viernes, 20 de diciembre de 2013

El mundo que no fue: El Compromiso Kingsbury




Hoy el blog The Switch de The Washington Post dedica un interesante artículo al centésimo aniversario del "Compromiso Kingsbury", un acuerdo que tuvo lugar entre la compañía AT&T y el Gobierno de los EEUU. Este acuerdo tuvo lugar en 1913, en una época en que el Gobierno encabezado por Woodrow Wilson estaba poniendo su mira en los diversos monopolios o oligopolios del país con la intención de impedir su formación o disolverlos de forma forzosa con la ley anti-trust que llevaba décadas acumulando polvo (fue aprobada en 1889).

AT&T había adquirido a la mayor parte de compañías de teléfonos y Wilson estaba preparándose para tomar acciones legales y expropiar la compañía bien para dividirla en varias más pequeñas, o bien para simplemente, convertirla en un monopolio público. Sin embargo, Nathan C. Kingsbury consiguió en una misiva al Presidente convencerlo de que AT&T debía ser la excepción y convertirse en el primer y posiblemente mayor monopolio privado de los EEUU. Y lo consiguió. Sus argumentos se basaban en principios cuasi-militares, como sugiere el Post, tales como la vocación de servicio público o poner a las personas por delante de los beneficios. Lo cual suena muy parecido a eslóganes de muchas compañías tecnológicas hoy en día, a pesar de practicar lo contrario.

El compromiso al que llegaron fue que AT&T podría mantener su monopolio siempre y cuando se concediera a la Interstate Commerce Commission (alargando de forma muy generosa su campo de actuación, ya que en principio se limitaba a las compañías de ferrocarril) un derecho de veto sobre cualquier adquisición sospechosa, y, sobre todo, la compañía adquiriera el compromiso de proporcionar servicio a cualquier ciudadano independientemente de la distancia a la que viviera de un núcleo urbano o un centro de distribución de la compañía. 

A pesar de que hoy en día nadie habría aceptado acuerdo semejante, la importancia de dicho acuerdo en la expansión del teléfono y más adelante de Internet en los EEUU y en el mundo (que ha imitado el modelo con un operador privado con funciones semipúblicas, como es el caso de Teléfonica en España en la actualidad) ha sido clave. No sabemos qué habría pasado si AT&T hubiera sido expropiado por el Gobierno de los EEUU, pero sí es un hecho que las tres herederas de este acuerdo (una refundada AT&T, Verizon y CenturyLink) han contribuido de forma decisiva a la expansión de Internet a la práctica totalidad de los ciudadanos de los EEUU. Su modelo de negocio ha sido imitado por el resto de países del mundo y gracias a este acuerdo la expansión de Internet basada en las líneas telefónicas primero, y en redes de fibra óptica creadas por los operadores telefónicos ha sido exponencial. Como argumento a favor, el Post menciona un estudio realizado en 2001 por Scott Wallsten del Technology Policy Institute (un think tank de las principales compañias de tecnología de EEUU) que aquellos países que han nacionalizado sus compañías telefónicas han conducido a una menor penetración telefónica y de Internet". Con el ejemplo de España en la mano, lo cierto es que esta tesis resulta creíble.

El Post enumera una serie de ventajas de este monopolio privado, como la implantación relativamente sencilla del 911 como número único de Policía en todo el país (personalmente este argumento me parece bastante futil), además de un resumen bastante completo de la historia del teléfono en los EEUU. No  voy a entrar en esos detalles. 

Finalmente, el Post pone en relevancia la actualidad de esta noticia, debido al peligro que corre este acuerdo de morir en poco tiempo. La razón es el rápido avance de Internet y como la tecnología VoIP (que envía la señal telefónica a través de fibra óptica) está reemplazando el tradicional cable de cobre al que se limita el acuerdo. De acuerdo con el artículo, esto puede conducir a que las compañías puedan abusar de su posición y "socavar los valores que se han mantenido durante un siglo". Personalmente, no estoy de acuerdo con esta reflexión, y con mi argumento me gustaría cerrar esta entrada. 

Lo señalado sobre el avance de la VoIP sobre el cobre es cierto. Yo aún diría más: la tecnología 4G y el streaming de voz sin cables está a las puertas. No obstante, no creo que eso sea necesariamente malo, al contrario de lo que el autor del artículo señala. El autor no tiene en cuenta dos cosas: en primer lugar, que el coste de proveer de este servicio se convierte en gratuito, prácticamente. La mayor parte de compañías del mundo que ofrecen fibra optica, ofrecen llamadas gratuitas nacionales a teléfonos fijos, y a menudo, una cantidad limitada de minutos de llamadas internacionales y/o teléfonos móviles. Servicios como Skype o Viber permiten dichas comunicaciones a escala internacional a un coste muy bajo. Por lo tanto, los consumidores no van a tolerar abusos sobre un producto cuyo coste consideran cercano al cero.

Por otra parte, la población del mundo exige cada vez en mayor medida el acceso a Internet como un derecho fundamental más. Finlandia fue el primero en concederlo, pero en el año 2011 Naciones Unidas lo declaró como un derecho humano. Países como Francia, Colombia, México, Brasil, Reino Unido, Costa Rica, Estonia o Grecia o EEUU están entre los países que han lanzado proyectos para incluir el acceso a Internet gratuito en sus constituciones.

Por lo tanto, creo que el autor se equivoca defendiendo el monopolio privado como única forma de proveer de acceso a la red (telefónica o de Internet). El Compromiso de Kingsbury tiene un valor indudable, pero si tenemos en cuenta iniciativas como la de Chris Conder, B4RN, queda demostrado que incluso para las PYMEs es posible conceder acceso a Internet de alta velocidad en localidades aparentemente remotas. Es hora de que los gigantes caigan, y den paso a una competencia más amplia, y más libre. Será un beneficio para todos.



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Chris Conder es una antigua granjera metida a empresaria, que harta de tener una conexión a Internet extremadamente lenta que no le permitía hablar por videoconferencia con sus hijos, convenció a un grupo de vecinos para crear una compañía cooperativa y proveer de fibra óptica primero al pueblo, luego al condado, y poco a poco, a toda la región rural del norte de Inglaterra; ahora disfruta de 1 Gb de descarga, mayor velocidad que sus hijos en el centro de Londres y comparable a la del centro de Tokio, y a menor precio que cualquier compañía del mercado británico.