lunes, 15 de septiembre de 2014

En casa de herrero, cuchara de palo






Tanto en la Primera como en la Segunda Guerra Mundial, cuando EEUU entró en el conflicto, por todo el país surgieron campañas de reclutamiento, con grandes shows. Los reclutadores usaban cualquier oportunidad y fueron en buena parte pioneros del marketing social en cuanto a motivar conductas deseables por parte de los ciudadanos, ya fuera para que guardaran las limaduras de hierro, compraran bonos de guerra o se alistaran al ejército. Aunque no siempre se ha valorado, este esfuerzo fue una de las razones del éxito de EEUU en la campaña militar en Europa.

Tanto El País en su sección internacional, como por supuesto los medios alemanes (en alemán) publicaron una noticia acerca de la "policía de la sharia" que ha aparecido en la ciudad de Wuppertal, Alemania, que ya ha tenido repercusiones políticas. El suceso ha llamado bastante la atención, porque se trata de jóvenes salafistas que buscan atraer a los musulmanes de la ciudad hacia el fanatismo religioso, e incluso el yihaddismo. Cuando yo vivía en la ciudad de Augsburg, en Baviera (otra ciudad con una fuerte comunidad musulmana), era habitual ver a los salafistas cada viernes con su puesto en Königsplatz, denunciando la baja conducta moral de los musulmanes occidentalizados y llamándolos hacia un islamismo "más puro". Debido a los pocos latinos que hay en el sur de Alemania, no era raro que los reclutadores me tomaran por otro joven turco e intentaran captarme. Amablemente los despedía mostrándoles su confusión con mi inequívoco acento español, e inmediatamente buscaban a otras potenciales víctimas con sus panfletos. Esto ocurría en primavera del 2009, por lo que no resulta en absoluto un fenómeno nuevo. La única razón por la cual ahora ha saltado a la palestra pública es porque es conocido que el Estado Islámico se nutre de reclutas en los mismos países que se han conjurado estos días para combatirlo.

No voy a decir, por supuesto, que esté de acuerdo con los fanáticos de ISIS. Más bien lo contrario, creo que hay que actuar contra ellos con contundencia. Lo que sí creo es que todo tiene una causa (o varias), y la conjunción de la frustración de los jóvenes europeos ante la falta de alternativas por una economía congelada los hace víctimas de las campañas de reclutamiento cada vez más atrevidas de los yihaddistas. Tal y como ocurría con los crédulos granjeros de Idaho, Iowa y otros Estados rurales de los EEUU cuando en los años 40 se presentaban en sus pueblos los roadshows del ejército de los EEUU pidiendo su apoyo a la causa contra los nazis.

Sin embargo, luchar contra ISIS supone algo más que crear una gran coalición militar, sino también actuar en la propia casa para analizar las causas de exclusión de los jóvenes musulmanes europeos y norteamericanos, y buscar la forma de darles un futuro mejor que morir en un campo de batalla extranjero contra sus vecinos no musulmanes. Y por vecinos no me refiero a otros árabes, sino a otros jóvenes occidentales que, ante la falta de alternativas, también han elegido tomar las armas por su país y unirse a los ejércitos de los Estados de la naciente coalición anti-ISIS. El resultado de esta confrontación no puede ser otro que miles de millones de dólares y miles de vidas arrojadas a un desierto para pelear por una tierra que no pertenece ni a unos, ni a otros.