lunes, 11 de enero de 2010

El Agente: Archivo #022 - Un mundo diferente



En aquellos días, Kevin tenía pocas ocupaciones. Les habían cedido un apartamento para vivir, y aunque pequeño, era suficiente para ambos. Kevin no estaba seguro de si le gustaba o no la idea de vivir con Gillian, pero en cualquier caso, Sentinel no había mostrado otra alternativa. En cualquier caso, Gillian pasaba casi todo el día en su entrenamiento como "sintonizadora", así que apenas la veía. Como resultado, Kevin se sentía muy solo: abandonado en un mundo extraño, diferente.

John le había sugerido que visitase la biblioteca de Nuevo Manhattan, y se pusiera "al día" con la historia de Sentinel y de aquél mundo. Kevin visitó la biblioteca, y aunque hojeó algunos libros de historia, pronto encontró otro pasatiempo: comentar con Caitlin, la bibliotecaria, las diferencias entre los libros de ambos mundos. Entre susurros y tazas de café, ambos pasaban horas cuchicheando sobre el argumento de tal o cual libro. A veces, Kevin se encontraba con que algunos autores que eran clásicos de su mundo, aquí apenas eran conocidos, mientras que otros de los que nunca había oído hablar, eran verdaderos ídolos.

Caitlin era mayor que Kevin, tendría unos treinta años, era pelirroja, y tenía vivos ojos verdes. Vestía de corte bastante clásico, pero ella dijo que era porque últimamente era complicado encontrar unos buenos vaqueros. Los soviéticos, con su embargo, habían hecho que su precio se pusiera por las nubes. A menudo, escaseaban algunos bienes. Un mes eran los vaqueros, al siguiente las zapatillas deportivas. El siguiente quizá fuera el chocolate, o la cerveza. Nada que pudiera poner en peligro su superviviencia, pero que perjudicaba la moral de los habitantes de la pequeña ciudad-estado isleña.

A veces, claro, Caitlin tenía trabajo que hacer, y entonces Kevin lo aprovechaba leyendo, o buscando algún libro para comentar. Fue en uno de esos paseos, que se dio cuenta de que la biblioteca realmente tenía importantes carencias. Más tarde, cuando Caitlin se deslizó silenciosamente como una gata por entre las estanterías, hasta donde él estaba, y le tocó suavemente en el hombro, cuando se le ocurrió que quizá podía hacer algo para ayudar. Se lo comentó. "Quizá puedas hacer algo", dijo ella en un susurro. Con una sonrisa zalamera, se lo llevó hacia el almacén de la mano. "Esto se pone interesante", pensó Kevin, cuando ella, con la misma sonrisa, le dijo que lo esperara allí unos instantes.

Por lo que había entendido, los habitantes de Nuevo Manhattan (y de los otros Estados americanos, en general) habían desarrollado cierto temor al exterior. Por ello, sólo unos pocos se atrevían a visitar las ruinas de la "Vieja Nueva York", en busca de artículos de utilidad, que aún podían encontrarse, si uno buscaba lo suficiente. Había oído que existían equipos de "recolectores" que se aventuraban al exterior, para buscar toda clase de cosas, que luego vendían en los mercadillos de la ciudad subterránea. Kevin pensó que, con su conocimiento de la ciudad en la que había vivido en los últimos meses, tal vez podría encontrar libros para la biblioteca. Al fin y al cabo, no sabía cuánto tiempo iban a pasar allí, y Kevin se sentía mal pidiendo dinero a John. Sabía que Sentinel cubría sus gastos, pero no le permitían lujos, tampoco. Algo de dinero extra no le vendría mal, pero en realidad, lo que buscaba era una excusa para poder salir al exterior, aunque también para pasar más tiempo con Caitlin.

Caitlin volvió con un individuo joven, moreno, vestido con vaqueros viejos, zapatillas de deporte gastadas, y una cazadora universitaria que perfectamente podría haber sido de su padre. El joven se presentó, con acento hindú, como Hiresh. Caitlin le explicó que Kevin quería convertirse en recolector.
-Se encargará de traer nuevos libros para la biblioteca, ¿no es genial?
-Claro -dijo el joven sonriendo-. Bueno, ¿y por qué se supone que debería llevarte conmigo al exterior?
-Conozco Nueva York como la palma de mi mano. Estuve seis meses viviendo en ella.
Hiresh lo miró confuso.
-¿Seis meses?¿En el exterior?¿Y no te capturaron las patrullas?
-Kevin procede de otra... Tierra. Una recién descubierta. La llaman Tierra-América.
-¿Un mundo dominado por los americanos? Eso sí que es algo digno de oír. Bueno, Kevin, encantado de conocerte. Supongo que la Nueva York de tu mundo y la del nuestro no serán tan diferentes, así que imagino que no te perderás en ella. Estaré encantado de que me acompañes, y me cuentes más cosas de tu mundo. Nos veremos mañana, en la parada de metro de Liberation Avenue,a las nueve. ¡No faltes!

Dicho eso, Hiresh se volvió y se despidió de Caitlin con un rápido beso en los labios. Kevin sintió como si las pesadas estanterías de la biblioteca se hubieran derrumbado encima suyo. Caitlin lo miró con una sonrisa, y le preguntó:
-¿Te apetece una taza de café? Estoy deseando que me cuentes como termina en tu mundo "El guardián entre el centeno". ¿Lo conoces, verdad?