viernes, 10 de septiembre de 2010

Nueve años después


Han pasado nueve años desde que se tomó esta imagen. Nueve años en los que el mundo ha cambiado considerablemente, no sólo EE.UU. Puedo afirmar con total seguridad que todos los que leen estas palabras pueden recordar dónde estaban, qué hacían en aquél momento, con perfecta claridad. Algo, en la mente colectiva de la civilización occidental ha marcado esta fecha como un hecho fundamental de nuestra historia, de nuestra vida. Probablemente, el hecho más importante que ha ocurrido desde que Boris Yeltsin se subió a un tanque en la Plaza Roja de Moscú y proclamó el fin de la Unión Soviética a los cuatro (gélidos) vientos. Si tenéis la edad suficiente, recordaréis también lo que hacíais en ese momento.

Hoy las noticias nos bombardearán con aquello que ha cambiado desde entonces. Yo os hablaré, sin embargo, de lo que no ha cambiado. Me parece más importante. Por ejemplo, los talibanes no han cambiado. Afghanistán mismo sigue siendo el mismo avispero que hace 20 años, cuando se convirtió en el escenario del último conflicto militar de la Guerra Fría. Los talibanes siguen luchando contra la invasión extranjera, aunque esta vez el enemigo sea la OTAN en vez del Pacto de Varsovia.

Otra cosa que no ha cambiado es el "complejo industrial-militar" de los EE.UU. Muchas han sido las voces que han clamado que el atentado de Nueva York fue orquestado en realidad por este clúster empresarial. No tengo ninguna prueba a favor ni en contra, pero sí puede afirmarse que EEUU se ha embarcado en dos guerras en estos nueve años, y tan sólo una de ellas, la invasión y "liberación" de Irak ha sido finalizada recientemente. Irak, como Vietnam, es uno de los grandes fracasos de la historia militar de los EEUU, pero podrían escribirse ríos de tinta sobre el conflicto. Nadie pone en duda que la industria militar ha salido beneficiada de estos conflictos. No así la economía americana, lo cual desmonta el mito de que este país se nutre de los conflictos militares en los que se embarca.

Por supuesto, no ha cambiado en absoluto la situación de los países del Tercer Mundo. Posiblemente, haya incluso empeorado en términos relativos, ya que la recesión económica que experimentan los países más ricos repercute también en ellos por medio de una mayor dureza en las condiciones crediticias y comerciales. El hambre, la enfermedad y la guerra sigue siendo un problema en estas regiones del mundo.

Tampoco ha cambiado el hecho de que Osama Bin Laden sea el criminal más buscado del mundo. No es la primera vez que EEUU (y más en concreto, la CIA) "fabrica" un líder de masas de la nada, y luego se convierte en un problema. Ya pasó en su momento con Noriega en Panamá, o con el menos conocido Hamid Gul, en Pakistán. Nadie sabe, como tampoco nadie sabía hace nueve años, donde está el líder de Al-Qaeda. Suponiendo que siga vivo, y que siga siendo líder de la organización, cosa que muchos comienzan a dudar, dado que hace tiempo que no se ve ninguna imagen suya.

Otro hecho que tampoco ha cambiado es la alianza de EEUU con Israel, aunque parece que empiece a consolidarse al idea en el gobierno de que un Estado palestino es necesario para la paz. no obstante, hace nueve años Palestina tenía, con mucho, más posibilidades de convertirse en un Estado con futuro. Tras la muerte de Yasser Arafat, el liderazgo político en Palestina parece hallarse totalmente fragmentado, estando el país al borde constante de la guerra civil.

Finalmente, algo sumamente grave que no ha cambiado es la actitud de los gobiernos del mundo ante el cambio climático. De hecho, la recesión económica ha provocado si cabe que haya aún menor preocupación, cuando el problema se agrava año a año, día a día. Precisamente ahora, que el sistema económico mundial está en entredicho, es el momento de adoptar los cambios necesarios para una economía mundial más verde y racional. Sin embargo, parece poco probable que eso vaya a ocurrir. Probablemente, tras la recesión, tengamos el mismo perro con distinto collar. Y ello se debe a que el problema es no sólo económico, es político. Hay que derrumbar los restos de nuestro sistema en crisis, y levantar algo nuevo. No creamos en soluciones mágicas. Nuestros gobiernos no van a escuchar a los ciudadanos, y no van a actuar conforme a lo más adecuado para el país. La democracia ya no existe, ha sido reemplazada por una lobbycracia en la que solo una elite tiene verdadera voz y verdadera influencia sobre las decisiones del gobierno. Pero todavía no es tarde. Todavía hay esperanza.

Muchas cosas han cambiado desde 2001. Muchas más, sin embargo, todavía tienen que cambiar. El futuro de nuestro mundo depende de ello.