miércoles, 11 de julio de 2012

In Time



In Time es una película de ciencia-ficción ligera, y una muy buena reflexión sobre la economía y la cultura capitalista actual. Quizá algunos cinéfilos puedan recelar de que Justin Timberlake sea el protagonista, sin embargo, lo cierto es que ha hecho un buen papel para ser menos concido en esto del cine que en su faceta musical. Tampoco digo que merezca un oscar, pero no desmerece el excelente trabajo de fondo que tiene toda la película. Empecemos el análisis.

En primer lugar, el argumento es, aparentemente, sencillo: en el futuro, el dinero con soporte físico ha desparecido. De hecho, el mismo dinero ha desaparecido. Ha sido reemplazado por el tiempo. Cuando un niño nace, se le implanta un sistema por el cual se mide su edad y cuando llega a los 25 años, deja de envejecer. No obstante, tiene un tiempo de vida limitado, el que figure en su "reloj". Se trata de un bonito contador que brilla en la oscuridad. El contador funciona en tiempo real, como es de esperar. Cuando llega a cero, el sujeto muere de paro cardíaco. El precio de los bienes se mide en tiempo, igual que los salarios y absolutamente cualquier cosa que pueda tener valor. Es posible transferir tiempo entre personas y también de una persona a un "contenedor" de tiempo. Nuestro protagonista es un trabajador de fábrica, el cual se levanta cada día con un día de tiempo: es lo más que puede ahorrar. Al finalizar su jornada, en un bar, se encuentra con un tipo adinerado, derrochando su dinero. Como es de esperar, llama la atención de los ladrones de tiempo que viven en el barrio, y éstos intentan atracarle. Sin embargo, nuestro duro y noble Will Salas (Justin Timberlake) le salva. Tras una persecución, logran ocultarse en una vieja fábrica. Ambos tienen una charla metafísica (de la que no haré spoilers). Cuando se despiertan, nuestro prota ve que ha recibido cien años y asiste impotente al suicidio de aquél al que había salvado. Esto será el catalizador de todo el argumento de la película, y del cambio que éste provocará en el sistema.

El filme cuenta con un guión más complejo de lo que se puede esperar a primera vista. Hay multitud de elementos que hacen la trama mucho más compleja, y se van revelando a medida que el prota va conociendo los entresijos del mundo en el que vive. Esta sociedad es un retrato cruel y oscuro de la nuestra propia. Hay varios aspectos que me han llamado poderosamente la atención. Uno de ellos es la estética. Han escogido una estética que recuerda a los años cuarenta, aunque "estilizada". Así, los coches, la ropa, la decoración... todo ello muestra la gloria y la decadencia de esa época. Sin embargo, los coches son eléctricos (un detalle que no es baladí, por cierto), y todo está fabricado de forma más eficiente, pero no por ello más barata.

Otro de los aspectos que me ha llamado la atención es el cierto énfasis que hace en hacernos patente que a pesar de que este futuro distópico no tiene fronteras nacionales, sí tiene unas definidas fronteras económicas. Esto es algo que refleja muy bien la actual Unión Europea, aunque también puede aplicarse a los EEUU (donde hay auténticas trifulcas a causa de las jurisdicciones fiscales de los Estados). A pesar de no existir fronteras, los peajes y costes de transporte separan a la población de unas regiones con otras, a veces de forma deliberada. O es la impresión que tengo, al menos.

Un punto no menos relevante de la película, tiene que ver con la aversión al riesgo de una sociedad forzada a un capitalismo que más que salvaje, es caníbal. La primera escena de la película ya nos pone sobre aviso, al mostrarnos el cadáver de un obrero y a nuestro protagonista y su amigo observándolo y hablando de ello como algo denigrante, pero habitual. En esta sociedad, la falta de seguridad hace que las personas desconfíen unas de otras, ya que cualquier persona (presuntamente) aprovechará cualquier ocasión que tenga para robar tiempo a otras, aunque haya ladrones de tiempo profesionales. No obstante, la aversión social al riesgo viene también de la clase alta, que se vuelve totalmente paralítica y rechaza cualquier actividad que suponga el más mínimo riesgo para la integridad corporal, ya que su inmortalidad depende de no sufrir daño alguno. Por eso lo tendrán tan difícil al tener a Salas como enemigo, cuando éste insistentemente ponga su vida en peligro.Sin embargo, encontrará un tenaz enemigo en Raymond Leon (Cillian Murphy, conocido por su papel en Origen), un Inspector de Tiempo enconado en mantener el orden a cualquier precio.

En resumen, es una película recomendable en estos tiempos, que puede ayudarnos a reflexionar sobre nuestro propio mundo y su funcionamiento. No esperéis grandes hazañas interpretativas por parte de Justin Timberlake, pero cumple en su papel. Creo que el papel más interesante de la película es el del Raymond. La evolución del personaje a lo largo de la película quizá sea uno de los puntos positivos en cuanto a interpretación respecto del resto, que interpretan papeles bastante planos. El verdadero mérito de la película está en la dirección de Andrew Niccol, responsable también del guión. Para los que no lo conozcáis, Niccol es un pedazo de director/guionista responsable de otras estupendas películas como Gattaca, El Show de Truman o El Señor de la Guerra (incluso pese a tener a Nicholas Cage como protagonista en esta última). Una muestra de cómo con un guión decente y unos actores mediocres es posible crear una interesante obra. Nota: 7.