viernes, 18 de enero de 2013

El país en el que nunca pasó nada






Érase una vez un país en el que nunca pasó nada. Era un país que nunca tuvo esclavos, puesto que la esclavitud siempre estuvo prohibida desde los tiempos en que Séneca escribía cartas enfurecidas al Senado de Roma pasando la tarde a la sombra con una jarra de tinto de Emerita Augusta protegiéndose del sol de Hispalis. Era un país en el que nunca hubo un genocidio, sino que hubo una reconquista contra "los moros invasores"... incluso aunque tuviera lugar cientos de años después de que éstos se asentaran en la península. Se trataba de un reino muy alegre, en el que "nunca se ponía el sol", gracias a que Su Majestad Católica enviaba a sus cruzados a luchar contra los herejes. Tratábase de un reino en el que nunca hubo revuelta alguna de obreros, que siempre fueron felices. Bueno, unos mineros se sublevaron una vez en 1918, pero fueron pacificados gracias a Primo de Rivera, que luego sería elegido unos años después por Su Majestad para pacificar el resto del reino durante los siguientes siete años. Unos años más tarde, nunca hubo una guerra civil, fue una "cruzada" para librar al reino de unos malvados comunistas y anarquistas que planeaban llevar al país a la ruina a las órdenes del Señor Oscuro Sauron Stalin. Entonces pasaron cuarenta años muy tranquilos de "democracia orgánica" durante los cuales el país creció y creció, tanto que se habló del "milagro español". Por desgracia, esos malvados duendes herederos del Señor Oscuro, los socialistas, emponzoñaron las mentes de la gente y lograron gobernar el reino en 1982. Pero tras unos oscuros años, el reino volvió a estar regido por los pacificadores que había gobernado el reino durante cuarenta años. Bueno, no, por sus hijos. Y primos. Y sobrinos. Y nietos. En fin, no importa. El caso es que eran parientes suyos. ¿Y qué pasó entonces? Claro, llegaron de nuevo los duendes y hechizaron de nuevo al pueblo para apartar a los santos cruzados y volver a llevar al país a la ruina provocando "la crisis económica". No importa que la culpa fuera de unos avariciosos banqueros yankis. También había "un factor interno" y para nada puede culparse a la especulación inmobiliaria que auspiciaron durante años los gobiernos del PP bajo José María Aznar. 

En fin, me dejaré de ironía. Estoy furioso. ¿Por qué? Porque en este maldito país nunca pasa nada. Nunca es nadie culpable de nada. No importa quién esté implicado en el saqueo sistemático de las arcas del Estado. No importa que se hayan aprobado medidas para que los ladrones queden impunes. No importa que usen cargos para contratar ilegalmente a familiares y amigos cuando el paro es de más de un 25%, el máyor del mundo civilizado. No sé qué tiene qué es necesario para que el país cambie y pase algo, haya un cambio y retome un rumbo que hace mucho tiempo que parece perdido. Pero desde luego, en este país nunca ha pasado nada y no hay indicios de que nunca vaya a pasar.