lunes, 2 de marzo de 2015

Ley de Segunda Oportunidad: migajas de pan






La Ley de Segunda Oportunidad será una realidad en pocos meses. La fecha provisional sería abril de este año. No obstante, la ley no será precisamente lo que muchos esperaban. Para que un emprendedor pueda someterse a ella, tendrá que pasar por todo el proceso de concurso de acreedores para personas físicas. Como dice el magistrado José María Fernández Seijo en su trabajo citado en este artículo, se trata de un "un laberinto sometido a excesivas formalidades, poco adaptado a la situación y necesidades de pequeños insolventes". No en vano, a este procedimiento se han acogido apenas 646 personas en 2014, lo cual constituye un 12% de todos los procesos concursales en España, aún cuando las pymes constituyen el 95% del tejido empresarial español.

El criterio del Gobierno es, al fin y al cabo, proteccionista respecto de los acreedores (normalmente, del sector financiero). En palabras del ministro de Hacienda Cristóbal Montoro, "las deudas hay que pagarlas". Aún a costa de condenar a los emprendedores a esperas de hasta cinco años que probablemente liquiden toda esperanza de poder volver a salir a flote, pues lo máximo que van a obtener es un 50% de quita de la deuda. Pero eso no es todo. Para que la "segunda oportunidad" ocurra, el Gobierno exige en su proyecto la liquidación total del patrimonio del deudor. ¿Qué clase de emprendimiento puede hacer alguien a quien le han quitado todo? Para emprender, al fin y al cabo, lo más importante es tener dinero. Y sobre todo en un país como España donde para poder ganar un salario de 900€, un autónomo debe ingresar 2.000€ al mes, de los cuales casi la mitad se los lleva Hacienda.

En resumen, lo que ofrece el Gobierno es, una vez más, una medida ridícula con la cual lucir ante la prensa y los medios. Apenas unas migajas de pan para quien pasará hambre el resto de su vida, endeudado hasta las trancas con los ganadores de siempre: el sector financiero.