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lunes, 14 de octubre de 2013

La Espada de Damocles, edición USA (III): dos minutos para medianoche






En 1947, la junta directiva del Boletín de Científicos Atómicos de la Universidad de Chicago creó un curioso sistema para medir el tiempo que nos queda para volar por los aires en una guerra nuclear. Se trata del llamado "Reloj del Apocalipsis". Este reloj mide en minutos (que van desde las doce menos cuarto a medianoche) el tiempo que -figuradamente- nos queda. Con esta iniciativa pretendía concienciarse a la población mundial que la guerra nuclear era un tema muy serio. Lo más lejos que ha estado del juicio final es las doce menos doce en 1972 con la firma del tratado START de desarme nuclear, y lo más cerca es precisamente, a dos minutos de la medianoche en 1953 cuando EEUU y la UNión Soviética probaban con una diferencia de apenas horas la eficacia de misiles balísticos intercontinentales. La imagen que veis como cabecera hace referencia a ese reloj, y pertenece a la novela gráfica Watchmen. Cada capítulo avanza un minuto en dicho reloj, manchándolo cada vez más de sangre, hasta llegar a su sangriento final a medianoche. Hoy en día (desde 2012) se encuentra en las 23:55.

Sin embargo, en el terreno económico estamos a (haciendo mención a la canción de Iron Maiden a la que se refiere el título) "dos minutos para la medianoche". Y esto se debe fundamentalmente al desacuerdo entre los políticos americanos que puede llevar a una "interrupción masiva" en palabras de Christine Lagarde, presidenta del FMI. Si habláramos de energía, a una interrupción masiva se le llamaría apagón. Y si habláramos de guerra, bien podría ser el apocalipsis nuclear. 

¿Es tan malo que EEUU haga default como para hacerlo equivalente en términos económicos a la peor de las confrontaciones bélicas? Lo cierto es que sí. La deuda de EEUU es la moneda de cambio con la que la mayor parte de bancos del mundo se presta dinero entre sí. Si EEUU hace default, la mayor parte del dinero del mundo posiblemente deje de tener valor alguno... en cuestión de días, sino de horas. Más o menos lo que puede tardar una guerra nuclear en exterminar nuestra civilización.

En estos momentos, EEUU tiene a los dos líderes del Senado, demócrata y republicano, negociando duramente para llegar a un acuerdo. Sin embargo, el líder de la mayoría demócrata, Harry Reid, juega con una baraja marcada, porque precisamente los demócratas han planteado el uso de la "opción nuclear" en caso de que los republicanos no accedan a levantar el techo de deuda. No, no se trata de juntar a todos los senadores en un páramo del desierto para que el diablo atómico se los lleve. Aunque la idea pueda ser tentadora, a estas alturas. La llamada "opción nuclear" (más info aquí, en inglés) consiste en alterar las reglas del Senado para reducir el número de votos necesario para poner fin al debate y evitar tácticas de filibusterismo, con el fin de poder votar al fin sobre el tema y evitar el juicio final.

Esto os sonará un poco a chino, pero me explico: en EEUU no hay límite de tiempo para discutir cualquier tema, ley, o asunto. Es necesario hacer una votación para dar el debate por concluido y proceder a votar acerca de la cuestión debatida. En estos momentos hay mayoría suficiente para aumentar el techo de deuda, pero no para finalizar el debate (que requiere dos tercios de votos de la cámara). ¿Por qué no se ha utilizado? Probablemente deriva de que el dudoso honor de la autoría intelectual de la maniobra es nada menos que Richard Nixon, en una interpretación especialmente libre de la Constitución americana. Esto supone que tengamos a Ted Cruz desvariando de forma infinita.Creo que la parte más absurda e hilarante es cuando sacó un cuento para leer a sus hijas antes de acostarse, previendo que el debate duraría toda la noche. O cuando citó a Darth Vader a las tantas de la madrugada, no estoy seguro.

De lo que sí estoy seguro es que más les vale que encuentren una solución en los dos minutos que quedan para medianoche... o ya podemos prepararnos para un mundo posapocalíptico al más puro estilo Mad Max.






martes, 8 de octubre de 2013

La Espada de Damocles, edición USA (II): la quiebra que nunca sucedió.

Hoy el Presidente Obama ha enviado un mensaje a la nación (y al mundo) acerca de la situación en que se encuentra la (falta de) negociación para terminar con el government shutdown y, lo que es peor, para evitar la bancarrota del país en los próximos días. De acuerdo con él, "si vas a comprar una vivienda no puedes decir al dueño, o me bajas el precio, o quemo la casa". A pesar de la informalidad de expresarse, la metáfora no es baladí. Al menos yo he captado claramente que está haciendo alusión al incendio del Reichstag en 1933 que tuvo como consecuencia el fin de la democracia en Alemania y la imposición de un régimen dictatorial. No en vano, como los republicanos hacen hoy en día, los nazis culparon de dicho incendio a los comunistas.  Confirmando que por aquí van los tiros, Obama dijo a continuación que "los deberes básicos de los representantes y senadores son aprobar el presupuesto y mantener el Gobierno en funcionamiento. Los republicanos están incumpliendo ambos".Si queréis leer la transcripción completa del discurso, la podéis encontrar aquí.

Un hecho que me resulta significativo es que, como sugiere hoy Andrew Sorkin, "nadie cree que EEUU hoy supere el techo de deuda, y esa es la razón por la cual podría ocurrir". Una vez más se cuela el pensamiento positivo tan destructivo que hemos mencionado y que espero poder analizar en profundidad en una futura entrada (ya he leído uno de los dos libros que pensaba utilizar para documentarme, tiempo al tiempo). Los analistas e inversores americanos creen que si confían en un pacto en el último minuto, éste sucederá mágicamente, y que si creen ciegamente en que EEUU no puede quebrar, nunca lo hará. Pues es falso, muy falso. 

Es más, la prensa asegura estos días que podría ser la primera vez que EEUU hace default, pero técnicamente eso es falso. Sucedió en 1979, porque el servicio de back-office del Tesoro no pudo hacer a tiempo los ajustes contables necesarios cuando se produjo un acuerdo de última hora sobre el techo de deuda. Eso mismo podría suceder de esta vez, dado que esos mismos funcionarios son víctimas del government shutdown. Incluso aunque sea por unas horas, el efecto de un pacto de último minuto puede ser desastroso, ya que puede ir precedido de una estampida del mercado de bonos a medida que se acerque la fecha límite, o bien que esas obligaciones dejen de hacerse efectivas y EEUU se vea obligado a pagar intereses por impago de las mismas. 



miércoles, 2 de octubre de 2013

Promesas de papel







Antes de empezar, me gustaría agradecer a los lectores por su fidelidad en esta entrada nº 200. Esperamos seguir ofreciendo contenido de interés y actualidad, por lo menos, otras 200 entradas más. ¡O 200.000, por qué no!

Hacía tiempo que no leía algún libro sobre economía. Promesas de papel llegó a mis manos por casualidad, pero el nombre de Philip Coggan me era conocido por sus editoriales en The Economist. El libro parecía una apuesta interesante, así que me decidí a darle una oportunidad. En la entrada anterior hacía referencia a este libro, precisamente porque contiene algunas claves que me llevan a juzgar cuál puede ser la posible evolución del drama del government shutdown norteamericano. No obstante, empezaremos antes por la reseña del libro.

El libro habla de la historia del dinero y la deuda. La gran clave del libro es identificar una cosa con la otra, como ambas caras de la misma moneda (valga la redundancia). Todo el dinero que existe en el mundo es, de una forma u otra, deuda. Así que en estos momentos, al hablarse de una "crisis global de deuda soberana" estamos hablando, en realidad, de una "crisis global del dinero". La prueba de fuego del capitalismo.

El libro podría dividirse en tres partes. La primera de ellas nos habla de la historia del dinero y la deuda, hasta el momento actual. En ella se nos explica la forma en que el sistema monetario mundial ha evolucionado, con las diversas crisis de deuda y bancarrotas de diversos Estados a lo largo de la historia. En ella se nos ofrecen interesantes historias y anécdotas que, puestas en comparación con la realidad actual, resultan asombrosamente familiares.

La segunda parte del libro habla de la naturaleza de la crisis global del capitalismo. De una forma amena (para ser un manual de economía, me refiero), y relacionándolo con la historia anterior, Coggan nos explica las diferentes fases de dicha crisis y cómo podrían no haber sucedido con sistemas monetarios diferentes (particularmente con el patrón oro o el sistema de Bretton Woods).

La última parte del libro nos habla del "New Order". No, no se trata de sociedades secretas ni ninguna clase de conspiración global. Coggan nos explica en manos de quién está la deuda de los países en crisis y cómo esos acreedores, fundamentalmente ahorristas chinos de clase media constituyen la clave del "nuevo orden mundial". Y al hilo de eso, me gustaría complementar la entrada anterior sobre el government shutdown.

Desde hace unos años, cuando China se incorporó al comercio internacional, su política ha sido la de una balanza comercial positiva, combinada con una fuerte política de "moneda barata". Eso le permite producir a un precio más barato que el de ningún país del mundo, combinado con los sueldos míseros del país. Sin embargo, en China está sucediendo un importante cambio social. Dado que no existe ningún tipo de jubilación a cargo del Estado (por muy comunista que diga ser), la mayor parte de chinos deben trabajar hasta el final de sus vidas. Sin embargo, la ascendiente clase media china se está cubriendo las espaldas mediante la compra de bonos europeos y estadounidenses. De esa forma esperan tener rentas con las que poder retirarse al alcanzar una edad avanzada. Eso ha convertido a China en el mayor acreedor del mundo, si a ese dato añadimos que el Banco Central de China es también uno de los principales compradores de bonos, como parte de su política monetaria para rebajar el precio de su moneda. Eso convierte al gigante asiático, igual que Alemania respecto de Grecia, en el menos interesado en que EEUU quiebre. ¿Rescatará China a EEUU? Parece absolutamente disparatado, pero si la clase media de su país corre el riesgo de quedarse sin ahorros para su jubilación, no sería racional dejarlos en la estacada por las revueltas sociales en las que pueda desembocar. Haciendo uso de la expresión que se ha usado con determinadas instituciones financieras, EEUU es ahora mismo too big to fail. Y una tercera parte de un tercio del Gobierno de los EEUU (aproximadamente un 6% del total de representantes) está poniendo todo el sistema capitalista en juego. Ahí tenéis el resultado de la globalización: tu mayor enemigo puede ser tu única salvación.


sábado, 28 de septiembre de 2013

La espada de Damocles, edición USA (I)






En los próximos días, si nada lo impide, veremos el fin de la supremacía de los EEUU como potencia económica mundial y quizá el ridículo más grande de su historia legislativa.

La razón está en que el Gobierno Federal está a punto de canibalizarse a sí mismo gracias a la tozudez fanática del Tea Party motivada en no poca medida por el pensamiento positivo y su cerrazón absoluta a aceptar la ACA (Affordable Care Act), la reforma sanitaria promovida por Obama y que recibe el apelativo de Obamacare. El hecho de que la ley sea un copia casi exacta de la reforma sanitaria de Mitt Romney en Michigan, lejos de ayudar, es una traba más ya que el Tea Party casi odia más a Romney que a Obama.

¿Qué rayos tiene que ver esto con el colapso económico del mundo? Aparentemente nada, puede parecer, pero en realidad sí está relacionado y de forma siniestra. Me explico.

Érase una vez un país combatiendo noblemente por librar al mundo de los pérfidos nazis. En aquel entonces, gobernaba Franklin D. Roosevelt, el cual, gracias a las teorías de John Manyard Keynes salvó a su país de la debacle con el New Deal. Pero en los turbulentos tiempos de la guerra, Roosevelt necesitaba más dinero para impedir que Hitler o Stalin dominaran el mundo. Finalmente decidieron que Hitler era el mal mayor y enviaron a sus gloriosas armadas a luchar por el bien del mundo una vez más. Se aprobó una ley autorizando aumentar el techo de deuda del país, superando el que establece su Constitución. Año tras año han venido haciendo lo mismo. En 1944, con guerra y todo, EEUU seguía siendo el mayor acreedor del mundo y en Bretton Woods lo dejó bien claro. Podrían haber reformado posteriormente la Constitución, pero eso les pareció poco prudente. Gobiernos demócratas y republicanos se sucedieron y esta reliquia del bipartisanismo se convirtió en un mero trámite que había que aprobar todos los años, sin que nadie le prestara atención. Hasta 1995. Entonces se produjo el primer aviso de lo que ahora está a punto de pasar. Las aguas se calmaron y la reliquia bipartisana volvió a lo que es, un instrumento de compromiso para que EEUU funcione aunque las cámaras estén divididas.

En su odio irredento por la ley de sanidad de la actual administración demócrata, las mentes más perversas de La Liga del Mal del Tea Party, decidieron que estaban en posición de hacer un chantaje. Una continuing resolution requiere la aprobación de ambas cámaras, y la Cámara de Representantes tiene mayoría republicana. Incluso aunque el resto de republicanos votara a favor de ella, el Tea Party tendría suficientes apoyos para tumbarla. Lo que exigen (como si de un secuestro se tratara, como Krugman sugiere) para apoyar la renovación de la ley es, ni más ni menos, la derogación de la ACA. Y ni Obama ni los demócratas están de acuerdo con tirar a la basura su mayor proyecto legislativo en los últimos años.

¿Cuál es la consecuencia de no aprobar la renovación de la ley? Si no se hace para el 1 de octubre, el Gobierno Federal se verá obligado a llevar a cabo un government shutdown. Esto significa que tendrá que cerrar todas sus agencias y oficinas no esenciales. Todos los funcionarios federales dejarán de trabajar y/o cobrar sus sueldos (y los militares o policías seguirán trabajando pero ya estén en activo o sean veteranos licenciados, si no pueden pagar hipotecas o el colegio de sus hijos puede ser problemático tener a decenas de miles de ciudadanos organizados, armados y cabreados). Aunque en gran medida no afectará de forma dramática a la mayoría de ciudadanos en un país que tiene descentralizada gran parte de su administración, sí que habrá un impacto directo en la vida diaria de los ciudadanos. Préstamos federales, ayudas de todo tipo, absolutamente todo lo que tenga que ver con el Gobierno central se paralizará. Eso supone millones de personas que tendrán importantes perjuicios económicos directos. Por no hablar de todas aquellas industrias que funcionan dependientes del Gobierno Federal, desde el catering de la Casa Blanca al sector armamentístico (hay que pagar balas y armas de los agentes federales y soldados), turístico (sin Gobierno Federal en activo no hay pasaportes ni visados) e inmobiliario (aquellas personas que pudieran considerar comprar una casa con una ayuda federal se quedarán sin ella). Y sí, nos pone a todo el mundo en peligro porque el Centro de Control de Enfermedades dejará de funcionar... justo cuando debe empezar la campaña anual de vacunación contra la gripe. ¿Vacunas? Eso es para los herejes, piensan Ted Cruz y sus secuaces.

¿Podría ser peor? Sí, puede ser mucho peor. Aproximadamente unas dos semanas después, EEUU se quedará sin fondos y deberá dejar de pagar facturas. Hablando claro, esto supone que deberá declarar la bancarrota. Y esto sí que producirá el colapso de la economía mundial. Y si os preguntáis si el Tea Party es tan irresponsablemente estúpido para hacer algo así, que no os quepa duda de que así es.

¿Cederá Obama y los demócratas a la presión? Eso es lo que confían los republicanos (basándose en algún libro de auto-ayuda, imagino), pero los sondeos indican que los americanos culparán en gran medida a los republicanos por esta estupidez. Por tanto, los demócratas no piensan mover un dedo. Si el Tea Party quiere implosionar el país, allá ellos.

Sobre las consecuencias del último government shutdown de 1995-96 hay un paper del servicio de investigación del Congreso. Se cifraron los costes directos en 1.4 billones de dólares, y las pérdidas asociadas en la economía americana obligaron a cerrar el ejercicio de 1995 con una recesión en EEUU del 5,6%. Para que os hagáis una idea del calado de esto, la recesión asociada a la crisis financiera global fue en 2008 de un 0,3% y del 2,4% en 2009. Dicho de otro modo, un chiste comparado con una bancarrota de la primera potencia económica mundial.

Si me preguntáis mi opinión, no creo que la bancarrota vaya a suceder, aunque sí haya un government shutdown. La razón de ello tiene mucho que ver con el sistema monetario internacional, y con la posición de la balanza de pagos de EEUU. De ello hablaré en un próximo post donde haré la reseña de Paper Promises, de Philip Coggan.