martes, 27 de julio de 2010

Spanischmann in Deutschland #8: Frühling!


Y llegó la primavera a Alemania. Y la primavera, en Alemania, es tiempo de celebración, y no sólo porque la nieve se derrite, los bosques florecen, y los ríos vuelven a sonar con su corriente. Por toda Alemania, se hacen en casi cada pueblo la Fruhlingsfest. El origen de esta fiesta está en antiguas tradiciones germánicas de origen pagano, aunque prácticamente cada cultura celebra a su modo la llegada de la primavera. En Alemania, estas fiestas suelen ser "fiestas del vino", mientras que en octubre se celebran las Oktoberfest, que son "fiestas de la cerveza". En ambas, no obstante, ambas bebidas son consumidas en cantidades ingentes, junto con platos típicos como distintos tipos de Wurstchen (salchichas), así como el Schweinhax (codillo de cerdo) típico de Baviera, y otros. Toda fiesta tiene siempre a una orquesta y son frecuentes también los espectáculos de cabaret. Por lo demás, las fiestas son como en cualquier otro lugar del mundo: atracciones como la noria, la montaña rusa, la tómbola, el tiro al blanco... Todas ellas son omnipresentes, y los alemanes, en especial los niños, disfrutan de ellas. Cabe decir que la tómbola no es ni la mitad de divertida sin aquello de "¡otrooo perrito piloto para la señora... hoy tiramos la casa por la ventana!" y frases parecidas. En Alemania, es un concurso serio. Como todas las cosas serias que hacen los alemanes, incluso para divertirse.

En Augsburg tuve ocasión de ir a una Frühlingsfest muy especial. Cada año, la Asociación Bávara de Comerciantes Japoneses (esponsorizada por cierto Zaibatsu japonés, vinculado a la familia Hosokawa, dueños, entre otros tesoros, de los manuscritos originales de El Libro de los Cinco Anillos) celebra un festival japonés en el Jardín Botánico de la ciudad. El festival fue una excelente muestra de la cultura japonesa, con exposiciones de arte tradicional, muestras de cocina, de artes marciales, números musicales y de danza... Aunque duró un sólo día, y fui solo, lo pasé como un enano. Aunque buena parte de los miembros de la organización y de los artistas invitados eran japoneses, quedé (agradablemente) bastante sorprendido la cantidad de alemanes vinculados a la cultura japonesa de alguna u otra forma: desde estudiantes de artes marciales, espertos en ceremonia del té, a mangakas y otakus.

Mención aparte merece el Plärrer, las fiestas de Augsburg, que también son en primavera. No porque la fiesta tenga nada especial respecto de las otras Frühlingsfest que he descrito, sino más bien porque la primera vez que fui, fue uno de los días más caóticos de mi vida: perdí mi mp3, conocí a una chica estupenda, encontré dinero, le salvé la vida a un ciclista inglés borracho... Un despropósito. Y todo ello mientras intentaba que un grupo de unos doce españoles fueran del punto A (la carpa en la que estábamos dentro del Plärrer) a B (uno de mis pubs favoritos en Augsburg, el Weiß Lamm). Al inglés también lo conocimos durante la fiesta, y al bueno del hombre, no se le ocurrió otra cosa que volver a casa en bicicleta. Una opción común y bastante recomendable en una ciudad alemana... si no vas borracho perdido, claro. El hombre nos saludó, mientras se iba, y se cayó de la bicicleta, golpeándose la cabeza contra el bordillo de la acera. Yo, que era el único que hablaba alemán, tuve que correr en busca de los servicios de emergencia, mientras mis amigos y un amigo suyo (creo que alemán), lo atendían. La ambulancia tardó menos de un minuto en llegar. Respecto de la chica, nos vimos una vez más en Viena (viaje que hice durante las fiestas de primavera), lo cual fue el inicio de una hermosa amistad. Y respecto de mi mp3... bueno, tuve que comprar uno nuevo, que es el que tengo actualmente. Gracias a eso, he comenzado a escuchar música que antes no escuchaba, dado que al principio tuve que contentarme con música alemana, más lo poco que tenía en mi ordenador. Supongo que, a fin de cuentas, salí ganando, aunque cuando llegué a mi casa a las tres de la madrugada, tenía ganas de una inyección letal. En cualquier caso, aquél fue un día que no olvidaré en el resto de mi vida.

La semana siguiente volví al Plärrer, y fue otro día también significativo, porque esa vez fue la primera de muchas Stammtisch del grupo de estudiantes internacionales de la ciudad (y amigos). En ellas conocí a mucha gente, y tuve algunos de los mejores momentos de mi estancia en Alemania. Además, pude conocer algunos de los mejores restaurantes de la ciudad, y probado algunos platos típicos de Baviera. Gracias a AEGEE por ello, en especial a tí, Gabi, que espero que estés leyendo estas líneas.

Con una lagrimilla en el ojo, al recordar a todos mis amigos de Augsburg en las fiestas de primavera, me despido. Pero tal vez, en octubre, nos volvamos a ver... Si los hados del destino me lo permiten, claro.