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sábado, 14 de agosto de 2010

Reencuentros


El reencuentro es un fenómeno muy especial. Ya desde hace mucho tiempo, filósofos y literatos han hablado de ello. Nietzsche lo llamó "el eterno retorno", pero simplemente rescató un concepto que surgió de forma más o menos simultánea en la Antigua Grecia y en la India durante los siglos IV a VI a.C., como veremos más adelante.
En Grecia, los estoicos crearon el concepto filosófico del eterno retorno, según el cual, el ser humano se enfrenta a un ciclo vital e histórico en el cual todo termina por repetirse. Por lo tanto, el ser humano no tiene otra opción que afrontar abnegadamente su destino, no dejándose llevar por las emociones, que son las que provocan la ilusión de una línea temporal.
Mientras tanto, en la India, Siddharta Gautama (conocido como Buda) y sus discípulos refinaron el antiguo concepto del samsara, que es el ciclo de nacimiento, muerte y renacimiento. Según sus creencias, al hombre le aguarda la consecuencia de sus acciones al final de su vida, renaciendo en una nueva forma, acorde a su vida anterior. Sin embargo, los propios budistas tienen opiniones encontradas sobre la influencia del samsara en la vida de las personas.

En cualquier caso, la noción de reencuentro no ha permanecido fuera de la mente de los pensadores después de la era clásica. Se extendió por todo el mundo, en formas nuevas, adaptadas a la cultura de cada pueblo. Por ejemplo, en Mongolia siempre ha existido la cultura de que el clan es omnipresente en la vida de cada persona, tanto en esta vida "como en la otra". Cuando los monjes budistas llegaron a Mongolia desde China, y los mongoles aprendieron la noción de samsara, hicieron una mezcla de sus propias tradiciones con el ciclo de reencarnaciones. Ello resultó en una creencia de que las personas y seres que más queremos y que nos rodean, forman nuestro clan. Esas personas esperarán en el cielo a que todo el clan se reúna, y entonces, se reencarnarán juntos, de nuevo, en una nueva vida. Así, el clan permanece siempre unido, tanto en esta vida como en la siguiente.

Los filósofos modernos recogieron de nuevo la noción de reencuentro. Así lo hizo Nietzsche, heredero de Schopenhauer, quien estudiara la filosofía oriental. Nietzsche introdujo la noción del "eterno retorno", según la cual todo lo que ocurre, vuelve a ocurrir, y sólo los übermenschen, los superhombres, son capaces de forjar su propio destino. Emile Boirac investigó, por su parte, la noción de "déjà vu". Aunque sus métodos distaran de ser científicos, es hoy aceptado qla existencia de este fenómeno. Los científicos han desarrollado varias teorías para explicarlo, basadas en el funcionamiento de nuestra memoria. Independientemente de su causa, es un hecho que el reencuentro, real o imaginario, produce en nosotros un fuerte impacto emocional. A veces el impacto puede ser tan fuerte, que puede producir un gran estrés. Es así el caso del denominado "Síndrome de Ulises", etiquetado así por el español Joseba Achótegui. Se trata de un fenómeno bastante común en España, por la cantidad de emigrantes retornados que hay en nuestro país.

Y aunque sin llegar a ser preocupante, hasta cierto punto viene siendo la sensación que he experimentado últimamente a mi regreso de mis viajes por Europa. Se trata de una cierta frustración por la necesidad de encajar de nuevo en un lugar, de reconstruir un tiempo que has perdido. Pero ya nada es igual, no puedes volver atrás. Sólo puedes seguir adelante y pensar en positivo hacia el futuro. No obstante, pienso que esto es aplicable no sólo para los que se han ido y han regresado, vale para todos aquellos que han llegado, o que se han ido. A todos ellos, los viajeros del mundo, les dedico estas palabras. Como bien dijo Antonio Machado, "Caminante no hay camino, se hace camino al andar."

viernes, 25 de septiembre de 2009

E-ternidad


Un artículo que leí hoy en http://www.alt1040.com/ me ha llevado a plantearme algunas preguntas. Según este artículo, que hace referencia a otro publicado en la revista The Sun, por Ray Kurzweil, en 20 años los humanos podríamos ser, gracias a la cibernética y la nanotecnología, inmortales (clínicamente hablando, claro). Es decir, que tendríamos una vida que se podría prolongar indefinidamente, gracias a la sustitución de órganos por componentes cibernéticos mucho más eficientes, y lo que es más importante, reemplazables.
Esto plantea toda clase de incógnitas. En primer lugar, no creo que esta tecnología vaya a estar disponible de forma gratuita para todo el mundo, con lo cual, la primera pregunta es ¿creará esta tecnología una nueva división de clases, entre una elite cyborg y los humanos "analógicos", que no pueden costearse las modificaciones?¿O lo costeará la Seguridad Social?
Por otro lado, está el crecimiento de la población. Estamos en un mundo crecientemente superpoblado, lo cual significa que cualquier avance que conduzca hacia la inmortalidad clínica provocará un mayor desequilibrio demográfico. Y no sólo eso, también perjudicará a la economía, ya que los capitales no pasarán de padres a hijos, si los padres se convierten en cyborgs con capacidad para vivir eternamente. Los hijos de los cyborgs tendrán mayores dificultades para independizarse, lo cual supongo que a la larga aliviará algo la carga demográfica, ya que habrá menos familias, y menos nacimientos. Pero también plantea otra incógnita: ¿los cyborg se jubilarán a los 65 años, o trabajarán eternamente, dado su rendimiento superior?
Es cierto que, gracias a la longevidad de los cyborgs, la exploración del espacio será mucho más sencilla. Astronautas cyborg podrán viajar durante siglos en busca de nuevos mundos habitables. Lo difícil será transportar a los humanos "analógicos" a ellos. Ahora que se ha descubierto agua en Marte y en la Luna, se abren las puertas para la colonización de esos mundos, pero no será nada fácil, en cualquier caso.
A medida que la frontera entre hombre y máquina se estreche, surgirán nuevos problemas, como la definición de la vida, o virus informáticos que se contagian a humanos, causando epidemias electrónicas. Quizá (mejo dicho, con toda probabilidad) aparezcan grupos "naturalistas" que defiendan la santidad del cuerpo humano, y recurran a tácticas terroristas para sabotear los avances en cibernética. Cuando la tecnología cibernética llegue al mundo criminal (y algún día lo hará), aparecerán nuevas formas de crimen: cerebros pirateados, tráficos de órganos cibernéticos, clínicas de implantes ilegales... que la las fuerzas del orden tendrán que combatir también con nuevas armas y tácticas.
Hablando de religión, éstas tendrán mucho que decir. La mayor parte de las religiones dan una respuesta a lo que hay más allá de la muerte, con una promesa de redención para aquellos que han sido buenos creyentes en esta vida. Pero, ¿qué pasa con los que renuncian a esa promesa?¿Puede una familia disponer de la vida de una persona, si hay un tratamiento cibernético que puede salvarla? El derecho a morir será uno de los grandes dilemas éticos de la sociedad cibernética.
En definitiva, es una espiral que conduce a un mundo incierto, no necesariamente tan brillante y magnífico como el Sr. Kurzweil nos lo pinta. La pregunta fundamental que debemos plantearnos es: ¿de veras queremos ser inmortales? Tal como dijo Víctor Hugo (y ya he mencionado esta frase antes) "Atreverse es progresar". Por difícil que parezca el reto, ¿merece la pena intentarlo? Yo creo que sí.

martes, 25 de agosto de 2009

Un día singular



Esta primera entrada de hoy la dedico a dos personajes singulares, dos librepensadores que espero que me sirvan en cierto modo de inspiración en esta aventura narrativa que comienzo. El primero de ellos es Galileo Galilei, cuyo telescopio, que veis en la imagen, cumple hoy 400 años. Galileo, como sabéis, fue el primer científico en anunciar la Teoría Heliocéntrica. Por ello, y por ciertos asuntos de faldas que no vienen al caso, fue procesado por la Inquisición. Ante ella, se arrepintió de lo que había anunciado; aunque la leyenda dice que, al salir del tribunal, se volvió hacia los magistrados y les dijo: "Eppuor si muove", lo cual en italiano significa "Y sin embargo se mueve", en referencia al movimiento de la Tierra alrededor del Sol.
Exactamente 372 vueltas alrededor del Sol más tarde del día en que Galileo terminó su telescopio, otro librepensador, Linus Torvald, anunció en el foro de comp.os.minix lo siguiente:
"Estoy creando un sistema operativo (libre) (por puro hobby, no será tan grande ni profesional como GNU) para clones AT 386(486). Llevo trabajando en ello desde abril y ya empieza a estar listo (…) Cualquier sugerencia será bienvenida, pero no puedo prometer que las ponga todas en práctica :-)"
Ese día se toma hoy como el nacimiento de Linux, el primer sistema operativo libre. Aquí podéis encontrar una breve historia de dicho SO. Tengo que confesar que no lo uso, pero sigo conservando en casa una copia de la versión 3.0 para el día en que me harte de Windows.
Last but not least, pronto vendrán más entradas, pero no os acostumbréis a actualizaciones diarias ;)