. No se veían plantas, ni animales, con lo que la construcción se veía un tanto fría y estéril.

John hizo un gesto con la mano, sonriente, como si fuese un guía turístico mostrando una obra de arte a los conmovidos Kevin y Gillian:
-Bienvenidos a Nuevo Manhattan, ciudad libre, y sede del Cuartel General de Sentinel.