sábado, 16 de noviembre de 2013

Galicia Negra






Ayer se producía al fin el veredicto sobre el proceso judicial en torno a la marea negra provocada por el hundimiento del petrolero "Prestige" frente a las costas gallegas. Creo firmemente que no podría haber sido más insatisfactorio. De acuerdo con el veredicto, no ha habido más que un único culpable, el capitán del barco Apostolos Ioannis Mangouras. Sin embargo, puesto que su edad es de 78 años es inimputable y no irá a la cárcel. Hace once años, cuando se produjo la catástrofe sí hubiera sido imputable y habría podido ir a la cárcel. Pero la lentitud del proceso ha hecho que esto sea imposible. Es sólo el primero de muchos de los agujeros negros del resultado del proceso.

Por otra parte, la Audiencia exculpa a todos los demás acusados de delito medioambiental: ni la capitanía del Puerto, ni los ministros que se fueron de caza durante los hechos. Tampoco hay repercusiones sobre quienes actuaron de forma arbitraria e improvisada. Nadie, absolutamente nadie, es responsable por las decisiones tomadas. Hacer política otorga, al parecer, una carta blanca para tomar cualquier decisión sin importar las repercusiones. ¿De qué sirve, digo yo, la separación de poderes cuando los diferentes poderes se niegan a controlarse entre sí? Entonces el sistema se convierte en una dictadura autojustificada de aquellos que están el poder, sean elegidos o no por el pueblo. Éste no tiene forma de censurar a aquellos en el poder. Es una vuelta a los tiempos pretéritos anteriores al Derecho Romano, en los que los funcionarios del Estado eran sátrapas cuyos actos sólo podían ser enjuiciados mediante la intervención militar sangrienta y la colocación de un nuevo sátrapa. No puede existir la democracia sin responsabilidad administrativa por los actos de gobierno

Hablando de responsabilidad, tampoco ha habido condena alguna en responsabilidad civil. Los gastos de la administración en intentar perseguir a los dueños del buque han ascendido a 30 millones de euros, una vez y media lo consignado como fianza, para no haber conseguido siquiera sentar a nadie en el banquillo. Nadie ha podido establecer quién es el dueño real de la empresa armadora Universe Maritime o quién otorgó la licencia de navegación para el buque a través de la American Bureau of Shipping. La opacidad con la que operan las empresas que transportan gran parte de la mercancía más peligrosa que existe, y cuyo valor ha llevado a ese mismo Gobierno a la guerra, es total.

La conclusión, por tanto, es que nada importa: no importan los daños, no importan las miles de familias que perdieron su forma de vida, no importa el impacto ecológico, no importa el ridículo internacional cuando el mundo prestó atención a nuestras costas, no importa el sistema. Es un mundo libre, en el que, como decía Hobbes, "el hombre es un lobo para el hombre". 

Galicia, una vez más, demuestra que ya no es verde como sus bosques de pinos, o azul como el mar. Es la terra asoballada de Cabanillas hecha cenizas; negro corazón y negra alma, negro como el petróleo que financia a los sátrapas que la gobiernan impunemente desde Castilla.

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