sábado, 8 de junio de 2013

El mundo que no fue: Antiutopías nórdicas



Me ha conmocionado bastante la noticia de los disturbios que tuvieron lugar en Estocolmo. No es la primera vez que pasa algo así en Europa, pero sí la primera (que yo sepa) en un país nórdico. Es bastante sorprendente viniendo de un país que se caracterizaba por ser un país abierto a la inmigración y que ha facilitado la misma.

¿Qué ha salido mal? Hay varios motivos que parecen estar detrás de este fenómeno. Uno de ellos, poco comentado, es el demencial mercado inmobiliario sueco. A pesar de existir una agencia estatal de alquiler, los padres inscriben a sus hijos en la misma nada más nacer, con la esperanza de que reciban una llamada de la agencia en el plazo de unos veinte o veinticinco años. Ni qué decir, que para un inmigrante que llega al país, tiene un trabajo precario y ningún aval, encontrar una vivienda puede ser una pesadilla. Por esta razón se han ido formando guetos en la periferia de las ciudades suecas. Estos guetos eran un polvorín a punto de explotar. 

Otro motivo subyacente es el "escrutinio" al que las autoridades suecas someten a los inmigrantes. Dado que un intérprete acompaña a los inmigrantes a sus entrevistas de trabajo, algunos de ellos se sienten "vigilados". También ha habido denuncias de presiones de los funcionarios a los trabajadores para aceptar ofertas de trabajo aunque éstas no tuvieran condiciones del agrado del solicitante.

El fin de la tolerancia en Finlandia

Finlandia también tiene su cuota de racismo y opresión a los inmigrantes que suponen apenas un 3% de la población del país. Sin embargo, la supuesta "invasión" de los mismos al país le valió al partido populista y xenófobo de ultraderecha Auténticos Finlandeses la victoria en las últimas elecciones.  El país, que acogió a muchos inmigrantes finlandeses como refugiados, ahora se vuelca sobre éstos como excusa de una supuesta protección privilegiada por parte del Estado. 

Yo creo que es un chivo expiatorio sobre el cual volcar el progresivo desmantelamiento del Estado de bienestar y la mayor precariedad de los trabajadores finlandeses que se ha producido en los años 90. Así lo muestra este paper del Parlamento Europeo (en inglés).

Sin embargo, los somalíes no han sido los únicos en ser objeto de la frustración de los finlandeses. Los rusos, segundo mayor colectivo inmigrante del país, no se han salvado. Así lo muestra este artículo el cual nos cuenta la escalofriante historia de Anastasia Zavgoródniaya, donde los servicios sociales le quitaron a sus hijos y le impidieron verlos salvo a través de una reja por una mera sospecha de malos tratos.

Por no hablar de las escuelas para los niños inmigrantes, en las cuales quienes dan clase no son los profesores con tan reputado expediente que hemos visto en el programa sobre la educación de Salvados, sino de militares finlandeses en la academia de oficiales. Uno de estos militares me confesaba su frustración ante una tarea para la que ni se sentía preparado, ni era para la que se había unido al ejército de su país. Con semejantes diferencias en cuanto a sus preparadores, es difícil pensar que dichos niños puedan algna vez competir con los nacionales del país.

Españoles en Noruega

Aunque no llega en absoluto al caso dramático de los somalíes o los rusos en Finlandia, no  podríamos dejar de citar aquí el caso de la "invasión" de españoles en Noruega. Todo se originó por un inocente programa de televisión, el capítulo de Españoles por el mundo dedicado al país nórdico, que podéis ver aquí.

Tras verlo yo personalmente no he visto las razones, pero de acuerdo con el periódico noruego Aftenposten, este programa dulcificó tanto las posibilidades de poder vivir y trabajar en Noruega que causó una situación que desbordó los servicios sociales de Oslo y otras ciudades del país. El periódico cita a distintos oficiales y miembros del Gobierno noruego para justificar esta situación. Tanta fue la repercusión mediática de la misma que (como no), Salvados le dedicó también una parte de su programa sobre la inmigración. Coincido con David Fergar, entrevistado por Jordi Évole, en que es una locura ir a un país extranjero en el cual no hablas el idioma, y ni siquieras hablas una lengua puente (como puede ser el inglés o el alemán), con pocos ahorros o ningunos y sin saber a ciencia cierta dónde o cómo vas a vivir. La consecuencia ha sido miles de españoles que han tenido que ser atendidos por los servicios sociales noruegos para evitar que recurrieran a la indigencia.

No podemos olvidar que, por desgracia, Noruega ya fue objeto de dos ataques terroristas por su política migratoria. Además de los españoles, otro colectivo que observa numerosos problemas de integración en el país son los musulmanes. Quizá de los tres países sea el que más conserva su espíritu de integración y multiculturalidad en un acogedor Estado de bienestar, pero todo indica que ese espíritu también se está diluyendo en el país. 

En resumen, se trata de tres países, pero con una cosa en común: un creciente celo y desconfianza de compartir sus progresos sociales con otras personas de origen extranjero.